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  27/11/2019

27 de noviembre 2019

Debido a una anomalía de programación, una parte de los suscriptores de este blog se quejan de no haber podido abrir la crónica de ayer, dedicada al papel que desempeña la logística en la economía del comercio electrónico. Le pido disculpas por el incidente e invito a leer el texto pinchando en este enlace. Dicho esto, mi epístola de hoy tiene como  tema la política que seguirá la Comisión Europea hacia el sector tecnológico, tal como se perfila en la composición del equipo presidido por Ursula von der Leyen, que hoy deberá ser ratificado por el Parlamento Europeo.

La figura más notoria de la nueva CE es Margrethe Vestager, que ocupará por otros cinco años la cartera de Competencia, reforzada con otras áreas y elevada al rango de vicepresidenta ejecutiva, que le confiere la supervisión sobre carteras contiguas. Se ha ganado una reputación de dureza tras sancionar por tres veces a Google con multas por un importe de casi 9.000 millones de euros . Ha obligado a Apple a desembolsar 14.500 millones a la hacienda irlandesa en un litigio sobre elusión fiscal.

Ahora en su segundo mandato, tiene la ocasión de apoyarse en la creciente desconfianza del público hacia el poder que acumulan las grandes plataformas que reinan sobre Internet. En cierto modo, esa suspicacia es mérito de Vestager: “en los pasados cinco años, hemos puesto en evidencia algunos de los aspectos más oscuros de las tecnologías digitales”, ha declarado en una entrevista reciente.

En su punto de mira siguen Amazon, investigada por ningunear a los independientes que ofrecen productos similares a los propios de la plataforma, Apple en relación con una presunta discriminación de la App Store en contra de Spotify y Facebook investigada por presuntas prácticas abusivas.

Quedan varios casos pendientes de resolución, pero la agenda del próximo mandato avanzará sobre terrenos escarpados que no tienen que ver directamente con la cartera de Competencia. Por ejemplo,  la supresión de barreras tras las que se escudan las plataformas de Internet para no responsabilizarse de la difusión de contenidos cuestionables. También le tocará intervenir en el debate colectivo del que saldrá una nueva directiva de servicios digitales que, a partir de 2020, sustituirá la obsoleta sobre e-Commerce. La regulación de los derechos laborales en la así llamada Gig Economy será otro asunto en el que Vestager deberá opinar.

Por otra parte, la comisaria danesa se ha comprometido a impulsar una  regulación, que sería la primera en el mundo, de los usos de la inteligencia artificial. La CE entrante tendrá como reto abordar la discusión de un primer borrador en los primeros días de la legislatura. Es un propósito con el que se pretende compensar una atmósfera política europea que lleva años dominada por tres temas obsesivos: el Brexit, el auge del populismo y las difíciles relaciones con la administración Trump.

No es Vestager la bruja antiestadounidense que describe Donald Trump. En entrevistas con la prensa, se ha defendido de esos ataques señalando que la mayoría de las demandas contra empresas de ese origen no han sido iniciadas por  sus rivales europeas sino por competidores de su misma nacionalidad.

¿Proteccionismo? En absoluto, niega Vestager. Lo que no obsta para que comparta el llamamiento de von der Leyen a trabajar en favor de la “soberanía tecnológica” de Europa. Para alcanzar tan ambiciosos objetivos, tendrá que hacer piña con otros miembros de la CE. En particular con Thierry Breton, que ha soportado un enconado examen en varias comisiones del PE para llegar a ocupar una cartera polivalente: Mercado Interior, Industria y Defensa.

Antes, la candidata propuesta inicialmente por Francia, Sylvie Goulard, había sido rechazada por los eurodiputados. No hay duda de que Breton  llega con un CV impresionante. Entre 2002 y 2005, presidió France Télécom, antes de ser designado ministro de Economía (2005-2007) del gobierno Chirac. Desde 2008 ha desempeñado el puesto de CEO del grupo Atos.

A pesar de estos antecedentes, la confirmación de Breton no ha sido fácil. Los parlamentarios verdes y de extrema izquierda votaron en contra por sospechar que su trayectoria empresarial es una fuente potencial de conflictos de interés. Ha sido esta una bien curiosa inversión de la crítica clásica de las puertas giratorias: habitualmente se pone el acento en los políticos que, tras dejar sus funciones públicas, pasan a desempeñarse en el sector privado con pocas cortapisas. Lo cierto es que en el caso de Breton, sería más bien lo contrario: ¿por qué no pensar que la CE tendría mucho que ganar de su experiencia?

De la frustrada candidatura de Goulard – ex ministra de Defensa en su país – se esperaba una inclinación por esta competencia que la Comisión nunca ha ejercido. A Breton se le puede suponer más implicación en los asuntos digitales, que es precisamente la zona en la que su misión se solapará con la de Vestager. Como detalle: para eliminar suspicacias, el nuevo comisario ha enajenado toda su cartera de acciones y ha aceptado que un funcionario de la UE esté presente cada vez que se reúna con una empresa en la que haya tenido participación. Un modelo para pensarlo.


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