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  13/01/2012

Esperando a Nikiski. ¿Quién es Nikiski?

Estaba escrito que el CES de este año sería recordado por los ultrabooks, como el del año pasado lo fue por los tablets. La comparación no es halagüeña: de la camada de tabletas de hace doce meses, sólo la de Samsung consiguió hacer cosquillas (relativamente) al dominio del iPad. ¿Cuántos ultrabooks mostrados en Las Vegas seguirán vivos en el mercado en diciembre? Pocos, muy pocos. Decirlo así no es descalificar la categoría; sólo describe una aceleración previsible, que dará un breve período de gracia a la quinta del 2011/2012. Intel, su principal proponente, necesita imperiosamente quemar etapas, y esto entraña dilemas estratégicos para la industria.

La advertencia anterior puede parecer una teoría superflua, y ya se ha dicho antes en este blog. Al fin y al cabo, la consultora iSuppli prevé un rápido crecimiento de los ultrabooks: del 13% de los despachos totales de portátiles en 2012, subirán al 38% en 2014 y al 43% en 2015; a mediados del decenio, sumarán 136 millones de unidades. Será saludable para los fabricantes, si se piensa que 2011 ha sido un mal año para las ventas de PC – como revelarán pronto las estadísticas – por lo que se espera que la nueva categoría revitalizará la demanda. Puede muy bien ocurrir algo parecido a lo vivido por Apple: el MacBook Air – ultraligero de referencia desde 2008 – ha ocupado un espacio creciente en las ventas de Mac (extraoficialmente, porque no se publica el desglose por modelos).

Quemar etapas significa que Intel – impotente hasta ahora en los tablets e inexistente en los smartphones – tiene necesidad de afianzar la demanda de sus procesadores; este es el sentido de que se haya involucrado a fondo en el desarrollo de los modelos de ultrabooks. Son portátiles delgados, ligeros, de menor consumo, de diseño atractivo. ¿Serán estos atributos suficientes? Algunos analistas opinan que perseguir al MacBook Air por su mismo carril no es garantía de éxito, y que forzar una bajada de precios puede ayudar, pero no resolver la ecuación. Hace falta algo nuevo, característico y especial, para que las proyecciones de iSuppli se puedan cumplir.

Para empezar, todas las marcas importantes del mercado están jugando la partida. HP, Lenovo, Dell, Acer, Asus y Toshiba han presentado modelos que mejoran sustancialmente los rasgos y capacidades de otros que ya se venden desde octubre. Uno será el más cool, otro el más esbelto, el más ligero, el más resistente, el más eficiente… los apelativos abundan. Pero son efímeros por definición; los ultrabooks tienen que ser reconocidos por algo más que su “factor de forma”, la misión que se ha propuesto Intel es elevar sustancialmente la “experiencia de usuario”.

Entonces, ¿quién es Nikiski? O ¿qué es Nikiski? Esta semana, Mooly Eden, VP de Intel y ponente habitual en la materia, se ocupó en el CES de demostrar que la compañía va muy en serio con los ultrabooks, que no la ve como una familia más sino como una categoría abierta a múltiples variantes. Si la palabra no estuviera tan desgastada, se diría que aspira a ser una plataforma. Un equipo a las órdenes de Eden explora las maneras plurales de consumir y generar contenidos. El objetivo es olvidarse de la vieja práctica del benchmarking, de reinventar el PC para responder a las aspiraciones de las nuevas generaciones de usuarios habituados – gracias a los smartphones y las tabletas, aunque no lo dijo así – a manejar dispositivos más ligeros, más rápidos … y táctiles.

Nikiski es un extraño nombre para un dispositivo extraño, uno de los frutos de esa exploración de eventuales variables en la reinvención del PC. Cuando está abierto, su rasgo más llamativo es un trackpad que en realidad es un touchpad, con una función de reconocimiento de la palma de la mano, que habilita el uso del teclado. Cuando se cierra, deja al descubierto una pantalla transparente para ver las alertas de Windows 8, noticias, agenda, mensajes y correo, además de una pequeña ventana de navegación. En otras palabras, no siempre es necesario abrir el dispositivo para acceder a las funciones de la pantalla o usar el teclado.

Por tanto, Nikiski es lo que se conoce como una prueba de concepto, sólo una de las 75 desarrolladas por Intel o con su apoyo, pero Eden tuvo que advertir que de momento no está prevista su conversión en producto. Este es uno de los riesgos que corre la acelerada estrategia de Intel: cómo evitar que las promesas de futuro ahoguen las oportunidades de venta de lo realmente existente. Pero hay algo más: se trata de desmentir que el ultrabook sea – como sugieren algunos medios – una imitación del MacBook Air: la idea es desarrollar nuevas arquitecturas y funciones especializadas, una tarea en la que los fabricantes tendrán mucho que hacer.

En este momento, los pocos ultrabooks existentes parecen caros (y lo son), porque hay lógica tendencia a compararlos con los tablets en ascenso o con los netbooks en extinción. La frontera podría estar en torno a los 700 dólares, pero queda mucho terreno para la diferenciación, y cuando estén disponibles los nuevos chips y el sistema operativo, es razonable esperar una ancha gama de precios. Lo más concreto de la presentación de Eden fue su afirmación de que, gracias al interfaz táctil de Windows 8, aparecerán híbridos “convertibles”, que combinarán pantallas táctiles y reconocimiento gestual con teclado físico. “Los usuarios no están por la labor de abandonar el teclado real; lo que buscan es la mejor experiencia de ambos mundos”, dijo el VP de Intel. Y los datos conocidos parecen darle la razón: un 30% de los usuarios de iPad han comprado un teclado como accesorio.


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