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  13/10/2015

13Oct

Durante muchos meses, el destino de EMC y de su CEO, Joe Tucci, ha sido la comidilla del sector, aunque realmente había poco que decir. La partida de ajedrez planteada por el inversor Paul Singer, cabeza visible del fondo Elliott Management había llegado a una situación de jaque perpetuo. La salida que han encontrado tiene un diseño inesperado: vender la empresa en una transacción récord, por 67.000 millones de dólares, la más alta que se recuerde en la industria tecnológica y la segunda en Wall Street tras la (desastrosa) compra de Time Warner por AOL en 2000.

Formalmente, la parte compradora es Dell Inc. y el artífice aparente de la operación es Michael Dell, con una participación minoritaria pero que encabezará la empresa resultante. No hay que llamarse a engaño: el verdadero dueño de EMC será Silver Lake, que de hecho domina Dell Inc. desde que la retiró de la bolsa a finales del 2013. Sin la reputación de ´buitre` que se endilga al fondo de Singer, Silver Lake ha sido capaz de asegurarse la financiación para afrontar la compra.

Corría prisa para que el consejo de EMC aprobara el acuerdo, y había que anunciarlo el mismo día, ayer, en que estaba prevista la presentación de resultados trimestrales. Ya vencida la tregua que pactaron Tucci y Singer, la conferencia con los analistas se preveía de alto voltaje, pero de un día para otro la conversación ha cambiado.

Así, a bote pronto, tengo algunos apuntes que compartir con los lectores:

1) Michael Dell tenía razón en algo: si la empresa que lleva su nombre aún cotizara en bolsa, sometida al escrutinio constante de analistas y ´activistas`, hubiera sido difícil sacar adelante una negociación discreta.

2) Cerrar los flecos de la transacción llevará tiempo. Se aventura que podría quedar cerrada entre mayo y octubre del 2016, de manera que muchos detalles cambiarán, y no de los menores. Pero hay uno que se puede dar por seguro: Joe Tucci, ya cerca de los 70, podrá cumplir su promesa de retirarse, con la que amaga desde hace al menos tres años.

3) Lo que no está tan claro es la supervivencia de la federación que Tucci ha construído para sentarse en la cúspide controlando seis ramas de negocio autónomas, de hecho seis empresas no muy interconectadas. Es improbable, por no decir imposible, que Michael Dell – chairman y CEO – sea partidario de mantener esa fórmula que, entre otros exotismos, acepta que unos miembros federados compitan con otros en ciertos casos.

4) Es posible que los nuevos propietarios de EMC decidan deshacer la federación, por la vía de vender alguno de sus componentes o sacándolos a bolsa total o parcialmente a bolsa. Cualquier desinversión ayudaría a financiar la deuda, cuantiosa pero muy oportuna, ya que ha sido contraída justo cuando se ve venir una subida de los tipos de interés.

5) Se da por cierto que una de las razones por las que Michael Dell puso el ojo en EMC es su vieja aspiración a liderar el mercado de almacenamiento; habrá redundancias, sin duda, pero estadísticamente tiene a la mano el primer puesto del ranking de un mercado muy agitado ultimamente.

6) Cuando llegue el momento, EMC será retirada de cotización, pero las circunstancias pueden cambiar, y sería imaginable que un porcentaje de la futura empresa saliera a bolsa, contrariando el precepto de Michael Dell. Al fin y al cabo, la facturación conjunta estaría en torno a los 80.000 millones de dólares, una cifra que – puede decirse – invita a la partición. Paul Singer. Quien, por cierto, se llevará una bonita plusvalía de más o menos el 30% sobre su inversión en EMC. Razón de más para que haya declarado su apoyo a la oferta de Dell y Silver Lake.

7) Puede uno preguntarse, como hacía el colega Chris Mellor a propósito de las conversaciones para fusionar EMC con HP si esta búsqueda de tamaño no acabará en una destrucción de valor. Pero eso, desde luego, está por demostrar.

8) En el centro de esta historia se encuentra VMware – que precisamente hoy abrirá en Barcelona su conferencia VMworld Europe – como demuestra la compleja forma de pago acordada. El precio final de 33,15 dólares por acción se desglosa en 24,05 en efectivo más 9,10 en unas llamadas acciones de seguimiento (tracking stock) cuyo valor oscilará según la cotización del 20% flotante de VMware, que EMC no controla. El rol de VMware ha sido clave en el conflicto entre Tucci y Singer, como se ha comentado en este blog.

9) Para EMC, la compra de VMware por 625 millones de dólares en 2004 ha sido como la multiplicación de los panes: la participación (ahora del 81%) equivale a unos 27.000 millones de dólares en el balance de EMC, algo más de la mitad de su valor en bolsa y bastante más de la mitad de su beneficio operativo. Las opciones para Michael Dell son delicadas: aunque forma parte de la federación de EMC, VMware tiene muy arraigada su autonomía. Un analista amigo, al que pedí opinión sobre este asunto, me respondió lo siguiente: «1) Paul Gelsinger [CEO de VMware] no se dejaría mandar por nadie con las ínfulas de Michael Dell, y 2) desde que tuvo que regresar al timón de su propia empresa, en 2007, Dell ha sido renuente a delegar el menor protagonismo sobre sus negocios».


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