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El titular es una frase que Cristel Heynemann, CEO del grupo francés Orange, repite cada vez que toca hablar de la filial Orange Cyberdefense (OCD), formado allá por 2018 y crecido desde entonces por dos vías, media docena de adquisiciones y su expansión a mercados donde el grupo no está presente en su condición principal de operador de telecomunicaciones. Las cuentas de Orange no desglosan cifras de esta filial; su director ejecutivo, Hugues Foulon, se limita a decir que desde 2022 viene superando los 1.000 millones de euros de facturación. Recientemente, se ha integrado en una nueva división, Defense and Security; no es necesario añadir que el estado francés tiene una posición de control.
A falta de inventor, la inteligencia artificial tiene muchos padres (y una madrina). Supuestos, porque la IA es un cauce de enfoques diferentes, a menudo discrepantes. Cuando Geoffrey Hinton abandonó Google consideró su deber moral advertir sobre los peligros de estas tecnologías y se centraron los focos mediáticos. Los mismos (o casi) que estos días se interesan en Yann LeCun – compartió con Hinton y Joshua Bengio el premio Turing – quien, tras dejar su puesto en Meta al sentirse ninguneado por Mark Zuckerberg, ha anunciado la inmediata creación de una startup para seguir investigando con una perspectiva económica. Que no será la de Zuckerberg, desde luego, pero tampoco la ética que predica Hinton.
El 2025 ha sido un buen año para los fabricantes de PC: despacharon 279,5 millones de unidades [sobremesa, portátiles y estaciones de trabajo], un meritorio 9,2% de crecimiento interanual. Son cifras de la consultora Omdia, nombre adoptado por la antigua Canalys tras ser adquirida por el grupo Informa. IDC – cuyos análisis son habitualmente recogidos por este blog – eleva la cifra a 284,7 millones, que en su serie estadística equivaldría a un 8,1% de crecimiento. Más que nunca, esto es agua pasada: lo que hoy importa es el imposible ejercicio de predecir si en 2026 el mercado subirá o bajará, disonancia que es consecuencia de la escasez y la carestía de los chips de memoria y otros componentes.
Los visitantes de la feria CES de este año – “más de 100.000”, redondean loa organizadores – han podido vivir una apoteosis de la inteligencia artificial en los productos que podrían comprar este año y los siguientes. El encuentro de Las Vegas se transforma sin dejar de girar en torno a su razón de existir, los productos, pero es un hecho que, en esta edición 2026, la IA no sólo ha estado asociada a los ordenadores, portátiles y smartphones para profesionales y consumidores sino también a televisores y aparatos domésticos, todo previsible. La novedad han sido los entornos industriales, destacando los robots humanoides y los vehículos autónomos, que empiezan a circular en Estados Unidos. Leer más
Hoy cierra Nutanix en Barcelona la edición española de su Next on Tour. Las cartas de presentación van mucho más allá de la etiqueta de infraestructura hiperconvergente (HCI) con la que se la reconoce en el mercado se presenta como proveedor de una plataforma completa en la que ejecutar una diversidad de aplicaciones, del legacy a las más modernas, pasando por la inteligencia artificial. Todo con independencia de que los datos estén on-premise, en una nube pública o en el edge. Su alegato en favor de los entornos híbridos resume la trayectoria desde que, a finales del 2020, Rajiv Ramaswami , fue escogido como CEO, procedente de VMware y, antes, de Broadcom [ironia del destino].
Desde que Nvidia se erigió en caudillo de la inteligencia artificial, buena parte de la industria ha expresado el deseo de que surgiera un competidor de su talla. AMD parecía e aspirar al papel, pero sus fuerzas son limitadas, por lo que se ha resignado a un puesto secundario bastante cómodo. Hasta que, de improviso, dos movimientos consecutivos de Google han eclipsado el negocio complementario de Nvidia y Open AI en el desarrollo de la IA. Primero fue la presentación de un rompedor modelo de Google, Gemini 3 y le siguieron unos chips TPU que cuestan una fracción de los de Nvidia. A finales de octubre, Anthropic causó estupor al anunciar que compraría a Google una gran cantidad de TPU.
Es notorio que los PC, sean de sobremesa o portátiles, han subido de precio en los últimos meses, especialmente los destinados a usos empresariales. A nadie parece importarle demasiado, pero habría buenos motivos para estar preparados ante nuevas subidas una vez pasada la liquidación de inventarios más conocida como Black Friday y Cyber Monday. La causa principal es la adopción – voluntaria o forzada – de programas de IA que, para funcionar correctamente, requieren mucha más memoria y que sea más rápida. Esto ha provocado su escasez en el mercado, las encarece y el mayor coste se repercute en el precio. Los fabricantes, en especial HP, han alertado sobre una situación que no será pasajera.
¿Quién no ha escuchado esa frase hecha según la cual, ya asumida socialmente la actual onda de la inteligencia artificial, llegará la siguiente, la computación cuántica? La hipótesis es imprecisa, pero no es en absoluto falsa. Entretanto, se van extendiendo en la industria las actividades en torno a la criptografía post cuántica, que traducen una preocupación por algo que es altamente probable: que esta disciplina científica se convierta en una amenaza temible para la seguridad de los sistemas de información. Porque a esos extraños artefactos que se ven en las fotografías se les llama computadores por analogía, pero nadie imagina que su destino sea sustituir a los ordenadores de uso corriente.
Visa y Mastercard se han puesto de acuerdo – que ya es noticia – para proponer una solución al litigio que mantienen con la National Retail Federation (NFR), que representa al comercio minorista en Estados Unidos. El asunto se arrastra desde 2005 y ha derivado en un proceso federal en el que se juzga si el concierto entre ambas para fijar los cargos obligatorios por la aceptación de pagos con sus tarjetas de crédito es o no una violación de la legislación antitrust . El tribunal decidirá qué curso dar a la propuesta de reducir la tarifa a razón de un 0,10% anual, pero de momento la NFR la ha calificado como insuficiente. ¿Por qué ocurre ahora, veinte años después de la primera demanda?
Para Google, el lanzamiento de Gemini 3 marca un hito, como pieza maestra de su estrategia para disputar a OpenAI y a Microsoft una posición dominante en el alborotado mercado de la inteligencia artificial. Comenzó la carrera de la IA con sobrepeso y pidiendo aire cuando su generador de imágenes daba resultados inapropiados; tuvo que cambiar la marca de su IA, que de Bard pasó a llamarse Gemini – a la vez nombre del motor y de la aplicación – hasta que, por fin, va cogiendo rumbo y velocidad para llegar a buen puerto. Lo mejor es que su versión 3 está recibiendo alabanzas de todos los frentes, incluido el insospechado elogio de Sam Altman, supuestamente su mayor adversario.