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  20/06/2012

Llega Slim… y el tablero se mueve

No hay relación causa-efecto entre el desembarco de América Móvil y los movimientos estratégicos que se observan entre los operadores de la Europa móvil. Pero hay una extraordinaria coincidencia: la irrupción del grupo encabezado por Carlos Slim desplaza piezas menores pero cruciales en el tablero del negocio de la telefonía móvil europea. Un sector cuyos ingresos seguirán cayendo en los próximos años, a la par que aumentará la demanda de servicios de datos que, a su vez, requerirá hacer inversiones nada fáciles de financiar cuando se acumula una deuda conjunta de 272.000 millones de euros. Desde luego, Slim no tiene la culpa, pero lo que sí tiene es un agudo sentido de la oportunidad.

Carlos Slim

Carlos Slim

Son historias paralelas. América Móvil – el mayor grupo de telefonía en América Latina y, por tanto, primer adversario de Telefónica en la región – nunca ha ocultado sus intenciones de dar el salto a Europa. Su director financiero, Carlos García Moreno, ha explicado que seguirá invirtiendo orgánicamente en su región de origen, “pero no hay mucho más que podamos hacer, ni hay mucho más que comprar”. Europa, en cambio, es tierra de conquista para el grupo mexicano, interesado en tomar posiciones minoritarias: “no nos interesa consolidar la deuda ajenas ni tomar responsabilidad operativa”, apostilla García Moreno.

El primer movimiento fue una oferta para comprar el 28% del operador holandés KPN, que la ha rechazado como hostil, con el argumento de que infravalora los activos de la compañía. En el fondo, existe el temor de que la tradicional pasividad de los accionistas acabe dejando en manos del recién llegado un poder desproporcionado. Aparte de sus operaciones en Holanda, KPN tiene algo que podría ser una perita en dulce para Slim: la propiedad del cuarto operador alemán, ePlus, que compite directamente con O2, la filial germana de Telefónica. Justamente, una medida defensiva de KPN podría ser la eventual fusión de ePlus y O2 Deutschland (siempre que las autoridades la aprobaran). El problema sería que, en una extraña carambola, Telefónica ha anunciado que sacará a bolsa el 20% de O2 en ese país, un movimiento que no está claro si favorecería o perturbaría la hipótesis de fusión.

Como si quisiera probar que pretende entrar en Europa a través del área germánica, el grupo de Slim ha hecho otro movimiento: la compra del 23% de Telekom Austria. No tiene que ser, en principio, un mercado muy boyante, si una potencia como France Télécom se ha retirado al vender su filial en el país alpino.

Advertía en febrero el presidente de France Télécom, Stéphane Richard, que se avecinaban tiempos de consolidación entre los operadores europeos. No es América Móvil el único depredador que anda rondando. El magnate egipcio Naguib Sawiris, asistido esta vez por capitales rusos, ha creado un vehículo de inversión que estará “atento a las oportunidades que surjan” por el efecto que la crisis está ejerciendo sobre los operadores cuya talla es inferior a la que la situación parece exigir.

Esta tendencia contradice la doctrina acreditada durante años por los reguladores, y patrocinada por la Comisión Europea, según la cual la pluralidad de operadores sería garantía de un mercado competitivo con beneficios para los consumidores. Hay algo de ironía en el hecho de que sea precisamente en el país que inició esa corriente, Reino Unido, donde se ha puesto de manifiesto que hay demasiados operadores. Everything Everywhere (imposible nombre que han puesto a la fusión operativa de las filiales británicas de Orange y T-Mobile) ha subido al primer puesto del ranking por número de usuarios, gracias a la unificación de sus redes, pero ni así está a salvo. Quien fuera su CEO inicial negocia con fondos de inversión una oferta por la compañía, y aunque la operación no tiene visos de salir adelante, es un signo inequívoco.

Con sentido más práctico, Vodafone y O2 han acordado la compartición de sus redes en las islas británicas, con lo que los cinco operadores se han convertido en tres de facto [Everything Everywhere, Vodafone+O2, Three]. El regulador Ofcom, que fuera el faro de la liberalización en Europa, no ha encontrado argumentos para oponerse a ese proceso de consolidación. Tampco se ha opuesto a la compra de la histórica Cable & Wireless por Vodafone, con la que esta redondea su posición en el mercado corporativo y en las redes troncales europeas.

Si se acepta la consolidación en un mercado, ¿por qué no aceptarla en una variante transnacional? Hasta Neelie Kroes, comisaria europea del ramo, admite que los movimientos de concentración tendrían el mérito de acelerar el despliegue de redes de nueva generación. O, como mínimo, los acuerdos entre operadores para compartir infraestructuras LT, que a esos efectos viene a ser lo mismo.

Periódicamente, salta en la prensa el rumor de negociaciones para fusionar Deutsche Telekom y France Télécom o, al menos, sus activos móviles europeos. El gigante alemán lleva tiempo sopesando sus opciones tras el fracaso del plan para deshacerse de la carga de T-Mobile USA, y no encuentra mejor salida que invertir aún más. Por su lado, al gobierno francés no parece disgustarle la idea: el nuevo ministro de Industria, Arnaud Montebourg, ha lanzado un globo sonda al declarar que un acuerdo binacional podría crear en las telecomunicaciones “un modelo de éxito [sic] como la empresa aeroespacial EADS”.

Cada día, el sector se desayuna con una versión diferente. Portugal Telecom, que en su día pudo haberse fusionado con Telefónica, es materia de nuevos rumores que le adjudican un curioso comprador: la brasileña Oi – en la que recaló tras vender al socio español su participación en Vivo – sería candidata a una fusión transoceánica, curiosa peripecia que evoca la de Pedro I, convertido de rey de Portugal en emperador de Brasil en el siglo XIX.

A quien esta posibilidad le suene estrafalaria, más le sorprenderían otras, como la que menciona que un operador chino (¿China Unicom?) y otro indio (¿Bharti?) podría aprovechar el revuelo para tomar alguna participación estratégica en Europa.

Naturalmente, hay mucho de especulación en todo esto. Pero no carece de fundamento. La consultora Arthur D. Little pronostica que en 2015 los ingresos conjuntos de las telecos europeas sumarán 208.000 millones de euros, un descenso de casi 20.000 millones sobre el total del año pasado. Los accionistas, recuerda el informe, no aceptarán de buen grado que la política de dividendos de los últimos años se contraiga, y los inversores extraeuropeos disminuyen el peso del sector en sus carteras, por lo que no cabe esperar una recuperación bursátil a corto plazo. Entretanto, la duda debería achicarse; ¿de dónde saldrán los recursos para seguir invirtiendo en redes y hacer frente a una demanda de servicios creciente? No extrañe que algunos digan, sin pensarlo demasiado, Bienvenido Mr. Slim.


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