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  29/06/2012

José Manuel Desco

Director General de T-Systems Iberia

El sector de los servicios informáticos vive en España una doble, o triple, transición. Dos tendencias de los últimos años se han acentuado: la alta rotación de contratos y un cambio en las prestaciones que se demandan. A esto se suman los efectos de la crisis. T-Systems, filial ibérica de la rama de servicios informáticos de Deutsche Telekom, ocupa la sexta plaza del ranking español, pero su cifra de negocios casi no se ha movido en los últimos años, unos 360 millones. Las raíces del problema, y la estrategia para salir de él, han sido la materia de la entrevista con José Manuel Desco, su director general desde hace poco más de un año.

José Manuel Desco
José Manuel Desco

Hoy por hoy, es imperativo preguntarle por el impacto de la crisis.

La crisis nos ha pillado a todos, y en nuestro caso la capacidad que habíamos adquirido para prestar servicios a la banca, lamentablemente no es aprovechable en la situación actual. Para este año, hemos hecho un presupuesto plano: nos conformaremos con repetir la cifra de negocios en un contexto que es mucho más duro.

¿Esperar hasta que aclare?

De ninguna manera. Hemos reforzado nuestra acción comercial, y ponemos énfasis en las capacidades internacionales del grupo, que creemos interesantes para las empresas españolas que se la están jugando fuera. La tecnología está cambiando mucho, y va a cambiar mucho más en los próximos años, por eso es muy importante el apalancamiento financiero: quien no tenga capacidad de financiación, no podrá dar los servicios que pide el cliente.

¿Es esa la ventaja de T-Systems? ¿Su capacidad financiera?

Los clientes buscan proveedores ´extremo a extremo`, y nosotros podemos darles toda la tipología de servicios, desde gestionar el centro de datos más grande hasta mantener el dispositivo más pequeño. Y cuando nos piden ahorros del 25% o más, como está ocurriendo, sólo se pueden ofrecer abarcando toda la cadena de valor.

¿Con qué sectores trabajan en España?

Estamos muy centrados en la industria de automoción y en el sector público, que es el origen de la compañía en España y donde creemos tener mucho que aportar. Vamos a invertir para atender al sector de Telecos en su vertiente de medios, y también otros servicios públicos, pero la banca no la podemos descuidar, aunque tenemos ciertas prevenciones […]

¡Quién lo hubiera dicho! Prevenciones sobre la banca […]

Las tenemos porque el sector bancario está sometido a unos vaivenes tales que algunas entidades que son clientes, no sabemos dónde van a acabar y con quién acabarán; y esto, naturalmente, es una condición para saber qué les podemos vender.

¿Se ha cortado el avance tecnológico de la banca?

En mi opinión, el ciclo de inversión de la banca en los últimos 15 años ha sido fenomenal, y probablemente hacia 2005/2006 los bancos empezaron a ver que su modelo tecnológico se agotaba. Entidades muy punteras empezaron a darse cuenta de que lo invertido en tecnología y que les había permitido ganar clientes, ya no les iba a permitir ganar más clientes. En esa reflexión estaban cuando se les vino encima la crisis. Las fusiones que ahora vemos son movimientos financieros o no aportan nada desde el punto de vista intrínseco de servicio, que es para lo que a la banca le vale la tecnología.

¿No tiene las mismas prevenciones con el sector público?

No, pero tenemos otras. Lo cierto es que al sector público le ha llegado la hora de transformarse. Ahora mismo, muchos presupuestos no dan para seguir operando de la misma manera, no digamos para pensar en invertir. Vemos reducciones de dos digitos, y en algún caso se ha llegado al 40%. La licitación pública en el ámbito de las TIC se ha reducido un 70%. ¿Qué va a pasar? Concentración, búsqueda de eficiencia, confluencia con activos de la comunidad vecina, participación privada en la explotación de los recursos de tecnología […]

Mala cosa… banca y administraciones han sido los motores del sector TIC durante años.

Todo el sector se ha despertado a la necesidad de una adaptación muy fuerte, y probablemente muchos no podrán acometerla. Porque, como ha dicho, la oferta hay que actualizarla, y esto significa pasar al modelo de pago por uso. Es una manera completamente diferente de prestar los servicios, y también es distinta la naturaleza de las inversiones.

Están ahora metidos, ustedes y buena parte del sector, en un concurso de la Generalitat. ¿Qué impresión tiene?

Como usted sabe, la Generalitat es nuestro mayor cliente en España, con el que tenemos una vinculación histórica. Por lo tanto, aspiramos a revalidarlo en un volumen razonable, que la Generalitat tiene que estimar y adjudicar. Actualmente, T-Systems tiene 1.200 personas trabajando para la Generalitat de Cataluña.

¿Qué hay de nuevo en lo que ofrece T-Systems?

En este momento, la Generalitat tiene un montón de centros de datos; los ahorros se pueden conseguir ya sea concentrando u homogeinizando la arquitectura, yendo resueltamente a una modalidad de prestaciones cloud. Con independencia del concurso, es imprescindible definir un modelo interno de gestión de la demanda; en una palabra, la Generalitat tiene que transformarse: no puede pretender ahorrarse un 25% y seguir funcionando como funciona.

¿Qué compromisos asume T-Systems para ganar?

Este no es un concurso normal. No se trata de negociar una rebaja de la factura. La Generalitat pide ahorros desde el primer día, lo que significa que hay que financiar toda la inversión inicial, y luego financiar la prestación de servicios. Por poner un ejemplo, si somos adjudicatarios, los cinco centros que tenemos en el área de Barcelona, los vamos a concentrar en uno más otro de respaldo, y desde ese único centro daremos servicios cloud a toda la Generalitat. Esa factura nos va a costar 100 millones de euros, además de otros conceptos. La otra parte tiene que cambiar, y se lo hemos dicho.

¿Tiene que cambiar la forma de gestionar la demanda?

El número de aplicaciones que tiene hoy una Administración Pública – y no sólo la catalana – es tan grande, y normalmente tan disperso, que si hubiera una arquitectura común de aplicaciones, con toda seguridad los ciudadanos estarían mejor atendidos, se ahorraría dinero y todo el mundo contento.

¿Quiere decir que son obsoletas?

No es eso. El mapa de aplicaciones histórico, el que ha regido durante los últimos 20 años, es propio de una administración que ha tenido capacidad de compra en cada ministerio, en cada unidad importante, que han consruído sistemas propios que no se hablan con los de los vecinos, imposibles de integrar con los de otras administraciones que tienen su propio hardware, su propio modelo de gestión, sus propios formularios…

Sé que no puede ser imparcial, pero ¿cuál es su diagnóstico de la estructura informática de la Generalitat?

Trataré de ser objetivo. Comparativamente con otras administraciones, está avanzado, incluso muy avanzado para una dispersión como la que tiene; esta es la objeción que le pondría, la dispersión. Y en ciertos ámbitos hay redundancia, consecuencia de la capacidad de compra segmentada, pero no es un rasgo exclusivo de Cataluña.


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