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  1/07/2009

Chrome OS: por ahora, sólo una promesa

Estaba escrito que Google acabaría tarde o temprano, y por mucho que lo negara, desarrollando un sistema operativo alternativo a Windows, lo que equivale a dotarse de un arma pesada en su encarnizada rivalidad con Microsoft. Estaba escrito, pero el pronóstico rozó el palo cuando, en noviembre de 2007, lanzó Android, un sistema operativo abierto para móviles. Se dijo entonces que era cuestión de tiempo que aplicase el mismo procedimiento a los PC. Pues bien, tal pronóstico se cumple y no se cumple, las dos cosas en una. O eso parece, porque Chrome OS tardará al menos un año en completar su desarrollo, y un año es mucho tiempo para quien piense seriamente en competir.

Se interpretó que al hacer el anuncio, bastante vago en su estadio actual, todo lo que pretendía Google era contraprogramar el lanzamiento de Windows 7, o sea meter ruido; pero si este fuera su propósito, hay que admitir que ha sido insuficiente y hasta frustrante: cuando Chrome OS aparezca realmente, Windows 7 ya habrá jugado varias manos de la partida.

Según la información facilitada por Google, la primera característica reseñable de Chrome OS está en su identidad: ¿por qué dar a un sistema operativo el mismo nombre de su navegador, también llamado Chrome, que no ha sido precisamente un éxito en la llamada guerra de los browsers? Lo mismo podría decirse del apego de Microsoft por llamar Windows a productos diferentes, pero esta excusa no explica nada.

En la visión de Google, más pronto que tarde el acceso a Internet será tan rápido y los navegadores tan potentes, que la mayoría de los programas que ahora funcionan en los PC serán reemplazados por aplicaciones online. Puede que así sea, pero resulta poco plausible que ocurra pronto. A menos, claro está, que Google tenga una fórmula para que Chrome OS pueda funcionar offline y no la haya revelado para no mostrar sus cartas antes de tiempo. Al fin y al cabo, también Microsoft tiene en nómina gente que trabaja con hipótesis similares.

Entretanto, el mundo funciona como funciona, bien o mal, y la ventaja de que goza Microsoft es que miles de desarrolladores de software tienen un interés económico en que sus productos funcionen con Windows, así como hay miles de dispositivos y periféricos cuyos fabricantes los han diseñado para funcionar con su sistema operativo.

Google ha subrayado que inicialmente Chrome OS se ofrecerá sólo en versión para netbooks, una precisión que provoca perplejidad ante las manifestaciones de varios fabricantes que prometen modelos de esta categoría equipados con Android. Por su lado, Google niega categóricamente que Chrome OS no sea otra cosa que un remedo ampliado de Android, lo que significaría que se plantea algún otro modelo de relación con los fabricantes. Tiempo habrá de saberlo.

Sin embargo, la opción por los netbooks tiene lógica. En esta categoría de portátiles, Microsoft padece un problema, que se llama Windows XP, el sistema operativo que en la intimidad quisiera matar pero cuya supervivencia le ha venido muy bien. Esto lleva el pensamiento a otra cuestión: como es obvio, la licencia para instalar Windows en un netbook tiene un coste para los fabricantes, mientras que Chrome OS sería gratuito, lo que permitiría trasladar el ahorro al usuario final, o mejorar el margen. Haciendo una pirueta mental, uno puede imaginar que Google podría recompensar a los fabricantes que instalen el sistema operativo en sus máquinas prescindiendo de Windows (si las autoridades lo toleraran, eso sí), induciendo un mayor uso de su buscador y de sus aplicaciones online, lo que a la postre engordaría sus ingresos publicitarios. El círculo se cerraría, pero ¿no es demasiado perfecto?

La conjetura anterior tiene un fallo: en lugar de diversificar sus ingresos, Google seguiría aferrada a un modelo de negocio que no está exento de riesgos. No es la primera vez que alguien pretende debilitar a Microsoft con propuestas de software gratuito. Las numerosas variantes de Linux no han hecho mella en su negocio. Tampoco IBM y Sun lograron destronar a Windows (tal vez la experiencia explique por qué Eric Schmidt, ex directivo de Sun, se opuso internamente a que Google desarrollara un sistema operativo).

Por último, con muchos meses por delante para conocer exactamente de qué se trata, puede afirmarse que la mayor debilidad de Chrome OS es su necesidad de forjar un nuevo régimen de relaciones con la industria, para asegurarse una difusión que no podría conseguir con sus propias fuerzas. Es difícil imaginar que un número significativo de usuarios se inclinase por un sistema operativo de descarga online. La poco feliz experiencia del navegador Chrome no es un buen presagio, pero tal vez en esa insuficiencia se encuentre la clave de la novedad.


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