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  14/07/2009

AlcaLu y HP, un noviazgo de conveniencia

Ninguna relación anterior permitía emparejarlas; ni tan siquiera competían en un mismo segmento del mercado. Alcatel-Lucent y Hewlett-Packard acaban de unirse en una alianza cuyo propósito es “desarrollar servicios conjuntos en nuevas áreas de sus respectivos negocios”, según la letra del comunicado conjunto. Bajo la  retórica subyace una transacción que tendrá efectos económicos. El inmediato es el siguiente: Hewlett-Packard se hará cargo de las operaciones informáticas de su nueva aliada. De momento, es lo único tangible de interés mutuo: un contrato de outsourcing que implica transferir un millar de empleados de Alcatel-Lucent a la plantilla de HP.
A medio plazo, las dos empresas se proponen comercializar software y servicios empaquetados con equipos de redes, una actividad que atenuaría sus costes de inversión en desarrollo y, se presume, les ayudaría a competir con Cisco y Avaya. Es público y notorio que las relaciones entre HP y Cisco se ha agriado en los últimos tiempos, y que  Avaya se ha reforzado como competidor de AlcaLu tras  comprar la división de comunicaciones de empresa de Nortel.
Por esto, la aproximación de Alcatel-Lucent y HP tiene mucho sentido estratégico: una mutación de las infraestructuras de comunicaciones para asimilar el crecimiento del tráfico de datos y vídeo. “Ninguna compañía del mundo tiene en su seno todo el conocimiento que necesita para competir; al combinar nuestras fuerzas, las dos empresas podremos vender más de lo que vendemos por separado”,  ha explicado Ben Verwaayen, consejero delegado de Alcatel-Lucent. Pero llevará tiempo, reconoce el directivo.
A corto plazo, el acuerdo sirve al propósito de Verwaayen de meter tijera en sus costes operativos. La sangría de pérdidas que Alcatel-Lucent sufre crónicamente desde su nacimiento por fusión, y la compleja integración de sus dos componentes, han impedido que pudiera sumarse a la corriente de contratos por los que los operadores ceden a los fabricantes de hardware la gestión de sus redes y sistemas. En esta modalidad en auge, se le han adelantado Ericsson y Nokia Siemens. Puesto que las infraestructuras existentes tendrán que ser reemplazadas a corto o medio plazo, instalarse en la posición de prestatarios de servicios abre puertas para que la tecnología propia sea elegida cuando llegue el momento. Esta es la lógica profunda del acuerdo: no perder el paso en una danza cuya pista se reduce.

Ninguna relación anterior permitía emparejarlas; ni tan siquiera competían en un mismo segmento del mercado. Alcatel-Lucent y Hewlett-Packard acaban de unirse en una alianza cuyo propósito es “desarrollar servicios conjuntos en nuevas áreas de sus respectivos negocios”, según la letra del comunicado conjunto. Bajo la  retórica subyace una transacción que tendrá efectos económicos. El inmediato es el siguiente: Hewlett-Packard se hará cargo de las operaciones informáticas de su nueva aliada. De momento, es lo único tangible de interés mutuo: un contrato de outsourcing que implica transferir un millar de empleados de Alcatel-Lucent a la plantilla de HP.

A medio plazo, las dos empresas se proponen comercializar software y servicios empaquetados con equipos de redes, una actividad que atenuaría sus costes de inversión en desarrollo y, se presume, les ayudaría a competir con Cisco y Avaya. Es público y notorio que las relaciones entre HP y Cisco se ha agriado en los últimos tiempos, y que  Avaya se ha reforzado como competidor de AlcaLu tras  comprar la división de comunicaciones de empresa de Nortel.

Por esto, la aproximación de Alcatel-Lucent y HP tiene mucho sentido estratégico: una mutación de las infraestructuras de comunicaciones para asimilar el crecimiento del tráfico de datos y vídeo. “Ninguna compañía del mundo tiene en su seno todo el conocimiento que necesita para competir; al combinar nuestras fuerzas, las dos empresas podremos vender más de lo que vendemos por separado”,  ha explicado Ben Verwaayen, consejero delegado de Alcatel-Lucent. Pero llevará tiempo, reconoce el directivo.

A corto plazo, el acuerdo sirve al propósito de Verwaayen de meter tijera en sus costes operativos. La sangría de pérdidas que Alcatel-Lucent sufre crónicamente desde su nacimiento por fusión, y la compleja integración de sus dos componentes, han impedido que pudiera sumarse a la corriente de contratos por los que los operadores ceden a los fabricantes de hardware la gestión de sus redes y sistemas. En esta modalidad en auge, se le han adelantado Ericsson y Nokia Siemens. Puesto que las infraestructuras existentes tendrán que ser reemplazadas a corto o medio plazo, instalarse en la posición de prestatarios de servicios abre puertas para que la tecnología propia sea elegida cuando llegue el momento. Esta es la lógica profunda del acuerdo: no perder el paso en una danza cuya pista se reduce.


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