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  26/09/2011

Demasiados mensajeros

Según sostienen algunas crónicas recurrentes, estaría próxima la muerte de los SMS, víctimas fatales del auge de nuevos servicios de mensajería instantánea gratuitos que siegan la hierba a los operadores. Es algo conocido: como se ha visto con la supuesta muerte del e-mail o la previsible del PC, estos presagios revelan ligereza y precipitación, pero la decadencia es real… y gradual. Los datos publicados dicen que en España, los ingresos de los operadores por este concepto han bajado un 28% en los tres últimos años: un 19,8% en 2010 (1.260 millones de euros) para un tráfico de 8.900 millones de mensajes (un 6% menos que el año anterior, 32% menos que en 2006), según el informe de la CMT.

Históricamente, el tráfico de los mensajes cortos en el mercado español ha sido inferior a las medias europeas: 12 SMS/mes por abonado, en contraste con los 115/mes del Reino Unido o los 135/mes de Francia, explica desde Londres el analista Nitesh Patel, de Strategy Analytics.

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A escala mundial el gasto de los consumidores en todas la formas de mmensajería móvil alcanzará en 2013 el pico de los 130.000 millones de dólares, para luego retroceder hasta 122.000 millones tres años después (ver gráfico), que no es mala cifra. A pesar de la competencia múltiple, los SMS representan el 84% de ese total. En realidad, la estadística enmascara el hecho de que los servicios que crecen son en teoría gratuitos, por lo que no influyen en el cómputo de ingresos.

Patel afirma con rotundidad que “a pesar de la abundancia de alternativas, los SMS seguirán siendo el canal dominante para los mensajes interpersonales; en 2015, casi 4.000 millones de usuarios de teléfonos móviles intercambiarán 7 billones de mensajes”. No hay que pensar sólo en los consumidores: “las empresas hacen cada día usos más sofisticados (alertas de citas, información sobre pagos, marketing, programas de fidelidad – de una tecnología que en apariencia se habría quedado anticuada”

En el origen está la diferencia. Como es sabido, los SMS nacieron sin premeditación, gracias a la reserva de un espacio de 160 caracteres en el protocolo de señalización de las redes celulares; funcionan con todas las normas, desde la GSM en vías de extinción hasta la LTE que está llegando. Por tanto, incluso el móvil más modesto lleva embebida esta capacidad; los operadores descubrieron en ella un yacimiento de ingresos que, en España, representa el 8% del total de la telefonía móvil.

¿Por qué declinan el tráfico y los ingresos, pese a que los jóvenes parecen estar todo el día tecleando mensajes en sus móviles? Porque la promesa de no tener que pagar por enviar un SMS (o por recibirlo, en Estados Unidos), ha estimulado la demanda de otros servicios que sólo requieren tener contratada una tarifa de datos, que por lo general es plana o ilimitada. Estas otras mensajerías funcionan accediendo a las redes IP, dando lugar a la llamada internet móvil; por lo tanto, requieren que el dispositivo – un smartphone – tenga instalada una aplicación específica.

Esta limitación no ha sido obstáculo para que estos servicios se apropiasen de una cuota creciente del tráfico de mensajes entre móviles, y que en parte ocuparan el espacio de los fracasados MMS (mensajes multimedia, demasiado caros para el común de los usuarios).

Los operadores, sin excepción, han reaccionado tarde ante la amenaza. Algunos intentaron crear portales propios, que apenas atrajeron tráfico. En febrero, Telefónica, Vodafone y Orange, junto con otras compañías europeas, anunciaron que a finales del 2011 pondrán en marcha un servicio basado en especificaciones comunes, lo que en principio les aseguraría de entrada una gran masa crítica. Técnicamente se llama RCS-e (Rich Communication Suite-enhanced) y aún no tiene nombre comercial. Los principales fabricantes (excepto Apple) están dispuestos a incorporar el chip estándar en sus smartphones, primera condición para que la iniciativa se abra paso en el mercado.

Por la necesidad de consensuar, el desarrollo de RCS-e ha sido exasperantemente lento, y cuando llegue encontrará su terreno ocupado por advenedizos. El analista Patel es escéptico, y cree que en los próximos tres años la recaudación será testimonial; “su mayor problema [de los operadores] será el precio: por un lado, tienen que competir con servicios gratuitos, mientras por otro están obligados a defender un flujo de ingresos que se les escapa lentamente de las manos”.

Ahora mismo, la oferta de mensajería móvil al alcance del público es proteica, pero fragmentada por la incompatibilidad entre marcas y/o sistemas operativos. WhatsApp, el servicio más popular, tiene versiones para todas las plataformas, pero en la práctica sólo puede recibir un mensaje aquel interlocutor que tenga instalada la misma aplicación en su móvil.

En 2011, ha subido como la espuma el uso de BlackBerry Messenger (BBM), que en España supera los 1,2 millones de usuarios, pero exclusivamente entre dispositivos de la marca. Un estudio de GfK ha revelado que BBM ha influído en la decisión de compra de una tercera parte de los nuevos usuarios de blackberries. Y últimamente, para apuntalar esta tendencia, el fabricante ha decidido lanzar un servicio de música (también gratuito) asociado a la cuenta de usuario de mensajería. No está nada claro que tenga la misma acogida.

Este asunto de la compatibilidad no debería tomarse a la ligera. Por ejemplo, Facebook es la red social con mayor número de miembros, pero no todos los usuarios de móviles tienen instalada (todavía) la aplicación Facebook Messenger, ni todos los ´amigos´ en Facebook tienen contratado un plan de datos. La inteligencia de Facebook ha consistido en no lanzar un móvil bajo su marca, lo que ha hecho que todos los fabricantes la cortejen para incorporar la aplicación en sus modelos. A los operadores, esta tendencia de las redes sociales les ha pillado fuera de juego, e intentan paliar el problema ofreciendo paquetes de mensajería a sus clientes de prepago.

Apple lanzará próximamente iMessage, otro servicio cerrado, sólo para usuarios de iPhone e iPad, accesible a través de redes 3G o Wifi, que podría detraer más ingresos de los operadores. El nuevo servicio iMessage está asociado a otro, iCloud, que ofrece alojamiento de archivos y contenidos en la nube. Cualquier usuario de dispositivos iOS (iPhone, iPad e iPod Touch) podrá comunicarse con otro usuario de iOS, no así con los de otros dispositivos. Donde algunos ven una restricción, para Apple hay otra forma de atraer usuarios a su “jardín vallado”.

Tal vez Google, gracias a su gran capilaridad, podría alterar el panorama con su nueva aplicación Huddle, en principio disponible para iOS y Android, pero está por ver cómo la recibirá el público y cómo afectará las cuentas de los operadores, aunque la empresa no renuncia a firmar acuerdos con estos. Hay un antecedente: Google se ha concertado con Orange para promover su servicio de mensajería en los países africanos donde está presente el operador francés.

Skype, ahora controlada por Microsoft, no se queda atrás; en agosto anunció la compra de GroupMe, propietaria de una plataforma compatible con todos los sistemas operativos, y en la que ve una afinidad natural para ampliar el alcance de sus servicios. El último en subirse a este tren ha sido Samsung, que a principios de septiembre anunció un servicio de mensajería, ChatOn, reservado a los usuarios de dispositivos de su marca.

[publicado en La Vanguardia el 25/9/2011]


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