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  9/04/2012

Historias de una SIM menguante

Echando mano de un tópico de los titulares de prensa, podría decirse que es una batalla anunciada. Apple lleva bastante tiempo barruntando la manera de subvertir, en su favor, el formato – más o menos universal – de la clásica tarjeta SIM, con la consiguiente alarma de sus rivales y, hasta ahora, de los operadores. La divergencia está servida para que la dilucide el ETSI (European Telecommunications Standards Institute), órgano que se ocupa de la estandarización en Europa y cuya influencia es decisiva puesto que en este continente nació la norma GSM. Debía discutirse hace diez días, pero a la vista de que la imposibilidad de un acuerdo, se prefirió postergarlo “al menos un mes”.

Apple ha presentado al ETSI su propuesta de nano-SIM para que sea adoptada como estándar: un formato reducido que ofrecería la ventaja de liberar espacio en los móviles para dar cabida a otros componentes, que con la llegada de la 4G se hacen necesarios, pero añadirían volumen al dispositivo, que por otro lado conviene que sean tanto o más delgados que los actuales. La propuesta de Apple no es la única: Nokia, que tradicionalmente – como líder del mercado – ha tenido gran influencia en esta materia, ha presentado la suya y, al parecer, RIM/BlackBerry tercia con su propia alternativa. Pero el asunto es más complicado que arbitrar entre tres formatos, porque el conflicto de intereses es sangrante.

Recapitulando. Cuando aparecieron las primeras redes GSM, los móviles eran voluminosos y las SIM (Subscriber Identity Module) solían alojarse bajo la batería. Posteriormente, la miniaturización del diseño permitió la adopción de formatos más pequeños, hasta llegar al oficialmente llamado mini UICC (para mayor confusión, es costumbre llamarlo micro-SIM), que llevan el iPhone 4S y el nuevo Nokia Lumia. Si alguien creía que ahí se detendría la tendencia, se equivocaba. Un nuevo factor de forma (sic) está ahora en discusión bajo el nombre genérico de 4FF o, para más comodidad, nano-SIM.

La empresa alemana Giesecke & Devrient, que en 1991 fabricó la primera tarjeta SIM y, junto con la holandesa Gemalto, lidera este mercado, mostró en noviembre un prototipo de nano-SIM de 12mm x 9mm, que ocupa un 30% menos de superficie que una micro-SIM. Si a eso se añade una reducción del 15% en su grosor, resulta que requiere casi un 60% menos de espacio efectivo. Se supone, aunque no está dicho, que el modelo alemán coincide con la propuesta de Apple al ETSI. Según su fabricante, muestras iniciales han sido entregadas a varios operadores para que prueben la compatibilidad con sus redes.

Fuente: Giesecke&Devrient

Fuente: Giesecke&Devrient

La nueva versión no diferiría electrónicamente de la actual, y respeta las normas ISO y GSM; la única diferencia aparente es que lleva menos plástico (y otro adaptador interno) pero también más delicada de manipular. Esta es otra de las objeciones esgrimidas contra el formato propuesto por Apple: el usuario podría provocar daños en la tarjeta si la manipulara personalmente, un rasgo que no necesariamente preocupa a los operadores, porque podría ayudarles a retener clientes.

En realidad, a Apple no le interesa demasiado la “universalización” de su formato, pero la estandarización facilitaría las cosas en su relación con los operadores, que desconfían de las intenciones últimas de aquella. Para obtener el reconocimiento como estándar, debería acogerse al régimen FRAND (Fair, Reasonable and Non-Discriminatory), exigido por las normas del ETSI con el fin de que terceras partes pudieran adoptarlo a su vez.

Para ser convincente, Apple ha declarado su disposición a ceder gratuitamente a otros fabricantes la licencia de cualquier “patente esencial” asociada al nuevo formato. Pero condiciona la oferta a que los demás abran recíprocamente sus patentes relacionadas. Ahí, precisamente, estalla el conflicto. Nokia ha rechazado la pretensión de Apple calificándola de hipócrita. “La oferta es una presión al resto de la industria – afirma – porque pretende disimular su control sobre el formato invitando a los demás a renunciar a todo desarrollo alternativo”.

Aunque Nokia es el único fabricante que ha verbalizado su rechazo, en su actitud lo acompañan Motorola Mobility (seguro que con el respaldo de Google) y RIM. No hay noticia de cuál pueda ser la posición de Samsung, cuyo peso en el mercado es superior al de la marca finlandesa (aunque esta, por ser europea, tiene muchos votos en el comité que debe dictaminar).

Es posible que no haya dictamen. El especialista alemán Florian Mueller no cree que este asunto pueda cerrarse durante el año y, a la vista de que cuatro plataformas [iOS, Android, Windows Phone y BlackBerry] están directa o indirectamente involucradas en la discusión, prevé como probable una batalla de alcance mayor que los numerosos litigios sobre patentes todavía abiertos, en los que Apple es parte demandada o demandante, según los casos.

La controversia entre fabricantes es explicable, pero el fiel de la balanza está en la actitud que adopten los operadores. Eso es harina de otro costal. Es notorio – aunque no oficial – que el objetivo soñado de Apple es eliminar por completo de sus dispositivos la tarjeta SIM, no necesariamente en sentido físico pero sí en su función como mecanismo crucial en el vínculo entre operadores y usuarios. Las SIM, con independencia de su formato, son controladas por el operador que las entrega al usuario para conectar a su red. En poder del primero está la clave criptográfica necesaria para identificar la autenticidad del segundo y garantizar la seguridad de la conexión y el acceso. La regulación ha establecido las normas de transferencia de la SIM emitida por un operador a otro competidor, y este funcionamiento ha sido clave para la popularidad de la telefonía móvil.

Apple, por su lado, tiene tendencia a considerar que el usuario es “su” cliente, y esto significa la posibilidad de que esa función de control por hardware pasara a ser asumida por un software ´embebido` en el procesador. Esto permitiría, por ejemplo, gestionar la selección de red desde un sistema modelado sobre iTunes, mediante el cual el usuario de un iPhone tendría capacidad de sortear el papel del operador. Podría comprar el dispositivo en una tienda de Apple y, sin intervención del operador, registrarlo en una red u otra según su conveniencia.

Fuentes de un operador europeo han contado al autor de este blog que Gemalto ha desarrollado una tarjeta SIM específicamente pensada en la conveniencia de Apple, y que podría integrarse en un iPhone. El resultado obvio sería que el papel de los operadores en su comercialización sería cercenado.

Esta posibilidad teórica (o no tan teórica) pone los pelos de punta a cualquier operador que defienda ese papel. En este momento, Apple no tiene peso suficiente en el mercado como para imponer ese cambio, pero por alguna razón los operadores parecen más inclinados por apaciguar a Apple que por apoyar la oposición al estándar propuesto por esta. El único que ha reconocido haber colaborado en esa definición es France Télécom. Otros estarían también por la labor, pero no lo dicen abiertamente. El argumento, o pretexto, sería que lo más eficaz por el momento es asegurarse de que la propuesta contempla sus requisitos de integridad y seguridad de las redes. Si a cambio de esta complacencia han obtenido contrapartidas o promesas, es algo que sólo saben los protagonistas.

La partida se juega en Europa porque es aquí donde un sistema de estandarización ha regido la segunda y tercera generaciones de telefonía móvil. Para que un móvil pueda venderse en Europa, debe ajustarse a la norma que exige que la tarjeta SIM pueda extraerse para que el usuario pueda insertarla en otro dispositivo, del mismo o de otro operador. Pero el calendario de lanzamiento de smartphones de 4G está más avanzado en Estados Unidos, donde Verizon y AT&T (que suman dos terceras partes del mercado) están predispuestos a llegar a acuerdos con Apple. Ajustarse los cinturones.


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