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  6/02/2017

6Feb

Los resultados del trimestre octubre-diciembre, primero del año fiscal 2017 de Apple, han levantado una ola de entusiasmo bursátil: la acción trepaba el viernes a sólo un dólar de la cotización más alta de los últimos diez años, o sea desde que el iPhone existe. Hay sólidas razones para este rally, pero también motivos de inquietud por un factor persistente: la excepcional dependencia de Apple con respecto al iPhone, el 69,4% de los ingresos  y  – según estimaciones – algo más del 80% de los beneficios. En un contexto de estancamiento del mercado mundial de smartphones, el asunto merece unas líneas.

Los 78.351 millones de dólares de ingresos, un 3% de incremento en doce meses, marcan un récord histórico. Sin embargo – perdón por hacer de Pepito Grillo – el trimestre tuvo 14 semanas, una más que el de referencia un año anterior, lo que hace una diferencia importante en estas magnitudes. En cuanto al beneficio neto [17.391 millones] fue un 2,6% inferior al de igual trimestre en 2016, pero habiendo menos acciones entre las cuales dividirlo, se ha podido calificar como récord que el beneficio por acción subiera de 3,30 a 3,38.

Normalmente, el primer trimestre de cada año fiscal es el más rentable del ciclo, por dos razones: es tiempo de campañas (Black Friday y Navidad) y también el primero de cada generación del iPhone. Se nota en el ambiente un deseo manifiesto de subrayar que Apple está viviendo un momento histórico. Esta corriente contrasta con otra cuya tesis insiste en que Apple ha perdido su aura innovadora desde que Tim Cook sustituyó al difunto Steve Jobs. Ambas posturas, en mi opinión, responden a intereses creados.

Las noticias de la semana pasada se han simplificado demasiado al hacer hincapié en el iPhone, y es lógico que así sea. Según datos de IDC, Apple ha superado a Samsung en ventas de smartphones en el trimestre, aunque la marca coreana ha cerrado el 2016 como líder. A menos que tenga algo nuevo que mostrar, a Samsung se le hará cuesta arriba contrarrestar las expectativas en torno al futuro iPhone 8, que previsiblemente verá la luz en septiembre.

Si nos centramos en el iPhone, resulta que ha tenido un crecimiento del 5% en el año, tanto en unidades [78,3 millones] como en ingresos [54,378 millones de dólares]. También récord histórico. Los 3,5 millones de unidades adicionales tienen una explicación plausible: hace un año no existía el iPhone SE (lanzado en marzo de 2016), lo que incita a pensar que, en realidad, el agregado iPhone 6/iPhone 7 no habría crecido sino tal vez decrecido.o

Un aspecto que no he visto en las crónicas es el precio medio (ASP) de los  iPhones despachados, que ha subido de 690 a 694 dólares. Se siente uno tentado de multiplicar esos 4 dólares por los 78,3 millones de iPhones. Pero tiene fácil explicación: el iPhone 7 Plus, el más caro de la familia, ha tenido un gran éxito pero, además, está el factor del almacenamiento: en la anterior generación, iba de 16Gb a 64Gb, que en la actual ha subido a 32 Gb y 128 Gb. La diferencia estimula que la mezcla del mercado total se desplace hacia los modelos de mayor capacidad y mayor precio.

Porque la variante fundamental en el modelo de negocio del iPhone es el ASP (Average Sale Price). Todavía no hay indicios de si Apple renovará su smartphone de gama media SE, pero marzo está a la vuelta de la esquina: empezarán las filtraciones acerca del iPhone 8. Es una gimnasia que Apple tendrá que controlar para que no debilite prematuramente a los modelos vigentes. Presumiblemente, la batalla por el mercado mundial acentuará el peso específico de los modelos premium, como podrá verse en el Mobile World Congress: todas las marcas que pintan algo quieren batirse por la cuota del iPhone.

Otro componente destacado en los resultados del trimestre han sido los servicios [contenidos, Apple Care, Apple Pay, licencias, etc], cuyo aumento ha sido espectacular: 18% interanual. Está muy bien, pero han sido 7.172 millones de dólares, el 13% del total de ingresos. Cumplen la estrategia trazada, pero no son el sustituto necesario del iPhone, entre otras cosas porque hay un vínculo visible entre ambos.

Entretanto, el iPad sigue su linea descendente [-19% en unidades, -22% en valor] confirmando la tendencia general del mercado de tabletas: no sólo se venden menos, sino que la gama baja concentra la demanda. Parece como si el iPad Pro ha hecho muy poco para iniciar una recuperación: el precio medio de esta familia de productos ha caído en sólo tres meses de 460 a 423 dólares.

¿Y el Mac? Bien, gracias. Las ventas han sido razonablemente buenas [casi 5,4 millones de unidades, 1% de crecimiento] y su precio medio ha subido de 1.270 a 1.348 dólares. Algo que, desde luego, no pueden decir otros fabricantes de PC, pero no tendrá influencia real en el futuro de Apple: es un producto histórico, intocable, pero no está claro cuánta atención le dedica la compañía en esta fase de su desarrollo.


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