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  5/04/2010

El iPad ha llegado, ¿y ahora qué?

La maquinaria de propaganda de Apple ha funcionado mejor que nunca, lo que ya es decir para los hábitos de la casa. Durante semanas, ha sido casi imposible sustraerse a la cobertura anticipada del lanzamiento del iPad, y los periodistas hemos actuado como cajas de resonancia para que Apple creara un crescendo, una expectativa inusitada. Con sentido de la oportunidad, la revista Time dedica su portada de esta semana a Steve Jobs (es la séptima vez que merece tal honor). Interesante comentario de Joe Wilcox en Betanews: “en 1984, Apple necesitaba a los medios para promover Macintosh. Veintiséis años después, los medios necesitan – o eso parece que piensan – a Apple y el iPad”.

1997

1999

2002

2010

 

 

 

 

 

  Ilustraciones que corresponden a cuatro portadas de Time en momentos clave en la historia de Apple y su fundador. 1997: Jobs retorna a Apple tras varios años de ´exilio´ y recibe apoyo financiero de Bill Gates para salvar la compañía. 1999: Jobs, como primer accionista de Pixar, empieza a pensar en fusionarla con Disney. 2002: la presentación del iMac revela que la capacidad de innovación de Apple sigue intacta. 2010: con el lanzamiento del iPac, echa un órdago al resto de la industria.

Las imágenes de la cola ante la tienda de Apple en la Quinta Avenida – 1.000 personas, la mitad de ellas reporteros preguntando a la otra mitad – han dado la vuelta al mundo, para ratificar algo vistoso pero archisabido: que la marca tiene una legión de adictos de fidelidad comprobada. Las primeras impresiones confirman un rasgo de polarización. Durante semanas y meses, el iPad se venderá como rosquillas, a un público de fans.

Según una encuesta de NPD , la mayoría de las personas dispuestas a comprar ahora mismo un iPad, posee uno o más dispositivos de Apple, tiene entre 18 y 34 años y unos ingresos medios de 100.000 dólares anuales; en el total de la muestra analizada, un 18% de los consumidores se declara interesado en adquirirlo. Si así fuera, sería un fenómeno aun mayor al del iPod y al iPhone, que no tuvieron este porcentaje en la hora de su nacimiento. Esto lleva a Stephen Baker, analista de NPD, a la siguiente conclusión: el éxito de la novedad reposa en la calidad de las aplicaciones, de las que dependerá que el iPad adquiera un perfil propio, diferenciándose de otros productos de la marca como condición para ganar audiencia más allá de la clientela natural. Y dependerá, sobre todo, de los acuerdos que Apple consiga sellar con los proveedores de contenidos. Y estos dos requisitos dependen, a su vez, de que cuaje rápidamente una masa crítica. Pasadas 24 horas del inicio de las ventas, empiezan a circular reproches de gente que esperaba otra cosa y ahora se encuentra con un dispositivo que los trata como miembros de una audiencia cautiva.  ¿En qué quedamos?

Los elementos para hacer pronósticos son incompletos y/o prematuros, pero en eso consiste el trabajo de los analistas que, se supone, tienen como misión orientar a los inversores. Todos, en estos días previos, han recomendando comprar o sobreponderar la dosis de Apple en las carteras de renta variable. La apuesta más alta es de Morgan Stanley, que ha subido de su estimación original de 5 millones de unidades este año a un mínimo de 8 millones. En una nota a sus clientes, Katy Huberty sugiere que en los tres primeros meses de disponibilidad se venderán 2,5 millones, para alcanzar su punto culminante a finales de este año. “A medio plazo – añade – el iPad pujará por apoderarse de una parte del mercado de portátiles de menos de 800 dólares, equivalente a unos 30 millones en Estados Unidos y 120 millones en todo el mundo”

Rhoda Alexander, de iSuppli, afirma que el iPad “representa una mezcla intrigante: Apple ha conseguido minimizar y maximizar a la vez la capacidad de los dispositivos existentes bajo la denominación tablet, y las inevitables limitaciones iniciales serán olvidadas si lograr arroparlo con suficiente contenido dentro de esas limitaciones”. Aplicando su razonamiento, iSuppli estima que en 2010 se venderán 7,1 millones de unidades, que podrían duplicarse en 2010 y casi triplicarse (20 millones) en 2012.

No llega tan lejos Gene Munster, de Pipper Jaffray: dice que entre abril y diciembre se venderán 2,7 millones de unidades, y reconoce que la cifra puede resultar conservadora a la luz de la demanda inicial, pero lo mejor llegará en 2011, con 8 millones de unidades. Atención a Munster, que pasa por ser el mejor conocedor de lo que se cuece dentro de Apple. Por su lado, Mike Abramsky, de RBC, ha hecho otro ejercicio: tras estudiar la curva de adopción del iPhone desde su lanzamiento hasta hoy, coincide con Munster pero se atreve a formular una previsión económica: gracias al iPad (y a otros factores), los ingresos de la compañía al final del ejercicio sumarán 55.600 millones de dólares, un crecimiento del 30%.

De lo anterior, Abramsky deduce la hipótesis clave para su empleo como analista: fija el precio objetivo de la acción de Apple en 275 dólares. Su colega Munster mira más alto: 284 dólares. Otros ocho expertos de Wall Street trazan un arco que va de 280 a 300 dólares antes de finales de año. Entretanto, el viernes pasado, una noche antes de ponerse en venta el iPad, la cotización cerraba a $ 235,97, batiendo su propio récord . La capitalización – precio por acción multiplicado por número de acciones – alcanzaba así los 213.900 millones de dólares, y con ella Apple se coloca como la tercera del mundo por valor bursátil, detrás de ExxonMobil (319.200 millones) y Microsoft (255.700 millones). A 300 dólares por acción, Apple valdría 272.000 millones de dólares y, si el alineamiento de los astros fuera el esperado, desbordaría la capitalización de su adversario histórico.

A quien estas concepciones bursátiles le parezcan distorsionadas, que lo son, se recomienda escuchar esta opinión de un inversor californiano, Guy Kawasaki, que fue directivo de Apple en los años 80: “Vender los primeros cinco millones es tarea fácil. Pero con un iPad no puedes llamar por teléfono, no puedes hacer una foto, y encima tienes que comprar unos contenidos por los que poca gente parece dispuesta a pagar. Me cuesta hacerme a la idea, pero seguro que Steve tiene algún plan”


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