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  4/12/2020

La compra de Slack por Salesforce sabe a revancha

Se han confirmado los rumores: Mark Benioff ha firmado su cheque más cuantioso para comprar Slack Technologies, gesto que ha sido interpretado como un envite que Salesforce plantea a Microsoft. Se ha roto definitivamente el buen rollo que en tiempos hubo entre Benioff y Satya Nadella porque su enemigo común era Larry Ellison  Sobre el papel, la operación tiene mucho sentido, pero los inversores la han acogido con frialdad, haciendo que en pocas horas la acción cayera más de un 10%. El precio, 27.700 millones de dólares, por una empresa que en los últimos doce meses ingresó 834 millones, puede parecer exagerado, pero coincide con una fase de entusiasmo por el software llamado de colaboración.

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Poco ha faltado para que la cuantía  fuera el doble de la más alta, los 15.300 millones pagados por Tableau, en una carrera rica en adquisiciones que a todos le parecen caras menos a Benioff. Esta, concretamente, ronda la suma de otras nueve compras cerradas en los últimos treinta meses, desde la compra de Mulesof. Es justo afirmar que la evolución de Slack y de su cofundador, Stewart Butterfield, ha sido ascendente. Quien fuera en su día creador de la malograda Flickr, ha conseguido superar un desabrido comienzo en Wall Street hasta convertirlo en un pelotazo: en 2020, la capitalización de Slack aumentó un 80% y Benioff tuvo que elevar la puja – se dijo que esperaba pagar 18.000 millones – para alinearla con el subidón bursátil de los últimos días. Llámenlo coste de las indiscreciones.

Slack podría convertirse en la pieza del puzle que Benioff lleva tiempo tratando de completar. Simbólicamente, se trasluce en los nombres bursátiles de ambas compañías: CRM (Salesforce) y WORK (Slack). Los numerosos intentos de reemplazar el correo electrónico por un software colaborativo no han cuajado. En 2010, Salesforce lanzó  Chatter, una especie de red social para empresas  con la que pretendía fomentar la colaboración entre  empleados. Se inspirada en Yammer, la startup a cuyo nacimiento en 2008 asistió el propio Benioff pero que Microsoft le burló antes de que la criatura cumpliera cuatro años.

Los empleados de Salesforce dejaron pronto de hablar de Chatter ­–aunque la usan internamente – cuya versión de escritorio no logró asentarse más allá de unos cuantos miles de usuarios externos. Otros antecedentes fueron Quip, comprada en 2016 por 412 millones de dólares con la (vana) pretensión de competir con Google Docs. El planteamiento de Slack más dinámico y de gratificación instantánea: un chat que ha ganado adeptos en tres segmentos de mercado: corporativo, académico y residencial.

Hasta el punto de que los casi 50.000 empleados de Salesforce usan regularmente Slack en virtud de un acuerdo –nunca reconocido en público – entre ambas compañías. Mucho antes, en 2016, las dos compañías integraron sus productos para que a las organizaciones les resultara más sencillo compartir información, lanzando hace poco más de un año lo que llamaron Salesforce for Slack. Cualquiera diría que estaban condenadas a compartir cama.

Pese al buen pronóstico que, en teoría, parecía merecer Slack en plena pandemia, con cientos de miles de empresas abocadas al teletrabajo, su impacto real ha sido muy inferior al que ha disfrutado Zoom, cuyas acciones han llegado a subir más de un 800% desde enero.

Aunque Zoom y Slack no son inmediatamente comparables, sus caminos se cruzan. Hay quien señala que Slack carece de prestaciones de vídeo similares a las de Zoom o Teams. Curiosamente, Butterfield ya lo percbió en 2015, año en que Slack adquirió la startup Screenhero para resolver esa debilidad. El proceso de incorporar videollamadas dentro de su plataforma fue doloroso: presentado en público a finales de 2016, tardó un año en poder ofrecer compartición de pantalla; aun hoy el videochat de Slack es demasiado elemental cuando se compara con sus rivales. Por ejemplo, no permite ampliar una reunión virtual fuera de una misma organización, una limitación castradora.

De hecho, a finales de 2019 Slack registraba 12 millones de usuarios activos diarios mientras Zoom se conformaba con 10 millones, que ha engordado hasta 300 millones en la fase más aguda de la pandemia. Pero tanto hablar distrae del verdadero objetivo de Salesforce: Microsoft. Algo parecido les ocurre a Oracle y SAP, que han tenido que aliarse con Zoom y con Teams, respectivamente. Puesto a buscar una opción de peso, a Benioff sólo le quedaba Slack.

Es evidente que Microsoft ha sabido aprovechar la capilaridad de su vasta familia de productos para extender el alcance de Teams, que inicialmente aparecía superado por la popularidad de Zoom. La propuesta colaborativa de Team ha pasado de 32 millones de usuarios activos en marzo a casi 115 millones en la actualidad. Con una diferencia estratégica: es gratuita para los suscriptores del paquete Office 365 y puede ser integrado con el resto de sus aplicaciones, incluida la versión empresarial de Skype.

Por su lado, Butterfield ha sido un crítico contumaz de Microsoft: Slack presentó formalmente una queja ante la Comisión Europea, acusando a Microsoft de abuso de dominio en las aplicaciones empresariales. Un poco en la misma línea, se alió en junio con Amazon Web Services, cuando ya debía tener noticia del interés de Benioff.

No son anécdotas para añadir color al texto. Conducen a la pregunta clave: ¿se ha sobrevalorado Slack sólo porque tiene pretendientes? Los hechos hablan: desde que salió a bolsa el año pasado con una valoración de 7.000 millones de dólares, ha perdido un 45% de valor hasta principios de noviembre. Pero, tachán,… apenas se filtró la oferta de compra, el día 25, sus acciones repuntaron un 34%, mientras las de Salesforce cedían algo menos de un 5%.

Según los resultados del tercer trimestre (segundo de su año fiscal 2021) el crecimiento de facturación se ha desacelerado y las previsiones para el corriente oscilan entre 222 y 225 millones de dólares, lo que significa un incremento del 32% frente al 49% del período anterior. Negar la sombra de Microsoft sería pecar de ingenuidad.

Butterfield siempre ha querido apuntar hacia los usuarios corporativos. Según datos de la compañía, cerró el último trimestre con más de 100.000 clientes de pago (+37% interanual) y, lo que es más interesante, 720 clientes pagaron más de 100.000 dólares al año por sus servicios, un incremento del 75%.

Más allá de la facturación, el número de usuarios activos es el dato más apetecible para Salesforce, que podría situar el producto Slack Connect como epicentro de sus aplicaciones cloud y del modo en que propone trabajar transversalmente con ellas. Parece ser el propósito para competir con Teams, que ha seguido ese planeamiento desde el inicio.

Marc Benioff tiene fama de comprador emocional, capaz de cerrar una operación en mitad de una reunión convocada por otros motivos. Así sucedió el año pasado con SteelBrick, desarrollador de un software que ayuda a las empresas a averiguar el máximo que pueden cobrar a los clientes por un producto determinado. Les invitó a explorar una alianza y en menos de media hora les hizo una oferta de compra (que fue aceptada gustosamente).

La adquisición de Slack también tiene algo de emocional. Benioff tiene a Microsoft detrás de la oreja desde que esta le sondeó acerca de una hipotética oferta de compra. En 2016, también perdió el pulso con Nadella para absorber Linkedin, lo que le llevó a sugerir que Microsoft era merecedora de una demanda por monopolio. Después de aquello, exploró, también en vano, la posibilidad de apoderarse de Twitter. El año pasado, la compra de Tableau le ha permitido tutearse con la oferta de business intelligence de Microsoft.

El martes, el anuncio oficial de la compra de Slack se hizo coincidir con la presentación de resultados de Salesforce. Sus ingresos – 5.420 millones de dólares – mantienen la línea de crecimiento habitual del 20% y, aunque la compañía contempla una desaceleración a cortísimo plazo (17%) confía en retomar el ritmo en su próximo año fiscal, ayudada por la seguidilla de adquisiciones. Su objetivo a medio plazo se mantiene: 28.000 millones de dólares en 2023. Ya es un triunfo haberse quedado con Slack, que en el pasado fue pretendida por Microsoft y por Google.


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