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  21/01/2015

Microsoft abre el melón de Windows 10

No será en San Francisco ni en Nueva York, sino en el campus de Redmond. Con menos ceremonia, pero igual repercusión. El anuncio de hoy debería ser otro hito en la historia de la compañía, porque de Windows 10 se espera mucho: corregir el desaguisado de Windows 8, mal arreglado por 8.1 [ni chicha ni limoná]. El reto que tiene por delante el nuevo sistema operativo es reconquistar a dos tipos de usuarios: las empresas, congénitamente conservadoras, y los consumidores, seducidos por su experiencia de movilidad. La presentación de octubre buscaba tranquilizar a las primeras, y la de hoy pondrá el acento en los segundos. Ambos públicos deberían sentirse igualmente cómodos; es un riesgo.

En la trastienda, aguarda un asunto pendiente: la necesidad de restaurar el tono de las relaciones entre Microsoft y los fabricantes, enturbiadas por sucesivos errores y pasos en falso. Windows 10 debería contribuir, pero no es en sí mismo la solución. Aunque el acto de hoy no es un lanzamiento de hardware, será interesante ver qué fabricantes han cedido el suyo para demostrar la novedad.

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Una visión convencional diría que Windows 10 nace para resolver el principal problema que ha afectado la adopción de Windows 8.1, el salto sin red de cambiar drásticamente el interfaz de usuario, así como la incompatibilidad con determinados programas. Desde luego, Windows 10 no será un retorno hasta Windows 7, pero recuperará el menú de Inicio. Su rasgo fundamental será la transversalidad para funcionar desde un móvil a un desktop, de manera que una misma aplicación pueda utilizarse – si existe – en todos los dispositivos. Algunos analistas predicen que podría provocar una ronda de actualizaciones de hardware en las empresas, con lo que las ventas de PC recuperarían el impulso que en 2014 se les ha quedado corto.

Por lo que ha dejado trascender, el plan de Microsoft persigue que los desarrolladores se tomen al pie de la letra el mensaje de que podrán crear ´aplicaciones universales` para ejecutar en distintas familias de dispositivos. Si se consigue que los usuarios de PC migren a Windows 10 y que los desarrolladores optimicen sus aplicaciones (que pasarían a serlo también de Windows Phone), el premio para Microsoft pudiera ser un espacio al sol en el mercado de los móviles. Pero es tarea delicada: cuando intentó – con Windows 8 – que los usuarios de PC se mimetizaran en usuarios de móviles dividiendo la pantalla en teselas (tiles) recibió esta lección: los usuarios se comportan diferentemente con cada dispositivo. Y los cambios de actitudes no se pueden precipitar.

Es opinión extendida que Microsoft ha perdido esa batalla pero no tirará la toalla. El contexto multiplataforma y la colaboración entre dispositivos se perfilan como la nueva guerra con sus grandes rivales, Apple y Google. Al converger todas las plataformas en un mismo sistema operativo, lo que denomina Windows Everywhere, tiene la posibilidad de apoyarse en su base de usuarios y de desarrolladores (esencialmente de PC) y, si tuviera éxito, colarse detrás de los líderes en los mercados de smartphones y tabletas. Sería ingenuo pensar en el protagonismo, pero podría aún jugar un papel digno. A eso aspira, y a otras cosas.

Para el mercado empresarial, desde siempre entrelazado con Windows, la próxima versión adquiere una trascendencia especial. Así como en 2009 tuvo que valerse de Windows 7 para alentar la demorada sustitución de XP, ahora tiene que hacer olvidar ese paréntesis que ha sido Windows 8. De ahí la ocurrencia de saltarse el 9 en la secuencia. Esta vez no puede permitirse fallar.

Microsoft está siendo más transparente con su nueva versión, en una colaboración con sus clientes que – dicen – no tiene precedentes. Algunas cosas ya se saben acerca de Windows 10. Por ejemplo, en octubre adelantó que habría un nuevo interfaz que llamó Continuum, capaz de adaptarse dinámicamente al hardware, con lo que se busca que una misma versión pueda trabajar en distintos factores de forma, un detalle competitivo más eficaz que forzar una bajada de precios según para qué dispositivo.

Contrariando a muchos falsos profetas, Satya Nadella ha ratificado que la plataforma Xbox es una pieza clave de la estrategia que inspira Windows 10, pero no está claro en este momento cómo piensa aprovechar las sinergias con otras piezas.

Los rumores han arreciado en las últimas semanas acerca de Spartan, como se ha dado en llamar provisionalmente a un nuevo navegador web, cuya aportación más novedosa parece ser que será – si la versión no falla – la capacidad para anotar una página web usando un lápiz óptico; luego, las páginas anotadas podrán ser compartidas con amigos o compañeros de trabajo para una mejor colaboración en grupo. Está por ver en qué medida Spartan sigue la estela de Explorer o se aparta de ella con pretensiones revolucionarias; llevaría incorporado Cortana, el asistente personal virtual de Microsoft, para que las búsquedas sean más fáciles y directas. Por cierto: ya no hay obstáculos para integrar el navegador en el sistema operativo.

Un rasgo que puede resultar rompedor sería la inclusión de un sistema de organización de páginas para aglutinar grupos de pestañas y facilitar la identificación. ¿Qué utilidad tendría? En principio, separar la navegación profesional de la personal. Spartan permitiría abrir varios sitios en pestañas agrupadas. Aunque esto requerirá una gestión de memoria que no todos los dispositivos tienen.

A estas alturas, sería prematuro esperar detalles sobre la comercialización y el régimen de precios, pero todo apunta a que en ambas cosas Microsoft tendrá que romper la cáscara: un sistema de suscripción como el que ha puesto en marcha – con éxito – para Office 365, implicaría que el destino de Windows 10 lo convertiría, de hecho, en un servicio que actúe como puente entre dispositivos y patrones de uso diferentes. Por ahí parece que van los tiros.

[informe de Arantxa Herranz]


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