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  6/07/2017

6Jul

De la fusión pactada entre Telecom Argentina y Cablevisión, que refuerza la concentración del mercado argentino de telecomunicaciones, se puede decir que es un contratiempo esperado por Telefónica, que obtiene el 7% de sus ingresos en aquel país, pero también tiene por delante un nuevo escenario de negociación. Sin ningún disimulo, la fusión es fruto de la política, en el sentido más denostado de la palabra; pero por esto mismo se contempla un nuevo escenario de discusión del futuro marco regulatorio que sustituiría las reglas de juego dictadas a través de ´medidas de urgencia` [el gobierno está en minoría parlamentaria] al poco de asumir la presidencia Mauricio Macri.

El trato de favor que el ganador de las elecciones ha otorgado al grupo  multimedia Clarín huele a compensación por los conflictos que este mantuvo con los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. Pese a declararse liberal – quien durante su visita a Madrid se entrevistó con José María Álvarez Pallete – ha favorecido una mayor concentración del mercado. «Te lo digo como opinión personal, pero si primara la lógica, la asimetría debería llevar marcada una fecha de caducidad cercana», ha sido el único comentario – y lo agradezco – que he podido arrancar telefónicamente a un directivo de la filial argentina.

Se me ocurre que asimetría es la palabra que mejor define la situación: en marzo, el país contaba con 9,9 millones de clientes de telefonía fija [repartidos entre Telefónica y Telecom] en una excepcional relación de 1:6 con los 63,3 millones de telefonía móvil [el tercer competidor es Claro, del grupo América Móvil].

El conglomerado naciente será la mayor teleco de Argentina, con un 42% de la telefonía fija, el 34% de la móvil, el 56% de las conexiones a Internet y el 40% de TV de pago. Su valor de mercado se estima en unos 11.000 millones de dólares, repartido en proporciones del 55% para Telecom Argentina y el 45% para Cablevisión. La participación de capital ha sido pactada en 40% y 33% respectivamente, y el resto cotizará en bolsa.

¿Quiénes son los protagonistas de la operación? Telecom Argentina – en los años 90 fue una joint venture de France Télécom y Telecom Italia – ha pasado por varios cambios de propiedad hasta pasar a manos del inversor mexicano David Martínez y su grupo Fintech Advisory. La fusión venía prefigurada por el hecho de que Fintech posee también el 40% de Cablevisión [no confundir con el grupo del mismo nombre en EEUU, adquirido por Altice] cuya mayoría detenta el grupo Clarín.

Con el argumento de su enorme poder mediático – el diario del mismo nombre, dos radios de gran audiencia, el canal 13 de TV y varias cadenas de cable – los Kirchner impidieron a Clarín la entrada en el negocio telefónico. Sólo tras el triunfo de Macri pudo adquirir Nextel, un competidor marginal con sólo 675.000 suscriptores frente a los 19,3 millones de Personal, la marca de Telecom. Con ese movimiento menor adquirió espectro, pero la jugada mayor estaba por venir.

La operación anunciada – y que con toda probabilidad será aprobada por el regulador ENACOM – ha sido facilitada por un cambio legislativo que, en nombre de la convergencia, autoriza por primera vez a los operadores a prestar servicios ´cuádruple play` a partir del año próximo. Parte con ventaja el conglomerado Telecom/Cablevisión. Hay que prestar atención a un cuarto actor cuyo papel podría ser determinante para Telefónica en un eventual canje de cromos en América Latina: AT&T, bajo la marca DirectTV, ofrece televisión de pago y acaba de lanzar servicios de Internet por satélite, pero no tiene licencia para operar en telefonía móvil.

He dicho que Telefónica se esperaba la fusión, pero estaba cantada para todo el mundo. El bulo de que la compañía española pudiera amenazar con retirarse del mercado es eso, un bulo carente de fundamento. No tendría sentido a la vista de las inversiones que la compañía está haciendo en el país. Durante su trayectoria en Argentina, las ha visto de todos los colores e incluso fue forzada a vender sus activos en TV de pago. El conflicto más reciente de Telefónica, ya con Macri en la Casa Rosada, ha consistido en amagar con la mediación del CIADI – organismo interamericano de arbitraje en materia de inversiones – gesto suficiente para adelantar de 2019 a 2018 el plazo para prestar quad play y, de paso, prolongar por 15 años su exclusividad en el último tramo de su red.

Quedan flecos pendientes, como una probable redistribución de espectro, ejercicio obligado por la alta concentración territorial de la demanda. O, quizá más grave, puesto que se habla de convergencia, la carrera por los contenidos de TV de pago. Está por ver si a la hora de negociar contratos para los servicios cuádruple play, pesará más la preeminencia del emporio Clarín o los vínculos de un operador global como Telefónica.


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