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  21/04/2020

La muy polémica “reinvención” de Internet (y 2)

Una búsqueda elemental en Google sobre la propuesta de “reinvención de Internet” elaborada por Huawei y dos operadores chinos y desvelada por el Financial Times remite a refritos del rotativo británico, sin que nadie parezca interesado en ir a las fuentes documentales. Entre los temores que el FT pone en boca de expertos occidentales, destaca la fragmentación del carácter global de Internet, que podría facilitar un mayor control estatal, particularmente de regímenes autoritarios como China, Rusia y otros. Por su lado, Huawei se limita a recordar que es sólo una propuesta sometida a debate para corregir carencias reiteradamente señaladas por el grupo de trabajo constituido dentro de  la UIT. 

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Tales carencias, según la susodicha propuesta New IT, se pondrían gravemente de manifiesto con la explosión de la Inteligencia Artificial, la circulación de coches autónomos y la generalización de IoT.

Quienes con más ahínco han expresado sospechas acerca de la propuesta son los expertos de Oxford Information Labs, compañía de ciberseguridad que ha elaborado un informe a petición de la OTAN en el que carga duramente contra las intenciones chinas. Asevera este think tank británico que  introduciría controles en las entrañas de Internet, cuyo resultado sería un control más centralizado y jerárquico, consustancial a los gobiernos autoritarios. De hecho, este ha sido el tono con el que la noticia ha sido recogida sincrónicmente por numerosos medios online.

En realidad, la polémica generada por el FT elude el principal problema, que no es la intención que pudiera esconderse tras la propuesta, sino la advertencia de un posible colapso de Internet en el plazo de una década. A esta conclusión ha llegado el documento Network-2030 producido por un grupo de trabajo del que forman parte – además de Huawei – operadores de Rusia (Rostelecom), Japón (KDDI), Corea del Sur (SK Telecom), Vodafone (Reino Unido) y Verizon (Estados Unidos).

Se dirá que es normal que el tono apocalíptico aparezca cuando China anda por medio. La dicotomía entre una Internet libre, como se supone es la actual, volcada al mercado, y otra autoritaria, impulsada por China, encierra una falacia que es recogida en otro artículo del FT. Su texto remite a  Shoshana Zuboff, profesora de Harvard y autora del libro The Age of Surveillance Capitalism (próxima edición castellana en Paidós), en el que postula la  existencia real de dos ramas de Internet: una bajo la hegemonía de las llamadas Big Tech, que vigila a los usuarios con objetivos pecuniarios, y otra propugnada por Estados no democráticos que le imprimen una naturaleza represiva.

Según el texto del FT, Huawei habría admitido que su propuesta está en fase de desarrollo con la ayuda de países y empresas con el propósito de iniciar pruebas piloto en 2021. La lista de aliados en el proyecto, según fuentes no identificadas, incluiría a Rusia, Irán y Arabia Saudí, tres socios poco presentables.

El hecho de que la propuesta New IP no lleve sólo la firma de Huawei y de dos operadores sino también la de un ministerio chino, daría sustento a la  desconfianza. Aunque, puestos a desconfiar, si se tratara de una maquinación para tomar Internet por asalto, ¿no habría sido más astuto canalizarla a través de expertos sin relación conocida con Huawei y sin que el gobierno de Pekin apareciera en escena?

En esta atmósfera que el mundo entero llama “guerra fría tecnológica”, no es la primera vez que esas sospechas salen a la luz. Un ejemplo: bajo la apariencia de neutralidad técnica, los procesos de estandarización contienen un componente político inevitable. Lo que Huawei denomina ´contribución` a la elaboración de las normas que rigen 5G, para sus oponentes es una ´presencia dominante` en los comités de donde surgen esas normas”. En la práctica, el grupo de trabajo dentro de la UIT está presidido por Richard Li, científico chino que representa a Futurewei basada en Santa Clara (California) y que forma parte del sistema de I+D de Huawei.

Sería una pueril ingenuidad no relacionar la alarma desatada por el FT con la agresiva campaña del presidente Trump contra Huawei cuyo objetivo en este momento es excluirla de los mercados occidentales como proveedor de infraestructuras 5G. A su vez, esta campaña se enmarca en la guerra comercial y arancelaria entre Estados Unidos y China, ahora encharcada en una tregua precaria.

De otro lado, no es menos cierto que las actitudes de Pekín alimentan la suspicacia. Sobran los antecedentes de autoritarismo en su concepción del papel de las tecnologías. El llamado Gran Cortafuegos Chino es la más implacable censura existente sobre Internet. Nada que ver con aquel ideal californiano que veía la red como un espacio abierto a la libre circulación de las ideas. Cifras plausibles mencionan un plantel de 50.000 personas dedicadas a ejercer la censura sobre los contenidos de Internet.

En este contexto de conflicto arraigado, la posibilidad de que la propuesta New IP sea validada por la UIT en la reunión del próximo noviembre suena muy poco probable. La adopción de un estándar lleva inevitablemente décadas de discusiones en las que no faltan intereses encontrados, indica Milton Mueller, fundador del Internet Governance Project (IGP) y en su fase decisiva, requiere una masa crítica de redes y sistemas en todo el mundo antes de ganar aceptación suficiente.

Nunca es fácil alcanzar esa masa crítica necesaria. No hay mejor ejemplo que la trayectoria de IPv6, transición que fue considerada de máxima urgencia durante años y que, contra todo pronóstico, aún sigue penando para reemplazar por completo a su antecedente IPv4. Análogamente, recuerda Mueller, el intento de reemplazar TCP-IP y estándares fácticos como DNS suena a misión imposible, hasta que se demuestre su inevitabilidad.

Admitiendo que el autor de este blog no tiene capacidad para discutir las virtudes y/o defectos de la propuesta New IP, se atreve a una valoración empírica: si quienes defienden los valores democráticos en Occidente no quieren que China adquiera influencia dominante en la definición de estándares ¿no sería más lógico que contribuyeran activamente a su elaboración con especialistas fiables, en lugar de dejar la silla vacía porque estos han sido absorbidos por los objetivos de mercado?


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