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  22/11/2012

22Nov

A contrapié de la teoría clásica del valor, suele decirse que las cosas – y por extensión, las empresas – valen lo que alguien está dispuesto a pagar por ellas. En el caso de las empresas, esto ha llevado a auténticas burradas y pujas desorbitadas, que muchas veces desembocan en ajustes contables tardíos. El tópico habría inspirado a Leo Apotheker, en su breve mandato como CEO de HP, para comprar la empresa británica Autonomy por 9.700 millones de dólares en octubre de 2011. Su justificación: HP debía transformarse rápidamente en una empresa de software y servicios; lo que importaba no era el precio sino el valor que podía aportar.

Ya entonces [está en el archivo de este blog], los analistas consideraron injustificado el precio, pero la operación fue aprobada por el consejo de HP y quedó consumada cuando Apotheker había sido sustituído por Meg Whitman, la actual CEO.

En agosto pasado, cuando Whitman tomó la decisión heroica de amortizar de un golpe 8.000 millones de dólares del valor en libros de EDS, los mismos analistas sugirieron que Autonomy seguiría el mismo camino. Acaba de ocurrir; lo que nadie esperaba es que el ajuste por 8.800 millones (el 90% del precio acordado) se acompañara de la acusación de irregularidades contables en la empresa adquirida. Whitman ha evitado hablar de fraude, pero envió los antecedentes a la oficina antifraude del Reino Unido, además de la SEC estadounidense.

Si no hubiera antecedentes peores, sería increíble que Deloitte, auditora de Autonomy, y KPMG, que en nombre de HP auditó la auditoría de Deloitte, no vieran o hicieran la vista gorda ante las prácticas irregulares que ahora se denuncian. Dos de las Big Four, además de Barclays y varios bufetes de abogados habrían sido burlados por Mike Lynch, fundador y CEO de Autonomy. Este lo niega tajantemente, pero hay un hecho que retengo en la memoria: antes de negociar con HP, Lynch intentó vender su empresa a Oracle, valiéndose de un banquero marrullero llamado Frank Quattrone. La empresa de Larry Ellison estudió la propuesta y la rechazó, pero cuando supo que al final el comprador había sido HP, se vengó publicando documentos entregados por Quattrone [todavía están en la web de Oracle], como demostración de que Autonomy no valía ni de lejos lo que Lynch pretendía, 6.000 millones. Ellison tenía razón, pero HP pagó casi 10.000 millones.

En las próximas semanas y meses se irán conociendo más detalles de un caso que mina aún más la salud bursátil de HP. Pero en la noticia hay otro aspecto más conceptual que me interesa destacar: es una regla en la industria del software que las licencias se venden una vez, pero se contabilizan como ingresos escalonados. Por esto, entre otras cosas, una lección que se desprende del caso Autonomy es la siguiente: adquirir una empresa para quedarse con su tecnología, su talento y/o su cartera de clientes…está muy bien, pero no deja de ser un reflejo de tiempos de burbuja; en el tiempo de hoy, más que esas virtudes, el cash flow es la esencia del valor de una empresa. En todo lo demás, puede esconderse un bumerán.


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