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  11/05/2012

Google pierde, pero Oracle aún no ha ganado

Es una de esas situaciones en las que conocer el nombre del perdedor no basta para que el ganador se lleve el trofeo a casa. La diferencia reside en que Oracle busca la derrota total del adversario, y todo lo que no llegue a tanto será poco para Larry Ellison. El veredicto del jurado ha dejado establecido por unanimidad que 37 API (application programming interface) de Android copian “la estructura, secuencia y organización de las API de Java”, lo que confirma la tesis del copyright sostenida por Oracle. Pero no ha podido ponerse de acuerdo en el punto que realmente inclinaría la balanza: al cometer esa infracción, ¿hacía Google “un uso justo” de esos códigos?

Larry Ellison
Larry Ellison

Ahora, todo gira sobre ese punto: si a pesar de haberse declarado su culpa en la infracción del copyright sobre esas herramientas y nueve líneas de código asociadas, el tribunal decidiera que era “uso justo”, entonces el castigo a Google –que será fijado en el tercer capítulo del juicio – podría no justificar la demanda de 1.000 millones de dólares.

De inmediato, los abogados de Google han pedido la nulidad con el argumento de que el jurado ha dejado sin resolver una cuestión primaria. Los de Oracle, en cambio, han recibido el veredicto como una victoria, que lo es, y se apoyarán en él para la segunda fase, en la que el mismo jurado deberá establecer si ha habido violación de dos patentes registradas a nombre de Oracle. Pero antes, el juez deberá arbitrar la cuestión que el jurado ha dejado en blanco, el “uso justo”. Esta noción equivale a decir que es legítimo usar un trabajo protegido por derechos de autor sin consentimiento del autor, si al hacerlo se hace avanzar el interés pùblico añadiéndole algo nuevo o funcional. Es lo que Google dice de sí misma y de su construcción de Android.

Casualmente, un caso en Europa, iniciado por la empresa SAS Institute, se ha cerrado en los últimos días con una sentencia inversa: según el alto tribunal, el software puede constituir materia de copyright, sin afectar a sus externalidades (la función que cumple, la interfaz de programación y la estructura de datos que usa). La disparidad de regímenes en Estados Unidos y Europa podría afectar la competitividad y la innovación en el mercado de software, advierten expertos que reclaman una puesta al día de la legislación estadounidense. Obviamente, el juez no tiene por qué tener en cuenta esas opiniones, ni lo que se espera de él es una aproximación de jurisprudencia. Al no obligar al jurado a seguir deliberando o, en su defecto, reemplazarlo, el juez se ha hecho cargo de tomar la decisión.

Una cosa es el veredicto, y otra la sentencia: aunque se ha marcado un primer triunfo, Oracle podría finalmente no conseguir lo que busca. El juez aún podría sentenciar que Google debe parchear Android para que la infracción desaparezca o, en su defecto, llegar a un acuerdo con la otra parte para regularizar el copyright.

Aun así, queda la segunda parte, concerniente a dos patentes en poder de Oracle (dos de siete interpuestas originalmente) que se refieren a Darvik, la máquina virtual incorporada en Android, que presuntamente violaría el derecho adquirido por Sun, ahora propiedad de Oracle. También en este capítulo, hay abundante materia para marear a los miembros del jurado. El abogado de Oracle sostiene que sus patentes describen una manera de “simular la ejecución” de un programa, mientras que el de Google usa el vocablo parse (analizar sintácticamente) en lugar de simulate.

Google sabía que Sun era titular de esas patentes, afirma el letrado de Oracle, cuando decidió desarrollar Darvik. Su contrincante responde que esas patentes son de los años 90 y, por tanto, no estaban relacionadas con los smartphones, un invento posterior.

Algunos de los testigos de la fase previa serán citados nuevamente a declarar. Por ejemplo, Jonathan Schwartz, último CEO de Sun, ha dicho que en su momento discutió con el fundador, Scott McNealy, las infracciones de Google pero, de común acuerdo, decidieron dejarlas correr para no enturbiar la venta de la compañía, que primero negociaron con IBM y luego con Oracle. Por cierto, McNealy, gran amigo de Ellison, sostuvo en el juicio que Google no tiene derecho a usar Java sin pagar.

Se ignora si volverá al estrado otro testigo de cargo, James Gosling, el “padre” de Java. En su condición de ingeniero de Sun, se llevó un disgusto – ha dicho varias veces – al observar “la codicia” de Oracle en relación con su criatura. Por esto, cuando se concretó la operación, optó por marcharse … a Google. Luego, Gosling volvió a sentirse incómodo, y se buscó otro trabajo. Ante el tribunal, ha dicho que no obstante ser conocida su posición, piensa que “lo que hizo Google fue embaucar a los directivos de Sun”.

Sólo cuando se hayan completado las dos primeras fases, el tribunal entrará a considerar el monto de los perjuicios causados a Sun/Oracle, sea los 1.000 millones reclamados por la empresa de Ellison, o una cantidad menor, prácticamente simbólica. O no definir el monto y presionar a las partes para que lleguen a un acuerdo al que se han resistido.

Todo este episodio es inusual, pero es que Java es inusual. Combina varias cosas: un lenguaje de programación, un runtime para la ejecución de un programa, un marco de instrucciones para ese lenguaje, y la documentación adicional. Si se sentara un precedente sobre Java, toda la industria del software tendría que reabrir la cartilla. La Corte Europea ha dictaminado que cada estado miembro deberá revisar la legislación sobre la base de que “sólo a través de la elección, secuencia y combinación de palabras, cifras y conceptos matemáticos un autor de software puede expresar su creatividad”. Veamos cómo se hace para que el genio vuelva a la botella.


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