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  12/11/2009

Intel y AMD firman la paz necesaria

El acuerdo de paz que han firmado Intel y AMD pone fin a una disputa cuyos orígenes se pueden rastrear hasta 1987, año de la primera ruptura en torno a las licencias cruzadas entre ambas compañías sobre la arquitectura x86. En tanto tiempo, el litigio que ahora se cierra ha pasado por las manos de reguladores y juzgados de medio mundo, y en todas las instancias lo ha perdido Intel. Durante años, AMD ha sostenido que su rival se valía de prácticas comerciales ilícitas para reforzar su abrumador dominio sobre el mercado, extremo que la acusada niega, pese a que ha accedido a pagar 1.250 millones de dólares a cambio de la retirada de los cargos pendientes en Estados Unidos y Japón.

Paul Otellini

La madre de esta batalla ha sido la presunta concesión por Intel a los fabricantes de ordenadores – el caso mejor documentado concierne a Dell – de descuentos y otras ventajas si se abstenían de comprar microprocesadores AMD. En una conferencia convocada con urgencia, los ejecutivos de Intel han ratificado que la compañía nunca ha actuado impropiamente: “seguimos creyendo que nuestros descuentos a los fabricantes se ajustan a la ley y responden al interés de los consumidores y del mercado”. Añadieron esta deliciosa apostilla: “nosotros no hacemos esas cosas, pero comprendemos que otros pudieran creer que las hacíamos”.

Por separado, el consejero delegado de AMD, Dirk Meyer, optó por no presumir de general victorioso: “lo importante es que hoy se abre una nueva era de respeto mutuo, en la que cada parte podrá dedicar sus mejores energías a desarrollar nuevos productos”. Más que una formalidad, la frase trasunta alivio: uno de los puntos del acuerdo libera a AMD de la obligación, inscrita en el contrato original, de fabricar en factorías “propias” los chips amparados por licencias de Intel. Se desbloquea así el porvenir de Globalfoundries, subsidiaria controlada por un fondo de Abu Dabi a la que AMD ha transferido sus activos industriales, pero que no ha podido empezar a operar mientras Intel no levantara su veto.

Gracias a esta cláusula, AMD podrá reconvertirse al modelo fabless, externalizando la fabricación de sus productos, una práctica que se va generalizando en la industria de semiconductores.

De la complejidad del embrollo legal se puede dar una idea sumaria con esta estimación: las partes han intercambiado más de cuatro terabytes de datos [un terabyte sería equivalente a 72 millones de páginas] e involucrado a 550 de sus empleados, sin contar otro terabyte y 60 empleados de sus clientes implicados.

Para Intel, la necesidad de cerrar de una vez el contencioso venía determinada por la multa de 1.060 millones de euros que le impuso en mayo la Comisión Europea y que la compañía ha recurrido pero que, de momento, ha tenido que contabilizar como pérdida. AMD retirará de inmediato la denuncia que había puesto ante un juzgado de Delaware, lo que no garantiza que las actuaciones no prosigan de oficio. Hace sólo un par de semanas, el fiscal de Nueva York, Andrew Cuomo, abrió un procedimiento separado contra Intel, y el acuerdo entre dos partes privadas no tiene por qué alterar la iniciativa del fiscal. Si este siguiera adelante, la pesadilla jurídica no habría terminado. Conjeturando: ¿qué diría AMD en caso de ser llamada a testificar?

La relevancia económica del trato se define por su cuantía, pero conviene ponerla en su contexto: 1.250 millones de dólares son una fortuna para AMD (equivalen casi a la facturación de su tercer trimestre), y podrá dedicarla a rebajar su abultada deuda. Para Intel, en cambio, no representa más de doce días de facturación, y esto lleva a preguntarse por qué no capituló antes. Ambas partes renuncian a querellas mutuas en el futuro, y crean un mecanismo de resolución privada de eventuales conflictos.

Las relaciones entre ambas empresas y los fabricantes de ordenadores no van a cambiar ni mucho ni poco: ya se normalizaron como reflejo de un litigio en el que algunos fueron convocados a declarar como testigos y a entregar documentos. Esto no significa, desde luego, que alguno de ellos vaya a incrementar sus compras a AMD en detrimento de Intel sólo porque se ha firmado un acuerdo, pero es posible que la fidelidad a Intel se resienta. Reviste interés observar la secuencia de los próximos lanzamientos de chips: la hoja de ruta de AMD había palidecido, en parte por el desgaste del largo enfrentamiento, y esto le impidió acortar la diferencia con el ciclo de catálogo de su adversario.

Martin Reynolds, analista de Gartner, ha escrito esta frase reveladora: “potencialmente, el acuerdo puede elevar los costes de un PC; de la noche a la mañana se ha acabado una forma irracional de competir, y los fabricantes de ordenadores ya no podrán amagar con irse al otro suministrador”. Pero Reynolds subraya el adverbio: potencialmente.

Hay otros elementos en este bloque de noticias. Hasta ahora, la competencia entre Intel y AMD ha estado enfocada en el ritmo – acelerado por la primera – de lanzamiento de microprocesadores para PC y servidores. Pero, mientras Intel trata de abrirse paso en otros mercados y dispositivos, AMD dispondrá de recursos para reforzar su integración entre procesadores y chips gráficos. Reynolds cree que Intel y AMD tienen ahora más incentivos para cooperar que para pelearse, porque su enemigo común es Nvidia, que produce chips gráficos de altas prestaciones. Y hay un conjunto de compañías – particularmente Qualcomm – que emplean los desarrollos de la británica ARM en sus dispositivos móviles. De pronto, pareciera que el cielo ha escampado y aparece en el horizonte una competición más sana. Demasiado bonito para ser verdad.


Cronología

1976. Intel y AMD firman un acuerdo recíproco de patentes cruzadas.

1978. Intel denuncia parcialmente el acuerdo, y AMD pide un arbitraje, que le da la razón.

1990. Intel acusa a AMD de violar su copyright en un coprocesador matemático.

1991. AMD denuncia a Intel ante un juzgado de California, que al año siguiente falla a favor de la demandada; la demandante apela, y el árbitro revierte la sentencia; en 1994 el juzgado se pronuncia a favor de AMD.

1995. Las dos empresas renuncian a seguir litigando, y llegan a un acuerdo que rompen dos años después; a los pocos meses se restablece su vigencia.

2000. AMD presenta una denuncia ante la Comisión Europea por violación de la legislación antimonopolio. Se abre un lento contencioso por los documentos en poder de la justicia californiana.

2005. AMD lleva su ofensiva jurídica a la jurisdicción de Delaware y a Japón.

2007. La CE confirma el procedimiento contra Intel por pagos ilegales a clientes.

2008. El regulador surcoreano sanciona a Intel tras interrogar a fabricantes de su país. La FTC de EEUU inicia una investigación antitrust, que aún sigue abierta.

2009. En mayo, la CE impone a Intel una multa de 1.060 millones de euros por abuso de posición dominante. En septiembre, el fiscal Cuomo abre un proceso a Intel con la misma base. Por fin, el 12 de noviembre, Intel y AMD firman la paz.


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