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  19/12/2011

Extraño gambito de Steve Ballmer

No hay acuerdo entre los exégetas a la hora de interpretar el movimiento de piezas que el otro día anunció Steve Ballmer. En momentos clave para Windows Phone, ha desplazado a su hasta ahora responsable, Andy Lees, a una casilla lateral, pero a su vera, nombrando un sustituto para dirigir este negocio que – según dijera Ballmer en julio – “ha pasado de ser muy pequeño a ser muy pequeño”. No se trata, al menos explícitamente, de una degradación, porque Lees conserva su rango de presidente, pero no tendrá organización a sus órdenes. En una empresa como Microsoft, los galones se defienden ejerciendo la autoridad sobre una estructura, que es justamente lo que Lees ha perdido.

Andy Lees

Andy Lees

¿O es una promoción? En un memorandum interno, escribe Ballmer: “he pedido a Andy que asuma un nuevo rol, trabajando para mí en una función temporalmente crítica, con el fin de obtener el máximo impacto en 2012 con Windows Phone y Windows 8”. Si se lee con atención, la frase no dice lo que parece decir. Si la intención es dar forma a ese “ecosistema unificado” que Lees mencionó como al descuido a principios de año en Barcelona, el reto exigiría algo más que cercanía al consejero delegado.

Sin duda, 2012 será un año crucial para el futuro de Microsoft, en el que, a) necesita imperiosamente sacar a Windows Phone de la marginalidad, b) lanzará una nueva versión del sistema operativo (Tango) orientada a competir en los mercados asiáticos, c) presentará el esperado Windows 8 y d) preparará el advenimiento de Windows Phone 8, apodado Apollo, previsto para principios de 2013.

A corto plazo, lo único que tienen en común Windows Phone y Windows 8 sería el interfaz Metro, un look-and-feel presente en los smartphones y “muy pronto” en las tabletas y PC que funcionarán con el futuro sistema operativo. A largo plazo, lograr un “ecosistema unificado” implicaría que los dos entornos usen un mismo sistema operativo o, al menos, gran número de componentes comunes, lo que facilitaría mucho la tarea de los desarrolladores en ambas plataformas. Los problemas son considerables: los smartphones se basan en el compacto Windows CE, del que ya se ha prometido que evolucionará para alinearse con su primo mayor. Por su lado, Windows 8 saldrá con dos variantes: una para los procesadores x86 y otra para la arquitectura ARM. Armonizar todo esto en 2012 se antoja tarea demasiado ambiciosa.

Demasiado incluso para Andy Lees, un veterano de la compañía que en 2008 fue ungido sustituto de Pieter Knook, que pasó a trabajar para Vodafone (hasta hace un año). En octubre de 2010, Lees fue promovido de vicepresidente a presidente, pero sus críticos internos y externos le echan en cara que, bajo su mandato, Microsoft haya recaudado más por licencias sobre su propiedad intelectual encontrada en Android, que por la venta de software Windows Phone.

El sucesor de Lees será Terry Myerson, quien a sus funciones como vicepresidente responsable de ingeniería de la unidad de móviles, añadirá el desarrollo del negocio y el marketing. Se le atribuye haber dicho a su equipo esta frase: “a todos los efectos prácticos, tenemos el 0% del mercado, si conseguimos el 10% será fantástico”.

Al reseñar las cualidades de Myerson para el cargo, se ha puesto énfasis en subrayar su buen carácter. Una alabanza que intencionadamente alude a la reputación de malas pulgas que ha acompañado la gestión de Lees. Este habría tenido, supuestamente, conflictos con varios fabricantes que se habían comprometido a lanzar productos basados en Windows Phone, y no han visto con buenos ojos la primacía concedida a Nokia. De hecho, llegadas las navidades, no se conoce qué lugar ocupará Windows Phone en los planes de esos fabricantes para 2012.


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