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  31/08/2020

¿Qué tendrá India que no tenga China?

No es novedad que el flujo financiero de las empresas tecnológicas estadounidenses hacia India se haya acelerado. Los inversores, en su mayoría del Silicon Valley, llevan como compañeros de viaje a fondos soberanos de Oriente Medio. En cuanto a los destinatarios, el más notorio es el grupo Jio, a su vez parte del conglomerado Reliance Industries, que dirige el multimillonario Mukesh Ambani. A ojos occidentales, aparece como el socio ideal para abordar este gran mercado en vista de que China se ha puesto imposible. Estos movimientos coinciden con el conflicto abierto entre las dos grandes potencias económicas globales y con el pico de tensión entre los vecinos asiáticos.

Jeff Bezos

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El primer alud de dólares lo desencadenó Facebook: 5.700 millones de dólares por un 9,99% de Jio Platform. Le imitaron otras novias que Ambani acogió con gusto: desde los fondos de inversión Silver Lake y KKR hasta compañías como Intel y Qualcomm, con aportaciones más modestas (253 millones y 97 millones, respectivamente). La puntilla la ha puesto Google, con un desembolso de 4.500 millones de dólares a cambio de un 7,7% de participación. Podría haber otras inversiones, porque todos son bienvenidos en casa del empresario más rico del país: un día se dice que Ambani está en conversaciones con Amazon y al día siguiente con Walmart para desarrollar el comercio online con uno u otro como socio. El ´ecosistema` de Jio daría incluso para llegar a acuerdos con ambos.

Por ejemplo, India ha pasado a  ser el segundo mercado de smartphones del mundo, sólo precedido por China. Se encuentra en pleno ascenso por una pura cuestión demográfica, así como Estados Unidos – que ha bajado del primero al tercer puesto – está condenado a seguir bajando escalones por la misma razón. Un factor a tener en cuenta es que el país ha sido, desde su independencia en 1947, un mercado muy protegido, herencia de las políticas del Partido del Congreso, pero desde que el nacionalista hindú Narendra Modi le ganara las elecciones, su gobierno ha abierto vías a la presencia de capital extranjero.

Para las compañías estadounidenses, aliarse con quien aparece como el empresario de moda indio es una alternativa más segura que los intentos – a menudo fallidos – de asentarse en el otro gigante asiático. Lo que a primera vista puede parecer un movimiento brusco, se ha cocido a fuego lento: durante dos décadas Washington ha practicado la seducción con pequeños gestos para obtener la apertura india a los capitales de origen estadounidense.

Ambos países han firmado tratados de comercio preferentes e incluso Nueva Delhi recibió el apoyo (platónico) de la administración Obama a ser miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. A poco de ser elegido, Donald Trump amagó con reducir los aranceles sobre la entrada de mercancías indias en Estados Unidos, pero luego el presidente narcisista se ha dejado halagar por el primer ministro Narendra Modi.

Trump y Modi comparten un objetivo, frenar las ínfulas de China en Asia. Las inversiones chinas en Pakistán son una línea roja teniendo en cuenta el crónico litigio sobre Cachemira. Y la trágica escaramuza entre ambos países en la frontera del Himalaya, que dejó 20 soldados indios muertos, ha encendido los ánimos de la población, incitada por su gobierno a boicotear los productos chinos. Como represalia, se ha prohibido un centenar de apps chinas, entre ellas las populares TikTok y WeChat, cuyo lugar ha sido ocupado rápidamente por émulos locales. El veto a Huawei y ZTE como suministradores de equipos de telecomunicaciones era más que previsible.

Hace seis años, cuando Modi, un fervoroso nacionalista hindú, ganó las elecciones, puso en  marcha una campaña Made in India, cuya finalidad obvia era recortar el creciente déficit comercial con el país vecino. No lo ha conseguido: en 2019, el 13% de las importaciones indias venían de China, que era destino del 3% de las exportaciones. La crisis del coronavirus y las medidas gubernamentales podrían ayudar a bajar el primer porcentaje pero no van a elevar el segundo, así que el déficit será crónico.

No es posible entender el flujo inversiones estadounidenses al margen del contexto geopolítico, pero el impulso central es económico a la vez que demográfico. Toda compañía que ocupe una posición relevante en este mercado de 1.400 millones de habitantes tendrá asegurada una influencia crucial en la configuración de las industrias tecnológicas mundiales. Los informes de Naciones Unidas predicen que en 2027 India superará a China como el país más poblado del planeta y esperan que en 2030 la clase media se duplique hasta alcanzar los 600 millones.

De lo que se trata – plena coincidencia entre Trump y Modi – es de parar los pies a China. Si sólo se mira el componente tecnológico, hace cinco años, las inversiones tecnológicas chinas en India eran insignificantes, pero dieron un salto a partir de 2017, alentadas por el ejemplo de Alibaba y Tencent.

Estos gigantes chinos de Internet han forjado en India una tupida trama de intereses. Alibaba apoya sus ambiciones con dos marcas de e-commerce – Taobao y Tmall – el sistema de pagos Alipay y la red social Webo, además del portal de entretenimiento Youku y su filial logística. Además, cuenta con participaciones en firmas locales entre ellas el supermercado online BgBasket y Zomato, líder del reparto de comida a domicilio.

Naturalmente, la presencia de Alibaba en India suscita la envidia de Amazon, que se ha propuesto entrar en el país por todo lo alto. En enero, cuando Jeff Bezos visitó India en compañía de su novia, les prepararon un recibimiento digno de estrellas de cine. Lo disfrutaron, al parecer, pero Bezos tiene en el país otro adversario de fuste: el líder del comercio online, Flipkart, está controlada por su tenaz rival estadounidense Walmart, el gran retailer que, lejos de darse por vencido, devuelve cada golpe.

Toda compañía estadounidense que se precie tiene su agenda propia de cómo abordar el mercado indio. Y al menos en principio, Ambani es el mejor socio que se les ocurre, en mérito a las relaciones que mantiene con Modi. Un  detalle importante, porque invertir en ese país conlleva el riesgo de tropezar con el proteccionismo del gobierno de turno.

Para Facebook, que desencadenó la presente ola de inversiones, India es su mercado más numeroso (300 millones de usuarios, a los que sumar 400 millones de WhatsApp) pero la cuota del país en los resultados de la compañía es decepcionante. Al anuncio de que invertirá 5.700 millones de dólares en Jio le siguió otro, la integración entre la plataforma JioMart y WhatsApp. Por su lado, Instagram ha lanzado Reels, con la que trata de imitar la app de videos TikTok, ahora prohibida por el gobierno. Facebook contempla el lanzamiento con su socio de una superapp al estilo de WeChat, también proscrita. Esto viene a ser el reverso de 2016, cuando los reguladores indios abortaron su proyecto de una versión light de Internet que iba a llamarse Free Basics.

El interés de Google es de otra naturaleza. Tiene planes para trabajar con Jio en la producción de smartphones de bajo coste, en principio con buenas perspectivas: India tiene 500 millones de usuarios de móviles ´inteligentes` que subirán  a 700 millones en 2022. Con este volumen, saldrían ganando los servicios de Google. Ahora mismo, Google Pay ya es la app de pagos más popular del país.

Con otros intereses, las inversiones de Intel y Qualcomm van encaminadas a ejercer presión sobre Jio para que compre sus chips. Porque la filial del grupo Reliance Industries dice haber desarrollado una variante propia de 5G, probablemente con los preceptos de Open RAN y supuestamente estaría lista para cuando se repartan las licencias de frecuencias. La compañía de Ambani se declara dispuesta a ofrecer su tecnología a otros operadores tanto en India como en otros países.

Estos acercamientos responden a otro factor que conviene no descuidar. Silicon Valley – donde radican la mayoría de las compañías que cortejan a Ambani – es una plétora de ingenieros, empresarios e inversores indios, lo que facilita enormemente el entendimiento (mucho más que con China, vista con suspicacia no disimulada). Basta recordar que los máximos directivos de Microsoft (Satya Nadella), Google (Sundar Pichai), IBM (Arvid Krishna) y Adobe (Shantanu Narayen) y otras muchas empresas son originarios de India.

Por otro lado, el atractivo de Jio como socio es comprensible. El grupo no se aupó al mercado de la telefonía móvil hasta 2016, pero desde entonces arrasa con un crecimiento desorbitado y sus bajos precios que hunden a la competencia. La rentabilidad – calcula Ambani – vendrá más tarde, cuando añada una amplia cartera de servicios digitales a la oferta de su operadora.

El poderoso dueño del holding Reliance Industries es un tipo peculiar, por ponerle un adjetivo. Acude los miércoles a su oficina en helicóptero para evitar el lacerante tráfico de Mumbai. Sus hagiógrafos escriben que sólo revisa su email una vez al día: cada mañana le presentan los correos impresos, que él responder mediante notas manuscritas. Así dicho, podría parecer que se basta solo para gestionar su imperio.

Algo de eso hay: el holding tenía una indigesta deuda de 20.000 millones de dólares a diciembre y el CEO quería saldarla a su manera. Llegó a un acuerdo con la petrolera saudí Aramco por el que esta compraría un 20% de los activos petroquímicos que Mukesh heredó de su padre. La  pandemia interfirió en esos planes y Ambani abrió otra vía: ofrecer acciones de su gran esperanza, Jio Platform, todavía en construcción. Si pudiera ceder un 30% a socios extranjeros, le permitiría sanear sus finanzas sin sacrificar el negocio que fuera la razón de ser de Reliance. Más aún: ha hecho trascender que, flanqueado con socios de calidad, tendría sentido que Jio Platform saliera a bolsa en Estados Unidos.

Sin embargo, no es el único socio posible, ni necesariamente el mejor, para los inversores extranjeros. El operador Vodafone Idea, agobiado por las deudas, ha estado durante un tiempo en el punto de mira de Google, pero el acuerdo firmado con Jio ha desbaratado esa opción. El tercero de los operadores indios, Barthi Airtel, arrinconado por la competencia de Jio, ha querido coquetear a Amazon. A lo que Ambani ha reaccionado de forma característica: proponiendo a Jeff Bezos asociarse en Reliance Retail, propietaria de JioMart. De momento, parece que entre ambos empresarios habría sintonía para desembolsar los millones que hiciera falta para controlar Future Group, cadena con más de 1.500 tiendas en decenas de ciudades.

Ante la incertidumbre creada por esta acumulación de noticias, las inversiones chinas en India se han paralizado, pero es demasiado pronto para afirmar que la influencia estadounidense haya ganado la partida. En India, el ajedrez es un deporte nacional; que Mukesh Ambani juega con las blancas, es lo único seguro en esta fase.


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