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  19/06/2014

E3: Microsoft recula, Sony echa el resto

Electronic Entertainment Expo es el nombre ideal para que todo el mundo acabe diciendo simplemente E3. Pues bien, la cita de este año en Los Angeles, tan colorida como siempre, ha dejado una estela de presentaciones, conferencias y actos lúdicos; pero protagonistas, lo que se dice protagonistas, sólo ha tenido dos que destacan a distancia del resto: PlayStation 4 y Xbox One. O lo que es lo mismo, Sony y Microsoft. Ventaja para la primera: a finales de abril, la marca japonesa había vendido 7 millones de unidades de su consola, frente a 5 millones de su rival. Más que mérito de Sony, el desequilibrio se debe a los errores que Microsoft ha cometido desde el lanzamiento de su aparato.

La idea de Microsoft de que la Xbox One sirviera para controlar la televisión y ofrecer servicios de música y película en streaming no es que fuera intrínsecamente mala, sino que fue ejecutada con arrogancia y torpeza, sin calcular cuál sería la reacción de los usuarios fieles a la anterior generación, la Xbox 360. Consecuencia: no tuvo la acogida que esperaba entre su público ni acertó en la estrategia para ganar nuevos contingentes.

Empaquetar la consola con el controlador gestual Kinect equivalía a ofrecer al usuario una experiencia superior, pero valorar la experiencia en 100 dólares adicionales no fue bien aceptado en el mercado, máxime cuando Microsoft ya sabía que Sony tendría que aferrarse a su consola para paliar las desgracias financieras de la compañía, y que marketing explotaría hábilmente la diferencia de precio: para el público al que ambas se dirigen, 100 dólares es una cuantía importante. Otro problema fue el intento de hacer pagar un plus de tarifa mensual por acceder al streaming de Netflix, al que se puede acceder sin coste adicional en servicios como Apple TV, Google Chromecast, Rohu y otros en Estados Unidos. En tercer lugar, fue un disparate tratar de restringir los videojuegos de segunda mano y poner como requisito contar con una conexión permanente a Internet.

A Sony le ha bastado con no hacer lo que hizo Microsoft. Se sabe que cada “guerra de las consolas” dura al menos cinco años, el tiempo que tarda cada generación de hardware en agotar su capacidad de crecer y dejar paso a otra nueva. La estrategia decidida en su día por Steve Ballmer para el lanzamiento de la Xbox One tenía como fundamento la evidencia de que el comportamiento de los aficionados estaba cambiando y las consolas tenían que ofrecer prestaciones diferentes. No estaba mal pensada, pero Microsoft falló al llevarla a la práctica: a Kinect se le reservan otros destinos, el precio de la consola ha bajado y la primera prioridad es ganarse la confianza de los adictos al videojuego. La conquista del centro del hogar digital es misión más complicada.

Al final, el factor decisivo no es la máquina, y de esto se discutió mucho en el E3. Microsoft, decidida a reconquistar a su público, se ha centrado en los títulos más populares, las sagas que le han dado tan buenos resultados hasta ahora. Los contenidos exclusivos son un empeño para ambas compañías. Financieramente, Microsoft está en mejores condiciones de comprar exclusivas, pero para los desarrolladores la rentabilidad de esos acuerdos dependerá del volumen de ventas de la Xbox One, y ahí es donde surgen las dudas entre los que temen que si se casan con uno no serán admitidos en casa del otro. Sony ha preferido una táctica más sutil: que en la rival, o simplemente llegarán antes.

Sony ha ganado el primer asalto y ha perdido la ventaja del precio, pero aspira a mantener su posición porque, tras las pérdidas constantes de la división de televisión – que podría segregarse, menudo trauma, como mal menor para evitar separarse de Sony Pictures, como le exige un grupo de accionistas cada vez más numeroso – la rama de videojuegos es uno de los pocos negocios creíbles que le quedan, y el orgullo de Kazuo Hirai, que la dirigió antes de ser promovido a CEO de la compañía.

Microsoft ganó con la Xbox 360 la batalla anterior en la prolongada “guerra de las consolas”, pero es posible que la salida en falso le cueste ser relegado en la actual generación: la consultora IHS estima que venderá en total 48 millones de unidades hasta 2018 [año límite si la actual hornada cumpliera el ciclo quinquenal] frente a los 65 millones de la PlayStation 4. Para afianzar este pronóstico, Sony anunció en el E3 nuevas iniciativas, que contrastan con el paso atrás de su adversario. Es el momento para lanzar, en los próximos meses, un accesorio llamado TV Box, para arrebatar a Microsoft el argumento que no le ha funcionado. En paralelo, Sony apoyará un canal en YouTube para que los usuarios de su consola puedan difundir vídeos con sus sesiones más espectaculares, y también creará una red para que también puedan jugar online los poseedores de sus modelos anteriores.

Hasta aquí, parecería que todo se reduce a la lucha entre Sony y Microsoft. Pues no. Nintendo está en una profunda crisis de identidad, pero puede dar guerra. Esta sería la batalla entre dos compañías japonesas: por primera vez en ocho años, Sony ha vendido más consolas que Nintendo, pero no es para echar las campanas al vuelo. Todo se explica porque la segunda cayó un 30% y la primera “sólo” un 20%. Sobre todo han caído las que sufren directamente la competencia de los smartphones y las tabletas, como la PSVita y varios modelos de Nintendo.

No se puede descuidar ningún frente, y por ello Sony se ha montado en la moda de la realidad virtual al anunciar, sin fecha ni detalles, su proyecto Morpheus, que pondrá a disposición de los desarrolladores. En el flanco de los hardgamers o jugones, la competencia viene de algunas marcas de PC que, en combinación con fabricantes de tarjetas gráficas, han subido el listón de la ´experiencia de usuario´.

Quedarían asi configuradas tres capas del mercado: las consolas representan el 63%, los PC el 20% y el 17% los dispositivos móviles. Los grandes productores de videojuegos han adoptado una actitud común: apoyan con todas sus fuerzas a las marcas de consolas, centrándose en las sagas más exitosas. Saben que si los móviles ganan terreno, lo más probable es que sean ellos los sacrificados, a manos de desarrolladores de menor tamaño. Parece mentira cuántas cosas ocurren en una feria conocida por una letra y un número, E3.


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