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  3/09/2010

Relevo generacional en la familia iPod

Uno de los ejercicios más idiotas de agosto ha consistido en tratar de adivinar qué presentaría Steve Jobs en el tradicional evento ”musical” de Apple a principios de setiembre. Las novedades han sido múltiples, y no todas musicales, pero con ellos la oferta de la compañía experimenta un vuelco. En realidad, confirman algo sabido: la venta de música nunca ha sido para Apple un negocio per se, sino un recurso para vender hardware, poco más que una sofisticada herramienta de CRM ad hoc. Ya no será así: todos los componentes del complejo iPod/iTunes estarán al servicio de la monetización.

Desde 2001, Apple ha vendido 275 millones de reproductores iPod, posiblemente la mayor contribución a sus beneficios. No se ha dicho cuántas de esas unidades son iPod Touch, un dato que sería interesante conocer dado el papel que le está reservado en la nueva estrategia. Esa trayectoria ha servido para que desde los servidores de Apple se descargaran 11.700 millones de canciones (a 99 céntimos cada una); y para que los consumidores – ya van por 160 millones – registraran sus tarjetas de crédito como medio de pago. La recaudación de iTunes (ver gráfico), pese a la natural inflexión estacional, mantiene su línea ascendente, y Steve Jobs pretenda extraer de ese yacimiento más oro, lo que le obligaba a renovar el catálogo de iPod.

Cada miembro de esta familia ha merecido su dosis de renovación. El nuevo iPod Touch incorpora más rasgos del iPhone (excepto la conectividad celular) como la pantalla que Apple denomina Retina Display, FaceTime para videoconferencia, y con este motivo gana una cámara frontal y otra trasera, así como la capacidad de edición de video dentro del dispositivo. Un compendio de tecnologías avanzadas, según la frase de Steve Jobs. También se ha presentado una nueva versión del iPod Shuffle, de bajo precio (49 dólares/euros) y un iPod Nano reinventado como proeza técnica, con su diminuta pantalla multitáctil cuadrada. Todos estos modelos estarán en venta de inmediato, y de ellos se espera que revitalicen las ventas de una línea de productos que parecía haber llegado al límite cuantitativo.

Junto con el nuevo hardware, Jobs introdujo la décima encarnación de iTunes, con un interfaz revisado. Como el software ya no maneja sólo música, sino también video, libros y aplicaciones, el logo de iTunes ha perdido la imagen de algo tan anacrónico como un CD. Por la misma razón, la función AirTunes pasa a llamarse AirPlay. No son cambios cosméticos, sino señales inequívocas de una evolución estratégica que debería convertir a Apple en protagonista insoslayable en la distribución de contenidos digitales. Con el tiempo conoceremos qué significan estos movimientos en la relación que mantienen Apple y la industria discográfica.

De no haber sido por Apple, esta industria hubiera sucumbido a la piratería; gracias a Apple, tiene una fuente fiable de ingresos. Ahora que el mercado de la música digital ha sido moldeado por Apple, puede afirmarse que la única salvación posible es colocarse a su sombra. Y cuantos más sean, más reforzarán el poder del gigante; es algo que va a sufrir Sony, que incomprensiblemente va a lanzar ¡ahora! un servicio rival. El dominio alcanzado por Apple puede dar lugar a nuevas iniciativas, con las que Apple podría inclinarse hacia fórmulas que siempre ha rechazado, como el streaming y la suscripción. La nueva red social Ping – que este blog comentará mañana – va en esa dirección, y ya pueden ir preparándose los ejecutivos de la industria musical a renegociar sus condiciones contractuales.


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