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  15/03/2019

Con Hololens, Microsoft se adelanta a todos

Ni Apple ni Facebook ni Google han logrado – pese a intentarlo – un producto de realidad aumentada con visos de éxito entre los usuarios. Sin arriesgar un juicio definitivo, puede decirse que Microsoft les ha adelantado por el carril derecho gracias a HoloLens y ha tomado posición en lo que llama ´realidad mixta` concepto rescatado de los círculos académicos. A diferencia de sus rivales, el producto de Microsoft está dirigido al mundo empresarial, con un enfoque que se enmarca en la estrategia de servicios Azure. No todo son parabienes, sin embargo: el contrato multimillonario para suministrar estos dispositivos al ejército estadounidense ha levantado ampollas entre sus empleados.

Se cuentan por decenas las compañías del Silicon Valley que pugnan por desarrollar y llevar al mercado sus gafas de realidad aumentada, pero en su mayoría no han pasado del laboratorio o, peor aún, han tenido una acogida como mucho tibia. HoloLens, partiendo de trabajos pioneros en la división Microsoft Research ha desoído los cantos de sirena del mercado de consumo (su estrategia general es otra) y ha encontrado un nicho en fábricas y almacenes, para operarios que necesitan un ordenador en su trabajo de campo.

Además, el marketing de la compañía ha elaborado un mensaje positivo para presentar el dispositivo en sociedad. Con gran diferencia, comparado con los errores de pardillo cometidos años atrás por Google con sus gafas Glass. Ese mensaje viene a decir que en estos tiempos en que se teme que la inteligencia artificial suprima puestos de trabajo, HoloLens se postula como “habilitador” para que los trabajadores hagan mejor sus labores.

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La realidad aumentada se contrapone al encapsulamiento de la realidad virtual y se presenta como una tecnología madura, pero Microsoft ha optado por un término medio. La primera versión de HoloLens, presentada en 2015 con el viento en popa del nuevo timonel Satya Nadella, permitía no solo colocar objetos virtuales en la escena real – el concepto de la realidad aumentada – sino también interactuar con ellos. La compañía incluso ha desarrollado lo que denomina como  holographic processing unit (HPU) para soportar los gráficos del dispositivo.

A la primera versión se le objetó, con razón, que las gafas tuvieran un campo de visión reducido donde emplazar los hologramas. Microsoft asumió la crítica y el mes pasado presentó HoloLens 2 en el Mobile World Congress. Incluye un nuevo sistema óptico, que combina tecnología láser y unos pequeños espejos electromecánicos, para aumentar el tamaño del campo de visión. Desde luego, es más fácil de usar y su control por gestos resulta más natural para el usuario. Estas mejoras de diseño se suman a un salto en su rendimiento, con la nueva versión de la HPU y la sustitución de los chips de Intel por los Snapdragon de Qualcomm.

Estrictamente, lo más interesante es lo que hay detrás del hardware. Para arropar a HoloLens, Microsoft ha creado aplicaciones que cubren los casos de uso más comunes de las gafas. Ofrece, por ejemplo, un software para proporcionar asistencia remota a los trabajadores sobre el terreno. Por cierto que Azure cubre con su marca varias herramientas destinadas a HoloLens.

Por ejemplo, una plataforma para tomar de la nube gráficos 3D ha sido bautizada como Azure Remote Rendering, mientras Azure Spatial Anchors es un software para colocar hologramas en un escenario real – algo en lo que trabajan también Apple o Google– para que varios dispositivos puedan interactuar con un mismo objeto virtual. Estos servicios los ha agrupado Microsoft en un paquete a 125 dólares al mes por usuario. Es una voluntad de integración que entronca con la estrategia corporativa de combinar los dispositivos con los servicios de Azure.

Estas herramientas tratan de cubrir una demanda que de otra forma recaería en manos de los escasos desarrolladores que trabajan con HoloLens. Las empresas que han adquirido estas gafas necesitan frecuentemente software específico adaptado a sus necesidades. Es un estímulo para el incipiente ecosistema de desarrolladores, como la startup Object Theory, creada por ex empleados de Microsoft.

De momento el trabajo para estos desarrolladores se genera a partir de HoloLens, sin que otras plataformas compitan por su atención. Google Glass no ha tenido tirón, mientras Apple sigue desarrollando en secreto  un proyecto que no desvelará hasta 2020. De hecho, Avi Bar-Zeev, al que se considera inventor de HoloLens – antes había pasado por las filas de Google – tras cuatro años en Microsoft, se marchó en 2016 a Apple, de la que acaba de desertar sin destino conocido.

Facebook, tras pagar 2.300 millones de dólares por la empresa Oculus en 2014 y darse como objetivo llegar a 1.000 millones de cascos de realidad virtual en manos del público, para lo que durante un tiempo se alió con Samsung, parece haber perdido interés en el juguete, o tal vez sea sólo que tiene cosas más urgentes que atender.

Varias startups trabajan en su propia plataforma de realidad aumentada. La más conocida es Magic Leap, que ha levantado 2.000 millones de dólares de financiación para desarrollar sus gafas. Pese a generar grandes expectativas con vídeos muy vistosos de promoción, aún no ha lanzado al mercado su dispositivo. Esta tardanza ha desinflado el interés y a estas alturas parece evidente que su producto difícilmente podría competir con HoloLens, al menos en el ámbito empresarial.

La posición de Microsoft en este mercado parece imbatible, sobre todo si encuentra la conexión con sus servicios Azure. Además, el líder del equipo que desarrolla HoloLens, Alex Kipman – a su vez inventor de Kinect – no esconde que al dispositivo le quedan algunos años para estar listo para el público de consumo. No hay más que fijarse en el precio: la segunda generación llegará al mercado este año por la nadería de 3.500 dólares. Lo que reafirma a la compañía en su decisión de vender solo a empresas que quieran pertrechar con HoloLens a sus trabajadores.

Ya hay varios casos de uso reales. Uno de ellos es Thyssenkrupp, que ha dotado a sus técnicos de reparación de ascensores con las gafas de Microsoft, de forma que puedan desplegar esquemas del mecanismo o comunicarse con sus compañeros de oficina mientras están trabajando. El grupo alemán estima que esta tecnología le permite reducir de 60 a 20 minutos el tiempo medio de resolución de una incidencia. Por su parte, Microsoft cree que su dispositivo puede ser útil en ámbitos tan dispares como la reparación del motor de propulsión de un avión, una intervención quirúrgica o en el comercio minorista.

Tal vez el mayor escollo que Microsoft tiene en su hoja de ruta para HoloLens lo tenga en casa. Las protestas afloraron entre empleados de la compañía cuando trascendió que había firmado un contrato por 480 millones de dólares para dotar al Ejército de Estados Unidos de 100.000 gafas holográficas. Por cierto, ese concurso lo ganó Magic Leap, gracias a que ya había colaborado antes con el ejército, pero este acuerdo provoca una resistencia inesperada.

Satya Nadella y Brad Smith (su chief legal officer) han recibido una carta colectiva en la que se denuncia que el proyecto militar IVAS (integrated visual augmentation system) al que contribuirá HoloLens, servirá para convertir la guerra real en un videojuego. Los firmantes piden cancelar el contrato y elaborar una rigurosa guía ética para los usos futuros de esta tecnología.

En realidad, esta iniciativa es consecuencia de un sentir generalizado en las compañías tecnológicas. Los trabajadores de Microsoft se alinean así con los de Google, que obligaron a la empresa a renunciar a un contrato de 10.000 millones con el Pentágono. En este caso, al menos de momento, Microsoft no ha dado su brazo a torcer.

[informe de Pablo G. Bejerano]


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