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  15/10/2019

Las memorias olvidan un año olvidable

Después de unos gloriosos años 2017 y 2018, el mercado de memorias de semiconductor ha padecido cuatro trimestres desastrosos, con caídas en la facturación y beneficios de los fabricantes. Recientemente, los analistas han debatido si se había llegado el final del ciclo depresivo y, en consecuencia, si el esbozo de remontada se mantendrá y qué forma adoptará. Un síntoma ha sido la apostilla positiva que Samsung añadió a sus resultados preliminares del tercer trimestre. Dada la preponderancia de la compañía coreana en este singularísimo mercado, parece que se confirman los buenos augurios para 2020. Pero también las sombras: la amenaza de recesión y los estragos de la guerra comercial.

Es muy cierto que el mercado de memorias siempre ha sido muy cíclico, pero no era normal el tremendo boom de dos años, como no lo era la crisis posterior. Lo razonable, de ahí las expectativas, es que la demanda y el precio medio suban a corto plazo para mantenerse en una línea de suave crecimiento el año próximo.

Este pronóstico coincide con lo dicho por Samsung. En principio, los resultados trimestrales no son la reacción que la compañía necesita en esta coyuntura ya que contempla una caída del beneficio operativo en un 56%, hasta los 6.400 millones de dólares. Pero como los analistas lo preveían peor se han quedado conformes. Las cifras de 2018 son difícilmente superables.

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A falta de datos definitivos, se  tiende a ver la copa medio llena. Samsung genera más de la mitad de sus beneficios con los chips, específicamente con las memorias, de modo que el discreto anuncio ha bastado para subir la cotización. Muy rápido se han olvidado las palabras pesimistas de Micron en septiembre.

A toro pasado, la justificación del desplome de los precios en 2019 suena razonable. Todos los fabricantes de memorias habían hecho inversiones años atrás para incrementar sus capacidades de producción de DRAM y flash, en especial de estas últimas, lo que multiplicó la oferta: aparte de aumentar el número de bits por célula habían crecido de dos a tres dimensiones. La demanda ha crecido, gracias al impacto favorable de los discos SSD de estado sólido, pero no lo bastante como para absorber el crecimiento exponencial de la oferta. En consecuencia, el precio de las memorias flash cayó en picado, como ocurrió con las DRAM también por un notable exceso de oferta.

El caso es que la bajada continuada del precio provocó durante varios trimestres que nadie quisiera acumular inventarios, deprimiendo aún más el mercado. Por si esto fuera poco, la demanda de smartphones, auténtico motor de la industria desde hace más de una década, se ha estancado. La profusión de centros de datos y las promesas de la inteligencia artificial han aliviado algo la situación, pero no fue suficiente. Ahora, en cambio, se observan signos de que el círculo vicioso se ha acabado ¿Empieza otro virtuoso? Al menos, en el caso de Samsung, las ventas de sus smartphones Galaxy S10 y Note 10 son mejores de lo que muchos habían presagiado. Y con ellos, el consumo de memorias.

Con vistas a 2020, todo indica que también se reactivará la demanda de ordenadores, aunque sólo sea porque los que están en funcionamiento no pueden estirar mucho más su vida útil. Esto no sólo favorecerá a los fabricantes de memorias: de rebote, todo el mercado de semiconductores se verá aupado por las inversiones que se prevén en equipar las redes de telecomunicaciones y los centros de datos asociados.

También se están produciendo notables desarrollos en los nuevos tipos de memorias, que prometen aumentar la demanda y los precios medios. Estos nuevos tipos se conocen como MRAM, ReRAM y PCRAM, cada sigla con su respectiva ventaja de mayor velocidad comparada con las flash y precio más ajustado que las DRAM. Sin olvidar, desde luego, las Optane de Intel o las Z-NAND de Samsung, que ya han mejorar sus características y se sitúan en un punto intermedio de la pirámide.

Las memorias mangetoresistivas (MRAM) son especialmente atractivas para los sensores IoT y los ordenadores situados en los bordes de las redes (edge computing) ya que prometen mucho menos consumo de energía y más velocidad que las NAND flash, a un precio que empieza a ser viable. El pasado marzo, Samsung puso en venta su propia MRAM integrada en distintos dispositivos, mientras que TSMC dispone de una versión que se utiliza en aceleradores de inteligencia artificial. Otro suministrador menos conocido es Everspin, cuyo producto utiliza IBM como memoria caché en sus SSD de muy alta capacidad: nada menos que 19 TB.

Las memorias RAM resistivas (ReRAM) y las RAM de cambio de fase (PCRAM) son muy indicadas como estadio intermedio entre las SSD y las DRAM en servidores de altas prestaciones. En su caso, compiten con las versiones de las Optane de Intel, que lleva un lustro promoviéndolas; la tecnología subyacente (X-Point, desarrollo en común con Micron) empieza a ver sus frutos. Especialmente ahora, cuando Intel acaba de anunciar una segunda generación de memorias más competitivas.

No todo es color de rosa en el panorama futuro de las memorias. Aparte del considerable aumento de la demanda que se requerirá para dar cabida al gran aumento de la capacidad de producción del puñado de fabricantes tradicionales, para 2021 está prevista la entrada a pleno rendimiento de una nueva fábrica de DRAM y NAND flash que la compañía taiwanesa Winbond Electronics está construyendo y cuya primera piedra se puso a finales de julio.

Como la competencia no viene sola, se espera que hacia finales de 2020 aparezca un nuevo suministrador, la compañía china Yangtze Memory, con una inmensa planta de fabricación. Este invierno se iniciará así el nuevo ciclo expansivo, con los suministradores actuales ganando dinero a espuertas y amortizando sus inversiones de hace pocos años, mientras acechan los nuevos competidores.

Si necesidad de dotes para adivinar el futuro, todo apunta a que en 2021 habrá sobrecapacidad de producción de memorias y los precios volverían a caer una vez más. Y vuelta a empezar con los lamentos de la industria en 2022, porque la naturaleza cíclica de este mercado no tiene ningún viso de cambiar. Forma parte de su esencia: se necesitan dos a tres años para construir una planta de memorias más competitiva, que requiera una inversión enorme sólo disponible cuando la demanda y los precios están por las nubes.

Desgraciadamente, cuando estas plantas alcancen su rendimiento, la demanda y los precios se habrán deprimido, agravando el problema de base. Especialmente cuando aparece un nuevo competidor, chino para más señas. Una historia que a muchos les sonará familiar.

[informe de Lluís Alonso]


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