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  21/08/2020

21 de agosto, 2020

El récord de Apple ha durado sólo unas horas, pero volverá a repuntar en los próximos días. Su valor bursátil de 2 billones de dólares es merecido. Lo incomprensible es que haya quienes – cronistas venales, por ejemplo –  que lo celebran como si la noticia confirmase la teoría de una supuesta reactivación en V. La acción de la compañía de Cupertino se ha revalorizado un 54% desde la primera sesión del año, ensanchando la brecha que separa al grupo de líderes de Internet del resto de empresas de tecnología [Cisco, Dell, HPE, IBM, Oracle, en estancamiento crónico] y cada vez más divorciados de una economía mundial hundida en la  recesión, ¿Qué deberíamos celebrar quienes no somos accionistas?

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La cotización conjunta de Apple, Amazon, Microsoft, Alphabet y Facebook  ha ganado un 37% en los pasados siete meses (7 billones de capitalización agregada) mientras el resto de componentes del índice S&P 500 perdía un 6%. La euforia por esos cinco valores explica por qué Wall Street ha vivido jornadas gloriosas mientras los peores augurios se cernían sobre la economía de Estados Unidos.

Los resultados del trimestre cerrado en junio han sido claramente positivos para el quinteto, cada uno por razones distintas con un punto en común: la pandemia ha agudizado la demanda de sus servicios. En el caso de Apple, cerró el período con un 11% de crecimiento hasta rozar los 60.000 millones de dólares y con beneficios de 11.250 millones. Al día siguiente de salir ilesos de un interrogatorio a distancia con el Capitolio, tanto Apple como tres de sus congéneres (Microsoft no era sospechosa de prácticas anticompetitivas) presentaron unas cifras por encima de las expectativas más optimista.

Las cinco categorías del catálogo de Apple han subido a tal velocidad que un analista de Goldman Sachs reconocía que ni él ni sus colegas hubieran sido capaces de acertar un pronóstico. En cierto modo, también Apple fue pillada por sorpresa: a principios de marzo, la compañía emitió una advertencia sobre sus cuentas y renunció a anticipar previsiones, lo que provocó que el 23 de ese mes su acción tuviera un fuerte bajón. A partir de ese momento, pese a que el coronavirus se ha extendido por el mundo y su propia logística estuvo seriamente perturbada, Apple se las arregló para facturar un 11% más que por las mismas fechas del año pasado.

En ese recorrido, las cuentas de Apple se han sacudido el estigma de vivir a expensas de un producto dominante. En junio de 2017, el iPhone generaba el 55% de los ingresos; dos años después la proporción ha caído al 44% pero la recaudación ha aumentado un 12%. Apple ha sido la única de las grandes marcas de smartphone cuyas ventas han crecido en medio de la crisis sanitaria. Por su parte, los servicios, que son un capítulo central en la estrategia de Tim Cook, han facturado 13.200 millones en el segundo trimestre y los analistas esperan que sigan creciendo al ritmo de dos dígitos.

En el futuro, la presentación del iPhone 12 – el primero de la familia con 5G – se retrasará un mes por razones de suministro, pero también en octubre se espera el lanzamiento de una oferta que empaquetará varios servicios dentro de una suscripción única. La expectativa de Cook es que aumenten los ingresos recurrentes y por tanto menos expuestos a la coyuntura (y a la hegemonía del iPhone).  Es vox populi que el siguiente paso sería

Otra razón decisiva para que Apple se convirtiera en la primera empresa de Estados Unidos en superar los 2 billones de valor bursátil es el split de sus acciones programado para la semana próxima. Cada acción actual se partirá en cuatro según su titularidad al cierre del lunes 24 y los nuevos títulos empezarán a cotizar el lunes 31. Esto quiere decir que una acción que ayer valía 470 dólares pasará a valer 117,50. Pero el valor bursátil de Apple no cambiará, porque se calcula multiplicando el total de acciones en circulación por el precio de cotización.

En la práctica, será como cambiar un billete de 20 dólares por cuatro de 5 dólares: para los accionistas actuales, no tendrá repercusión – será el quinto split en la historia de Apple – en su patrimonio ni en el dividendo. Lo que revela esta decisión tiene la voluntad de captar inversores individuales, atraído por el menor desembolso: ante la proliferación de apps para inversores ocasionales, algunos agentes están ofreciendo fracciones de acción al precio de 5 dólares.

Es una práctica habitual, pero no todas las compañías del sector recurren a ella. Amazon, por ejemplo, nunca ha segregado su acción, lo que hace que cotice en torno a 3.000 dólares. La de Alphabet – que privilegia el control de sus fundadores – cotiza actualmente a más de 1.500 dólares. No se trata, en el caso de Apple, de alentar la fantasía de capitalismo popular sino de algo más práctico: la atomización del accionariado ayudaría a evitar los problemas que otras compañías padecen con ciertos inversores activistas que pretenden influir en la estrategia corporativa. Un factor adicional podría haber sido el deseo de los gestores bursátiles de que Apple reduzca su ponderación en el otro índice usual, el Dow Jones, más sensible que el S&P 500 a la volatilidad.

En realidad, el capital de Apple – representado por más de 4.200 millones de acciones en circulación más otras 1.700 millones en autocartera – está razonablemente concentrado. Ejemplo: un solo accionista, Berkshire Hattaway (léase Warren Buffett) poseía a finales de junio 245 millones de acciones por valor de 115.000 millones de dólares. Suponen varios analistas que, una vez materializado el split y aprovechando su fabulosa tesorería, Cook propondrá al consejo una nueva recompra masiva de acciones que, a su vez, reforzaría la demanda y daría otro empujón a la cotización.

Con estas armas aborda Tim Cook las próximas batallas en un mercado global deprimido y con distintas fuentes de tensión. Sería un tremendo error interpretar el ascenso de Apple a la cumbre  como síntoma de mejora en lo fundamental. Por mucho que en los medios se prediquen las virtudes de la digitalización forzosa de la vida cotidiana, el esqueleto de la economía – y por tanto de su recuperación – depende más de la economía real que genera empleos que del aparentemente imparable  consumo de streaming y de apps para (casi) todo. Buen fin de semana,

Norberto


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