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  15/12/2010

Cómo resistir una oferta irresistible

Hay que tener audacia, o seguridad en sí mismo, para rechazar una oferta de compra por 6.000 millones de euros, sobre todo si procede de una fuerza tan poderosa como Google. O tal vez la desconfianza en Google sea una explicación de la negativa de Andrew Mason, fundador de Groupon, a aceptar una suma que multiplica por doce su facturación de este año. La empresa no cotiza en bolsa, ni falta que le hace, gracias a que la última ronda de financiación fue cubierta por el empresario ruso Yuri Milner – que también es accionista de Facebook – sobre la base de una valoración teórica de 1.350 millones de dólares. Así van las cosas en el febril mundo de internet.

Andrew Mason

Andrew Mason

Groupon nació hace menos de dos años con un modelo de negocio singular, que parece inventado a la medida del consumidor en tiempos de crisis: es un portal vistoso pero sencillo, que dedica páginas específicas a casi 200 ciudades y poblaciones de Estados Unidos y 30 de Reino Unidos, a través de las cuales los comerciantes del lugar ofrecen un chollo cada día, ya se trate de una mercancía o de un servicio, con descuentos que pueden llegar hasta el 50% del PVP. La transacción no se completa online sino acudiendo al establecimiento, pero para ello cada usuario tendrá que inscribirse y recibirá por correo electrónico un cupón que dará derecho al descuento. Este sistema, elemental y sofisticado a la vez, acumula los datos de 25 millones de consumidores, una mina de información.

Hay en este modelo de negocio dos elementos clave: su perfecta adaptación al medio local y la interacción “social”. Ambos justifican el interés de Google, que sigue una fórmula más elaborada pero, por lo visto, pierde eficacia cuando topa con el atomizado comercio provinciano; hay en Estados Unidos 27,5 millones de pequeños comercios, pero menos del 8% se ha anunciado alguna vez en el buscador de Google. Por esta simple razón, apropiarse de Groupon cambiaría las cosas para Google, lo suficiente como para justificar el precio ofrecido, que es cuatro veces superior al pagado en 2006 por YouTube, un servicio muy popular pero con el que Google sigue perdiendo dinero.

El rechazo de Mason se interpreta como un signo de que Google no es tan omnipotente como parece: 1) sus ingresos dependen excesivamente de la publicidad, de un tipo de publicidad en particular, 2) ha perdido el tren de las redes sociales (Facebook la supera en el tiempo que le dedican los usuarios, y esto significa tiempo de exposición potencial a la publicidad), y 3) pese a que pretende combinar alcance global con presencia local, su mecanismo automático de inserción de anuncios es menos efectivo que el ejército de vendedores de proximidad que emplea Groupon.

Andrew Mason ha dado dos razones para su rechazo: el deseo de independencia y la expectativa de salir a bolsa dentro de un tiempo. Ambas son creíbles. Algunos de los emprendedores que han vendido sus startups a Google han descubierto, súbitamente ricos, que el comprador no estaba realmente interesado en ellos sino en asimilar su tecnología, y muchos han vuelto a emprender otra aventura. En cuanto a una eventual salida a bolsa, Mason no tiene prisa porque hay mucho capital de riesgo dispuesto financiar sus proyectos, sin aquella ansiedad que condujo al estallido de la burbuja en marzo del 2000. Una de las razones por las que no se ha reproducido la burbuja en los últimos años, pese a la excitación ambiente, es que las transacciones se hacen en privado, y que un activo mercado secundario permite a los inversores y empleados originales vender opciones y/o obtener liquidez, manteniendo el control.

Muchos analistas creen que el año próximo se darán las condiciones para las primeras salidas a bolsa de la nueva era de internet. La más esperada, por supuesto, es la de Facebook, pero Mark Zuckerberg, ha dicho, por activa y por pasiva, que tal cosa no ocurrirá antes de 2012; con la valoración inflada por las expectativas, le sería fácil recaudar fondos para expandir el negocio, o incluso comprar otras empresas. En estos días se ha confirmado que Microsoft estuvo dispuesta a comprar Facebook en 2007 pero, ante la negativa de Zuckerberg, accedió a invertir 240 millones de dólares (equivalentes a una valoración de 15.000 millones).

Pero Facebook es más una excepción que la regla; otros candidatos a salir a bolsa son la red social Twitter (valor estimado: 4.000 millones) o Zynga, especialista en juegos móviles muy vinculada a Facebook. No hay que descartar a Groupon, que con su desplante ha marcado un listón de lo que espera recaudar, como mínimo. Lo que muchos se preguntan quién será el primero en mojarse con Wall Street.


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