8/10/2014

Internet en China, otro gran salto adelante

Con más de 630 millones de usuarios, una tasa de penetración con amplio margen de mejora (46%) y un alma colectiva propensa al clic, no es extraño que el fenómeno chino se base en la demografía y la efervescencia económica. Una prueba entre muchas es Alibaba, creada en 1999 por el espabilado Jack Mam que ha salido a bolsa en Nueva York (no en Shanghai ni en HongKong) con un valor bursátil superior al de Facebook y equivalente al de IBM. Aun así, no es lo bastante grande para ocultar las sombras de una economía privada y un tejido empresarial con serios problemas de productividad.

De este fenómeno se ocupa el estudio China´sdigital transformation: The Internet´s impact on productivity and growth, del McKinsey Global Institute (MGI). Valgan algunos indicadores como aperitivo. Sólo durante el último año, la cifra de teléfonos inteligentes activos en China se duplicó hasta los 700 millones de unidades (54% de penetración). En el mismo periodo, el e-tailing (venta online) alcanzó un tamaño superior a los 295.000 millones de dólares sobrepasando a Estados Unidos (270.000 millones) para convertirse en el más importante del mundo por volumen. Otra cifra descomunal: durante el pasado Single Day, el pasado 11 de noviembre, los marketplaces de comercio electrónico Taobao y Tmall realizaron unas ventas de 6.000 millones de dólares… ¡en sólo 24 horas!

Esta explosión de la web se ha dirigido fundamentalmente, hasta la fecha, hacia el mercado de consumo y a exprimir al máximo la pasión de unos ciudadanos entusiasmados por el arte de comprar. No obstante, parece llegado el momento de un cambio drástico, dirigido a catapultar la economía nacional y situar a la Red como palanca estratégica para conseguirlo. Es la perspectiva del estudio que se comenta a continuación.

Basta con tener mínimas nociones de la historia china contemporánea para identificar dos grandes hitos: el “gran salto adelante” propiciado por Mao Zedong en los primeros años tras la toma del poder, y las reformas económicas inspiradas por Deng Xiaoping tras el oscuro paréntesis de la “revolución cultural”. Del equipo dirigente actual se esperan muchas cosas, proyección del segundo hito pero a las que bien les cabría el eslogan acuñado por el endiosado fundador.

El informe lo dice con el estilo característico de McKinsey. “La fuerte inversión de capital y la expansión de la fuerza de trabajo que impulsó al país durante las dos últimas décadas no pueden mantenerse indefinidamente”, y “cualquier paso adelante tendrá que basarse en la productividad, innovación y el consumo, justo lo que Internet puede proporcionar a un coste más bajo”. La evolución de la economía hacia Internet conllevará rupturas, pero “puede ser el gran aliado de China para conseguir su objetivo de crear un modelo sostenible de crecimiento económico”.

De momento, la situación del país es de las más evolucionadas en términos comparativos. MGI ha desarrollado el indicador iGDP para medir el tamaño de la “Economía Internet” de un país. En 2010, la de China era del 3,3% de su PIB, claramente por detrás de las economías más avanzadas. En 2013, su iGDP ha alcanzado el 4,4%, lo que sitúa al país en el quinto lugar mundial. Para intuir lo que esto significa, el Reino Unido es el número 1 (6% en 2010 y 6,7% en 2013), Corea el número 2 (5,5% y 5,9% respectivamente),seguida de Japón (4,8% y 5,6%). La cuarta posición se la lleva Suecia (5,5% y 5%) y, detrás de China, vienen Estados Unidos (3,8% y 4,3%), Francia (3,6% y 4,2%) y Alemania (3,2% y 3,7%). Se dirá que son sólo décimas, pero representan muchos millones en cualquier moneda.

Hoy por hoy, por tanto, la economía china basada en Internet aporta un 4,4% a su PIB total, una nota que revela su éxito en el mercado de consumo, pero también su debilidad en un entorno empresarial bastante timorato a la hora de utilizar las nuevas tecnologías y aplicaciones web: la tasa de adopción de Internet y de la informática cloud entre las medianas y pequeñas empresas chinas (se considera pymes a las de menos de 1.000 empleados y microempresas a las de menos de 250) es del del 20%-25% y del 21%, respectivamente, frente al 72%-85% y el 55%-63% de Estados Unidos.

Sin embargo, algo podría estar a punto de eclosionar. En las calles, ha sido bautizado como “primavera china”, en el sector empresarial podría denominase “primavera competitiva”. El verdadero impacto dependerá de numerosos factores, entre los que Internet emerge como palanca fundamental. Según los cálculos de MGI, Internet tiene capacidad para añadir entre un 0,3% y un 1% anual al crecimiento del PIB chino entre 2013 y 2025. Esto supondría impulsar entre un 7% y un 22% el PIB resultante en el año 2025. Trasladado a moneda contante, la horquilla oscilaría entre los 4 y los 14 billones de yuanes (RMB) en el PIB correspondiente a este año.

El nivel más bajo de esas proyecciones (7%) representaría la actual progresión de adopción de los usos de Internet, una trayectoria similar a la de los últimos años, con el lastre de unas restricciones que, paradójicamente, se han endurecido. El margen superior (22%) implicaría, por el contrario, un cambio drástico de estructuras y normativas, y que las empresas se muevan agresivamente para integrar las nuevas aplicaciones de Internet y construir nuevos mercados para servicios y productos digitales. El gap entre ambas cifras indica el crecimiento económico que China podría generar si los responsables políticos y los líderes empresariales liberasen el completo potencial de Internet. Cerca de 10 billones de RMB – el equivalente en tamaño al actual PIB de Australia- pueden estar en juego para el PIB de China de 2025.

Con tal perspectiva, la mayoría de los cambios más importantes están por llegar; tendrán que estar apalancados por las políticas adecuadas y las necesarias inversiones. De hecho, de acuerdo con el último informe sobre CIOs de McKinsey, una compañía china media gasta un 2% de sus ingresos en TI, muy por debajo de la media internacional del 4%, aunque está previsto un incremento significativo este año y el próximo.

Aún más importante será la próxima oleada de desarrollo de Internet en cuanto que ayudará a China a evolucionar hacia un modelo de crecimiento económico basado en la productividad. De hecho, el análisis de MGI constata que ya se está impulsando la evolución de la industria china desde una productividad baja a modelos de empresa más avanzados tecnológicamente. Algo que contrasta – no lo dice MGI sino el autor de este blog – con la visión tópica que se tiene en estas latitudes acerca de la competitividad, un concepto bien diferente.

El impacto se verá como ganancias de productividad, con un crecimiento del 22% entre 2013 y 2025. Conforme las empresas aumenten la adopción de tecnologías web, fortalecerán y modernizarán todas sus operaciones: el desarrollo de productos y la gestión de la cadena de suministro, las ventas, el marketing y las interacciones con los clientes. A medida que digitalicen sus operaciones, serán más parecidas a  las de sus vecinas niponas.

No dejar escapar este potencial resulta crítico para garantizar la competitividad, especialmente en un escenario de incremento de los costes laborales y de reducción del dividendo demográfico, a saber: la relación favorable entre la población potencialmente activa (adultos) y la población pasiva o dependiente (viejos y jóvenes).

Otro punto clave se encuentra en las dificultades de acceso al capital por parte de las empresas de tamaño mediano y pequeño. MGI estima que una distribución más eficiente del capital podría contribuir potencialmente con un rango de entre 450.000 millones y 1,5 billones al incremento del PIB impulsado por Internet hasta 2025. Esta transformación ya se estaría viendo impulsada por la banca privada y por otros actores: Alibaba, por ejemplo, facilita microcréditos a sus minoristas y multiplica la capacidad de exportación de las pymes chinas al convertirse, bajo su cobertura, en “micro-multinacionales”.

La transformación está en marcha y su impacto es patente a la vista del análisis que realiza el informe de MGI de seis sectores que representan una mezcla de industrias y servicios, fabricación discreta y por procesos, y sectores corporativos y semipúblicos. Entonces, ahí van seis botones de muestra.

Primero. En el sector de la electrónica de consumo, donde el comercio online creció un 103% entre 2009 y 2012 comparado con solo el 9% de las ventas offline, las previsiones de MGI estiman que seguirán teniendo un impacto sustancial con el potencial de elevar entre un 14% y un 38% su contribución al PIB de 2025.

Segundo. La industria de automoción, podría recibir un impulso de Internet de entre un 10% y un 29% del crecimiento del PIB esperado para 2025. Más de la mitad del impacto provendrá de ganancias en productividad.

Tercero. El análisis del sector químico contempla una previsión de incremento de su contribución al PIB que, bajo el impulso de Internet, se sitúa en una horquilla de entre el 3 y el 21%.

Cuarto. Los servicios financieros se idenfican en el estudio como estratégicos. En su caso, la contribución de Internet al crecimiento del PIB previsto para 2025 oscilará entre un 10% y un 25%; aunque, ciertamente, la ganancia en productividad podría reducir el empleo dentro del sector, especialmente en las áreas de ventas y servicio al cliente.

Quinto. En el sector inmobiliario, el impacto cuantificable de Internet tiene un rango más impreciso: podría hacer decrecer el PIB en un 3% o contribuir a un 6% de crecimiento en 2025. El motivo de este pronóstico contradictorio es que, al mismo tiempo que Internet tiene el potencial de elevar la productividad y reestructurar la demanda en el sector, existe la posibilidad de una reducción de hasta un 8% en el empleo.

Sexto. El último sector objeto de análisis es el de la salud, tan crítico en China como en el resto de países del mundo – o más – debido a la existencia de desequilibrios estructurales. MGI estima que Internet podría ahorrar a este sector entre 110.000 y 610.000 millones de RMB en gastos anuales, que corresponden al 2% y el 13% del crecimiento de los costes de salud previstos entre 2013 y 2025.

Además de estos ahorros directos desglosados por sectores, se conseguirían beneficios indirectos como la mejora de la calidad de vida. Se puede suponer que el concepto, en este caso, no incluye ciertas libertades civiles.

[informe de Lola Sánchez]


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