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  11/03/2010

Apple vs. HTC, aviso para navegantes (y 2)

No se puede descartar que uno de los efectos de la demanda de Apple contra HTC sea, por lo que se apuntaba en el post de ayer, una paralización de lanzamientos de nuevos smartphones por aquellos fabricantes que pudieran sentirse aludidos como presuntos infractores. No necesariamente sería una razón de peso, allá cada cual, pero si esta conjetura se confirmara, asistiríamos a un goteo de acuerdos para normalizar las licencias de tecnologías patentadas. Dicho sea de paso, la experiencia muestra que casi todos estos litigios se cierran con un acuerdo, pero también indican que un acuerdo puede valer como escalón para lanzar un ataque en otra dirección.

Apple

El párrafo anterior puede leerse como un enigma, pero no lo es: nada más cerrar su pleito con Samsung, Kodak se ha sentido legitimada para denunciar por uso no autorizado de sus patentes relacionadas con las cámaras integradas en los móviles, contra Apple y BlackBerry. La diferencia es que, mientras Kodak pide compensaciones dinerarias, no parece ser este el propósito de Apple: a priori, en sus cálculos no entra la búsqueda de un acuerdo, sino más bien un escarmiento. Jason Schultz, profesor de derecho en Berkeley, describe esta actitud con una frase: “que el mundo sepa que la tecnología de Apple sólo se encuentra en los productos de Apple”.

Ahora bien, un analista del Deutsche Bank – de quien procede el gráfico anexo – ha comprobado que en los últimos años Apple ha atesorado una cartera total de 3.013 patentes, según datos de la oficina federal correspondiente. Desde luego, no todas tienen relación con el iPhone, pero es visible que ha habido una aceleración coincidente con las fases de desarrollo de este. Por su lado, Google tiene registradas 316 patentes de diversa naturaleza – y no hay constancia de litigios – mientras que HTC sólo cuenta con 58 patentes en sus activos. Estas cifras pueden dar una medida de la munición que cada uno guarda en su arsenal de tecnología.

La demanda Apple vs. HTC – como las que antes se cruzaron Nokia y Apple – va por caminos paralelos: uno son los tribunales de Delaware, paraíso de los letrados americanos, que con toda seguridad será inacabable, y otro más expeditivo ante la International Trade Commission (ITC), organismo federal que en un plazo máximo de 15 meses podría bloquear la entrada en Estados Unidos de los productos infractores. Una sanción que sería ruinosa para HTC, puesto que vende en ese país más de la mitad de su facturación. Por su lado, Google sólo ha dicho que no tiene nada que decir, pero tarde o temprano tendrá que mojarse, en público o en privado, en defensa de su socio.

En verdad, el texto de la demanda permite enterarse de que, de los doce móviles de HTC cuestionados, sólo cinco funcionan con Android, y otros siete son de la estirpe Windows Mobile. Antes de colaborar con Google, HTC fue el socio favorito de Microsoft, para el que llegó a fabricar con su marca o la de terceros, el 80% de los móviles bajo Windows. Cualquiera se preguntaría por qué Apple no se mete con su enemigo de toda la vida. Una explicación plausible dice que la versión actual de Windows Mobile está en retroceso en el mercado, y no puede ser una amenaza para el iPhone. Otra razón, formal pero relevante, es que Microsoft tiene firmados acuerdos de licencias cruzadas con 600 empresas, y una de ellas es precisamente Apple.

Se puede extraer una segunda derivada. En su laborioso diseño de la plataforma Windows Phone 7, Microsoft ha evitado caer en el seguidismo al interfaz del iPhone; en esta medida, puede aspirar a ser una alternativa creíble, no contaminada por la emulación. Es curioso, pero HTC será probablemente la primera marca que salga al mercado con un smartphone diseñado sobre esa plataforma.

El episodio ha resucitado las críticas al sistema vigente de patentes aplicadas al software, un verdadero galimatías. “Se supone que el valor social de las patentes consiste en estimular la innovación – apunta Eri von Hipple, profesor del MIT – pero ocurre lo contrario”. Según esta tesis, lo que busca Apple es impedir que su tecnología llegue a convertirse en genérica, lo que recortaría el diferencial de precios a su favor. Los exégetas de Steve Jobs le atribuyen una frase que, real o apócrifa, es coherente con el caso: “si Apple permitiera que la competencia se apropiara de sus ideas, la gente de talento perdería interés en trabajar con nosotros; no hay más que mirar a Microsoft para entenderlo”.

De Microsoft, precisamente, viene una crítica pragmática al sistema de patentes vigente. Horacio Gutiérrez, vicepresidente jurídico de Microsoft, afirma que es insostenible, entre otras cosas, por la montaña de solicitudes pendientes [3,5 millones en todo el mundo, 750.000 en Estados Unidos], cuya aprobación llegará probablemente cuando hayan sido superadas técnicamente. Añade Gutiérrez otro argumento que muchos comparten: la dudosa calidad de muchos catálogos de patentes, cuya existencia sólo se justifica como arma de disuasión, más que de innovación.


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