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  4/02/2016

4Feb

A rey muerto, rey puesto. Pero sólo por 24 horas, eh. Tras los desconcertantes resultados de Apple, la prensa económica de todo el mundo encontró muy pronto otro tema de portada: “Google, nuevo rey de Wall Street”, decía un titular de ayer. De la noche a la mañana, Alphabet (antes Google) se había convertido en la empresa con más alta capitalización bursátil, 568.000 millones de dólares, adelantando a Apple (535.000 millones). Pero muy breve fue la vida del titular, porque al día siguiente, ayer, las aguas volvían a su cauce: AAPL 534.000 mllones, GOOG 502.000 millones. A saber cómo acabarán la semana.

Es de prever que el episodio inicie una fase insólita de ´empate técnico`, en la que ambas se alternarían en el primer puesto con diferencias cortas y efímeras. En mi opinión, sin restar méritos a Alphabet, el cambio transitorio de líder se ha debido más a un tropezón de Apple que a un sorpasso del aspirante.

Estrictamente, si nos atenemos a las cifras fundamentales, Apple sigue mereciendo el trono que ha ocupa durante cuatro años. Es tres veces más grande que Alphabet en ingresos y en beneficios, y su valor en bolsa multiplica por 10 su resultado operativo, frente a más de 40 veces en el caso de su rival. El margen operativo de Apple es del 32% mientras el de Alphabet no pasa del 25%. La tesorería de Apple luce mejor y, por cierto, nadie podría reprochar a Tim Cook por dedicar el dinero de sus accionistas a proyectos mesiánicos como si hace Larry Page ante el ceño fruncido de los suyos.

Cuando, en 2011, Apple desbancó a Exxon del primer puesto, se quiso ver en ello un síntoma del paso de un mundo dominado por la ´vieja`economía a la ´nueva` economía. Hoy – es decir, ayer – podría haberse apuntado la tesis de que una empresa que vende exclusivamente servicios ha – o había – desplazado a otra que es famosa por su hardware. Pero la tesis ya no vale, o quizá vuelva a valer otro día.

No hay duda de que, en un contexto económico global complicado como el actual, los resultados de Alphabet ponen una nota de optimismo: más de 74.500 millones de dólares [+13,5%] de ingresos en 2015, que dejaron 24.300 millones de beneficio operativo [+23%]. Con una precisión: debe ese beneficio a una aceleración de su actividad central, que le permite compensar las pérdidas de otras actividades, que hasta ahora llamaban moonshots – nombre pretencioso e inquietante – y han rebautizado como ´otras apuestas`.

Así como Apple depende del iPhone, Alphabet depende aún más de la publicidad. Los clics pagados en los sitios de Google han crecido un 31% en 2015, un dato excelente aunque su ´monetización` no crece en la misma medida porque la publicidad online se está desplazando hacia los móviles y, como consecuencia, el precio por clic ha bajado 13% en doce meses [al mismo tiempo, el número de búsquedas desde móviles aumenta exponencialmente]. Pero esta es una guerra con Facebook, a la que Apple es ajena.

El interés previo por los resultados del cuarto trimestre venía determinado por ser el primer período completo desde la creación del holding Alphabet, matriz de Google, y también la primera conference call de Ruth Porat, nueva CFO fichada directamente desde Morgan Stanley. Los analistas siempre se aburrían cuando Page les daba lecciones sobre su visión de un mundo mejor; en cambio, se entienden a la perfección con Porat, que habla su lenguaje de ratios y charts. En esta ocasión, la CFO les explicó que la compañía está haciendo un ejercicio serio en la asignación de recursos a sus múltiples operaciones, lo que significa que es hoy “más disciplinada” que antes de constituirse como holding.

En agosto, cuando Page anunció el nacimiento de Alphabet, una de las razones que esgrimió fue que permitiría deslindar el negocio core de otras operaciones exploratorias. Según el argumento, los inversores iban a estar en condiciones de juzgar la rentabilidad de las operaciones que seguiría girando bajo el nombre de Google, diferenciándolas de las pérdidas ocasionadas por los proyectos de maduración lenta. Hubiera sido deseable un desglose más exhaustivo de las cifras presentadas por Porat, pero bastan para enterarse de que las ´otras apuestas` han generado en 2015 ingresos por sólo 448 millones de dólares y pérdidas operativas de 3.600 millones. Llama la atención que una tercera parte de las pérdidas se produjeran en el último trimestre del año.

La primera reacción de los inversores [un salto del 9% en el precio de la acción, rectificado al día siguiente] indica que la ecuación les ha parecido bien, y esta debería ser su actitud mientras el núcleo principal – la publicidad – siga compensando las pérdidas del resto. Porat puso especial cuidado en transmitir el mensaje de que los resultados de las “otras apuestas” no pueden juzgarse en habitual escala trimestral sino anualmente, pero al final se corrigió a sí misma para sostener que sólo el largo plazo dirá si son sostenibles o no.


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