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  9/12/2016

Drones, esos ojos que todo lo ven

El uso de drones para la entrega de mercancías ha sido suficientemente ´viralizada` por las redes sociales. La imagen de un artilugio aéreo depositando un paquete en la puerta de casa es irresistible, pero prematura. Amazon explora la posibilidad de prestar servicio dentro de un radio de 10 kilómetros a un coste de 0,90 centavos de dólar [la entrega por medios convencionales cuesta entre 1,80 y 7,50, que paga el comprador o absorbe el vendedor]. Por su lado, Google ha suspendido temporalmente los ensayos de su proyecto Wing, tras precipitarse a tierra uno de sus drones experimentales de reparto de pizza, y tuvo que abandonar el trato con Starbucks por desacuerdos sobre el uso de los datos.

Al margen de su muy controvertida aplicación militar, el estudio Clarity from above, publicado por PricewaterhouseCoopers, se ocupa de las aplicaciones comerciales. En la práctica, cada sector económico tiene diferentes necesidades para unirse a esta corriente. Para algunos, la velocidad y capacidad de carga útil son los atributos clave; para otros, el elemento diferencial es el potencial de proporcionar datos que, una vez analizados, se convertirán en dinero. Entre todos, significaría repartirse unos 120.000 millones de euros de ahorro, estima PwC sin especificar cómo llega a esas cifras. Según la consultora, “es el valor de los servicios y trabajos actuales que serían reemplazados por las habilidades de estos ingenios voladores no tripulados”.

El informe analiza el uso de los drones en ocho sectores económicos, uno de los cuales es el transporte, el más conocido. Pero en los otros sectores analizados – infraestructuras, agricultura, seguridad, entretenimiento, telecomunicaciones, seguros y minería – las aplicaciones no son menos sorprendentes e igualmente beneficiosas, aunque menos intuitivas.

Los drones sí que han asaltado los cielos, y lo han hecho sin retórica ni prepotencia. Apoyan la gestión de diferentes clases de infraestructura. No sólo pueden realizar trabajos peligrosos en vastas áreas de terreno, sino también recoger datos valiosos a muy bajo coste. En este sector, la monitorización, mantenimiento e inventario de activos son las aplicaciones clave que PwC analiza con cierto detalle. Los autores del informe calculan que el gasto que podrían sustituir sería superior a 42.000 millones de euros.

El conocimiento en tiempo real y la precisión son imprescindibles. Los datos de campo que proporcionan los drones aceleran la fase de diseño, crean modelos digitales en 3D que aseguran una mejor evaluación de los términos de un contrato de obra, y se ajustan al milímetro a los planos: ya se trate de la profundidad de una tubería o la posición de una viga, dando la posibilidad de evitar costes innecesarios y errores peligrosos. Por ejemplo, el acto de inspeccionar un aerogenerador cuesta actualmente unos 1.400 euros por turbina, mientras que el mismo trabajo lo hace un dron por la mitad de dinero. Rendimientos similares pueden conseguirse en la inspección de puentes, túneles o espacios pequeños, con el fin de inventariar activos con precisión y sin poner en riesgo vidas humanas.

Inicialmente, la industria subestimó la utilización de drones en el sector del transporte, pero – aparte del notorio caso del comercio electrónico – hay casos reales en el traslado de medicinas, la gestión de flotas y la distribución de recambios. Prevé PwC que la industria acabará adoptando estos ingenios voladores por su velocidad, accesibilidad y bajo coste de explotación, comparados con otras formas de transporte que requieren mano de obra. De hecho, las aerolíneas empiezan a estudiar proyectos de transporte de personas, con niveles de riesgo equivalentes a los de un avión tripulado. Hoy pueden parecer fantasiosos, pero PwC los considera viables a condición de superar barreras como una regulación que está por hacerse.

El ahorro que los drones permitirían al sector de transporte equivaldría a 12.200 millones de dólares, según el estudio. Bien lo sabe la naviera Maersk, que espera dismimuir su gasto en distribución de piezas entre 2.800 y 8.500 euros por barco. Más filantrópico es el proyecto conjunto de la NASA y Virginia Tech con la startup Flirtey, que dispone de los permisos necesarios para entregar medicamentos y desfibriladores en Estados Unidos, con una aplicación que localiza al paciente, lo identifica y ejecuta un acto médico remoto.

El mundo del seguro está haciendo frente a dos riesgos crecientes: el fraude y los desastres naturales. Según los datos disponibles, el fraude provoca, sólo en Estados Unidos, un agujero de 30.000 millones de dólares, y más de la mitad de las aseguradores predicen un incremento de esta cifra. Por otro lado, el coste anual de reclamaciones por desastres naturales se ha multiplicado por ocho desde 1970, básicamente por el crecimiento demográfico en áreas de riesgo. Los drones ofrecen ventajas tanto en la monitorización y evaluación, como en la gestión de las reclamaciones. Con una reducción de costes que PwC estima en 6.400 millones de euros.

Uno de los campos más populares de aplicación de los drones es, obviamente, la industria de medios y entretenimiento, en la que se podría alcanzar un volumen de negocio de 8.300 millones en tres áreas básicas: fotografía aérea, publicidad y efectos especiales.

Así es. Los drones pueden proyectar anuncios y películas, como se hizo con Harry Potter, Skyfall o El Lobo de Wall Street. La BBC construyó un dron equipado para retransmitir imágenes de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi, y también National Geographic usa drones para filmar sus célebres documentales. Todo ello bajando los costes de produccion, y con una calidad de imagen 4K gracias a las cámaras montadas en estas aeronaves no tripuladas. Como no podía ser menos, los publicitarios han descubierto el potencial de los drones para localizar señales de wifi de usuarios en las inmediaciones de un centro comercial, o para escribir mensajes en el cielo, como se hizo con motivo de la presentación de la última película de Star Trek en Londres.

También los operadores de telecomunicaciones encuentran motivos para interesarse en los drones, para superar algunos de sus problemas con las infraestructuras físicas, como el mantenimiento de torres y antenas. Como ejemplo práctico se cita el caso de T-Mobile, que ha reducido de semanas a minutos ciertas tareas de campo. Incluso podrían formar parte de la red como elementos temporales de transmisión. En esta industria, el ahorro se evalúa en unos 5.900 millones de euros. De cara al futuro, se prevé utilizar los UAV (Unmanned Aereal Vehicles) para la planificación de inversiones y optimización de la red.

La producción agrícola ha aumentado en los pasados años y todo hace indicar que el consumo se incrementará un 70% entre 2010 y 2050, debido al aumento de una población mundial que alcanzará los 9.000 millones a mediados de siglo. Argumento que vale pare pronosticar un uso intensivo de estos ingenios, con un resultado económico presuntamente de 30.500 millones de dólares ¿En qué áreas? Análisis de tierras y supervisión y evaluación de cosechas serían, según PwC, las más propicias. Varias startups han desarrollado sistemas de siembra usando drones, con ratios de acierto del 75% y una considerable reducción de los costes: distribuyen vainas con semillas y nutrientes en el terreno y proporcionan datos precisos para la irrigación y la gestión de los niveles de nitrógeno. Otros proyectos evalúan la salud de las plantas mediante el uso de luz visible e infrarroja, que producen imágenes multiespectrales para indicar cualquier cambio en su estado. En estos proyectos, la principal preocupación no es la velocidad, sino la calidad de los datos.

La tecnología siempre ha apoyado a las empresas de seguridad con todo tipo de sistemas innovadores, pero muchas tareas requieren una dosis de intervención humana. Los drones están cambiando esta situación gracias a la velocidad, tamaño y maniobrabilidad que les son características. Lo harán mucho más, según la previsión, ahorrando al sector unos 9.900 millones de euros. Pero no todos los segmentos de esta industria tienen los mismos requerimientos: el informe distingue dos enfoques: monitorización de líneas (autopistas, fronteras y costas) y de espacios. En ambos casos, en el futuro los datos procedentes de drones serán procesados en la nube [nada más natural para un ingenio volador] y proporcionar reconocimiento de escenas que suplan el papel de los humanos. Los drones no solo detectarán accesos prohibidos a determinadas zonas, sino que identificarán al intruso mediante datos biométricos. Este segmento probablemente requerirá perfeccionar una generación de minidrones.

En el sector de la minería, las aplicaciones no son obvias a primera vista, pero pueden reemplazar al hombre en tareas peligrosas y monótonas, en labores intensivas de inspección, mapeado y seguridad. Cuatro son las grandes áreas de explotación – planificación, extracción protección medioambiental e informes – que, sumadas, ahorrarían 4.050 millones de euros a la industria.

Como colofón, el informe enumera los campos de I+D que perfeccionarán las utilidades de los drones. Cinco son las áreas de trabajo. Se citan los trabajos de las universidades de Sheffield y Sussex, en Reino Unido, y la de Zurich en Suiza, para incorporar inteligencia artificial en sus capacidades operativas. Otro aspecto esencial de I+D tiene que ver con las tecnologías que aseguren el cumplimiento de las normativas de tráfico aéreo, que distan de ser uniformes en el mundo. Los principales fabricantes están integrando sistemas de detección autónoma de obstáculos en sus nuevos productos.

Entre las empresas que se han interesado en este mercado emergente no podía faltar Intel, que ha invertido en dos empresas fabricantes (Airwave y Yuneec) además de adquirir Ascending Technology, creadora de un sistema de prevención de colisiones. Las técnicas de procesamiento de imágenes en 2D y 3D forman parte del arsenal científico que contribuye a hacer avanzar el mercado comercial. Por último, como es de imaginar, el peso y duración de las baterías son sendos retos para la industria. Las más usadas, de polímero de ion de litio (LiPo) sólo permiten entre 40 a 50 minutos de autonomía, por lo que en Corea se trabaja sobre nuevas baterías cuya densidad de energía es un 50% superior a las actuales, mientras se estudia el uso de células de hidrógeno.

[informe de Lola Sánchez]


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