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  8/02/2019

Tim Cook lee la cartilla a Mark Zuckerberg

Los usuarios y sus datos han encontrado, sin buscarlo, un inesperado protector. Apple se ha arrogado esa responsabilidad y últimamente  hace ostentación. ¿Es una cuestión de imagen o tiene relevancia estratégica? Su CEO, Tim Cook, estuvo hace poco en Bruselas predicando la necesidad de que Estados Unidos adopte una normativa equivalente al RGPD europeo. Esto ha situado a Apple en una trayectoria de colisión con Facebook y Google, pero también a distancia de una futura normativa que pudiera salpicarle. En estos tiempos de inquietud acerca del uso poco escrupuloso de los datos, no deja de ser una diferencia a favor de la marca, pero no hay por qué dudar de la sinceridad de Cook.

Tim Cook

Literalmente, ha criticado “el entramado industrial basado en los datos” y la forma – que comparó con la eficacia militar – de utilizarlos como arma contra los ciudadanos. Aboga Apple por el derecho de los usuarios a que se restrinja la recogida de sus datos personales, que se ponga en su conocimiento cuáles se almacenan y para qué.

En un artículo firmado en la revista Time, Cook ha pedido al Congreso de Estados Unidos una legislación que se inspire en la europea. La Federal Trade Commission (FTC) debería – según el texto – asegurar un marco de transparencia en relación con la recogida y tratamiento de los datos. El sucesor de Steve Jobs no proponía copiar el RGPD, sabedor de que para muchos de sus colegas sería un sacrilegio imitar a esos “intervencionistas” transatlánticos. Sugiere la creación de un mecanismo de mediación, a la manera de los que amparan la transparencia en la compraventa de instrumentos financieros.

Estos pasos sustentan la voluntad de distinguirse de otras compañías cuyos modelos de negocio se basan en la explotación de los datos que – ingenuos o resignados – les facilitan los usuarios de sus servicios. Facebook y Google en primera línea. El momento es oportuno: Mark Zuckerberg y Sundar Pichai han tenido que comparecer en el Capitolio, donde fueron machacados a preguntas sobre esta cuestión. Cook no quiere verse en la misma situación. El año pasado, invitado a inaugurar el curso en la Duke University, rechazó enfáticamente “esa noción de que si quieres disfrutar de la tecnología has de estar dispuesto a sacrificar tu intimidad”.

Desde que en 2016 se enfrentó al FBI por negarse a desbloquear el iPhone del autor de un atentado terrorista, Apple ha sacralizado su respeto por la privacidad. En este contexto, no sorprende que el pasado diciembre fichase a Sandy Parakilas. En su currículo destaca que en 2012 Parakilas abandonó Facebook tras dos años como responsable de compliance de los desarrolladores. Con este precedente, prestó testimonio ante la Cámara de los Comunes en la investigación sobre el uso fraudulento de datos cedidos a Cambridge Analytica. En su blog personal, ha dejado escrito que “ninguna plataforma es neutral: Facebook, Twitter y Google obtienen beneficio de quienes pervierten la democracia”. Ahora, Apple lo recluta pero sin informar cuál es la naturaleza exacta de su empleo.

También Pichai ha tenido filtraciones de datos, hasta que decidió cerrar Google+, fallido intento de competir con Facebook en el mismo plano. En esta ocasión, la piedra del escándalo ha sido una revelación del portal TechCrunch. Según la denuncia, Facebook mantenía una aplicación en la AppStore de Apple para espiar el comportamiento de cierto número de usuarios (menores de edad) de su red en iPhone, pagándoles a cambio 20 dólares mensuales.

Sólo un experimento, fue la excusa; una violación de los términos de servicio, la consideró Apple. El certificado de desarrollador de Facebook en el que se sustenta la distribución de sus aplicaciones en IOS fue bloqueado y los empleados de Facebook usuarios de iPhone se quedaron sin una herramienta de comunicación.

Al final, el episodio hizo poca mella a Facebook, cuyos usuarios se caracterizan por la complacencia con el uso que se haga de sus datos. Apple no ha perdido la oportunidad de aleccionar. Qué pena que, vaya  coincidencia, en esos días trascendiera un fallo de FaceTime que dejaba escuchar conversaciones grupales aun antes de que un interlocutor aceptara la llamada. Diligente, la compañía deshabilitó la función de llamadas en grupo y se tragó el consiguiente rapapolvo mediático.

Ambos incidentes fueron efímeros. A Facebook se le reactivó el certificado dos días después para uso de sus empleados y asunto resuelto… al menos hasta la próxima metedura de pata. Por las mismas fechas, a Google se le descubrió – ¡también TechCrunch! – una aplicación de ´investigación de mercado` que se valía de funciones de iTunes para extraer datos y explorar su potencial comercial. Google la desactivó y Apple dio carpetazo al asunto.

Apple tiene todo el derecho a tomar cartas en estas prácticas. De su parte, es obvio que Google y Facebook no pueden privarse de llegar a la enorme masa de usuarios de iPhone e iPad para que descarguen sus apps desde la tienda de Apple. Pelearse con ellos no está entre las prioridades de Tim Cook, pero una colleja puede ser oportuna. El año pasado, Google pagó a Apple 9.000 millones de dólares por ser el buscador por defecto en el iPhone; en 2019 la cifra podría elevarse a 12.000 millones. No se conocen detalles sobre las relaciones financieras con Facebook, que haberlas haylas.

Viendo el incidente con distancia,  los otros miembros del cuarteto, que los analistas llaman GAFA, no son competidores directos de Apple, pero sus ambiciones tienden a la fricción. Las malas relaciones con Google tienen como explicación la competencia de Android. Con Facebook hubo un tiempo en el que Apple protegía a Zuckerberg, pero el punto de choque es la mensajería: Message es un factor de fidelización para Apple que compite directamente con Messenger y WhatsApp. La próxima fase, más allá de los servicios, será la realidad aumentada. Como han vuelto a demostrar sus resultados trimestrales, Apple necesita reforzar sus ingresos por servicios para paliar la caída en ventas de sus dispositivos. En el caso de Google, la puja entre iTunes y YouTube va en aumento.

Apple no puede alegar virginidad. Recopila datos de sus usuarios y los procesa para fines propios, pero ciertamente puede argumentar que su modelo de negocio no contempla la cesión de esos datos a terceros para su explotación publicitaria.

En el fondo, ocurre que el sector está convencido de que tarde o temprano será sujeto de regulación en torno a la protección de datos. Lo que hace Apple es desmarcarse del estigma que un día caerá sobre sus vecinos del Silicon Valley. Tras los múltiples escándalos de los últimos años, las autoridades de medio mundo proponen distintas variantes de vigilancia al respecto. De momento, Facebook y Google están en el punto de mira. Apple se dedica a sentar doctrina.

[informe de Pablo G. Bejerano]


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