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  1/02/2011

Huawei vs. Motorola, un enredo de este tiempo

La noticia hubiera merecido un espacio más generoso que el breve tratamiento que le ha dado la prensa española. Porque, que se sepa, es la primera vez que la industria china, denostada – a menudo con razón – de apropiarse de tecnologías ajenas, se convierte en acusadora para denunciar a una empresa de Estados Unidos y obtener la paralización preventiva de una operación por la que podrían caer en manos de un tercero tecnologías que considera suyas. Los protagonistas son Huawei, la denunciante, y Motorola, la denunciada. No se trata en este caso de uno de esos litigios sobre patentes, últimamente tan en boga en el sector, sino de una historia más rica en matices.

La empresa china y la estadounidense mantuvieron durante años una fructífera colaboración, en la que Huawei aportaba tecnologías de acceso radio para equipos que Motorola comercializaba bajo su marca en medio mundo. Sus conmutadores para redes inalámbricas GSM y CDMA se vendían incluso en el mercado chino y, según Huawei, contenían la contribución de sus equipos de ingenieros.

El año pasado, Motorola – que ya tenía decidido escindirse en dos compañías a partir del 1 de enero de 2011 – puso en venta su división de redes inalámbricas. Huawei creyó tener un derecho de tanteo, pero prevalecieron las presiones políticas  y su oferta no fue bien recibida: esos activos fueron vendidos a Nokia Siemens Networks por 1.200 millones de dólares. El texto de la demanda presentada por Huawei en Chicago – donde está la sede de Motorola – afirma que la transacción “necesariamente implica que NSN tendrá acceso a información confidencial conocida por el personal de Motorola [que pasará a ser] empleado por la compradora”. El juez accedió a la petición de bloquear la venta hasta que las partes clarifiquen lo relativo a la propiedad intelectual porque “si esa información fuera transferida a un tercero, el demandante se vería expuesto a un perjuicio irreparable”.

Hasta aquí los antecedentes. Evidentemente, la demanda forma parte de una contraofensiva de Huawei, descontenta con los obstáculos que ha encontrado en su aproximación al mercado estadounidense: pese a ser el tercer suministrador mundial de equipos para operadores de red, no ha conseguido ningún contrato de los grandes en ese país. Y no tiene motivos para la esperanza: el ascenso de la derecha en el Capitolio no es precisamente una señal de apertura hacia la industria china. “Una cosa es que los chinos compren bonos del Tesoro, y otra muy distinta que les entreguemos el control de nuestras infraestructuras”, ha comentado un halcón republicano. Desde mayo de 2010, Huawei espera que el contrato de compra de una compañía californiana, 3Leaf Systems, reciba el visto bueno preceptivo del Comité de Inversiones Extranjeras del Congreso. La compañía china abrió su primera delegación en Estados Unidos en 2001, y ya cuenta con 13 oficinas y 8 centros de I+D, pese a que su negocio se limita a algunos operadores locales.

No es descabellado pensar que la querella pretende, como máximo, forzar una marcha atrás en la compraventa o, como mínimo, un acuerdo extrajudicial para limitar sus alcances. En cualquier caso, Huawei envía un mensaje al resto de la industria: su cartera de patentes es un arma tanto o más poderosa que su mentada capacidad de bajar los precios en la transición hacia la telefonía móvil LTE. Según datos de la Organización Mundial de la Propiedad intelectual (WIPO), desde que China estableció un sistema de patentes homologable con los de Occidente, en 1985, su velocidad de innovación se ha hecho visible: en la primera década del siglo, el número de patentes ha crecido a una media anual del 22,3%; entre enero y octubre de 2010, se registraron 295.275 patentes.

A finales de 2010, Huawei acumulaba más de 49.000 patentes en todo el mundo. Su denuncia no se refiere a ninguna de ellas en concreto, sino al riesgo de transferencia de información, pero es una advertencia de que está dispuesta a hacer valer su propiedad intelectual contra los competidores.


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