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  16/07/2012

16Jul

En una serie de cuatro exhaustivas páginas, el asalmonado Financial Times ha elogiado la estrategia y cuestionado la proverbial opacidad de Amazon, que parece convencida de que no tiene por qué dar explicaciones a los clientes de sus múltiples facetas . Este rasgo se ha puesto una vez más de manifiesto con motivo de dos sucesivos ´apagones´que dejaron sin servicio a destacados usuarios de su servicio cloud. Como no es la primera vez, y probablemente no será la última, uno puede preguntarse qué está pasando y qué efectos pueden tener estos incidentes sobre la confianza que se necesita para que prospere la adopción de esta modalidad. Jeff Bezos, fundador y CEO de la compañía, no ha dado la cara.

Lo mínimo que cabría esperar es que el proveedor, que tiene centros de datos en varias partes del mundo no escondiera su responsabilidad tras lo imprevisible de una tormenta eléctrica que descargó sobre uno de ellos. Para esto están los sistemas recurrentes, y la transferencia de cargas a ubicaciones no afectadas por la incidencia. Esa es, o debería ser, una de las virtudes de cloud computing, ¿no? Parecido reproche se podría hacer a los clientes – algunos tan significados como Netflix o Pinterest – que no sólo querían ahorrarse el coste de un nivel superior de servicio, sino que no tenían plan de contingencia para el caso de que Amazon les cortara el servicio. Que volvió a ser plenamente normal quince horas más tarde (!)

Si uno se propone ser bueno y buscar el lado positivo de las cosas, podría suponer que, esta vez sí, Amazon despertará a la realidad de que no puede provocar impunemente trastornos a sus clientes, aunque sólo fuera porque tiene competidores. O mejor todavía, que los clientes de Amazon empiecen a pensar en la posibilidad de despliegues multicloud: no les faltarán ofertas de otros proveedores, y esto sin duda animaría un mercado que, por el bien de todos, no debería dormirse en los laureles.


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