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Larry Ellison, fundador de Oracle, participó por última vez en una conferencia de resultados el 10 de marzo, no así en las dos posteriores, de junio y setiembre. No sería anormal, puesto que la compañía ha encumbrado a Clay Magouyrk y Mike Sicilia, ambos compartiendo el rango de CEO Otra ausencia conspicua ha sido la de Safra Catz, legendaria CFO reemplazada por Hilary Maxson. Ahora, como chairman y chairwoman respectivamente, se eclipsan en un cambio de guardia que ha sido sido balsámico para los inversores. Por el negocio, no deberían inquietarse: en el primer trimestre del año fiscal 2027, los ingresos aumentaron el 30% y el beneficio neto un 63%. Las sombras, que las hay, son otras.
Para propios y extraños ha sido una sorpresa el nombramiento del nuevo CEO de Adobe. No por el relevo de Shantanu Narayen, en el cargo desde 2005, sino por la identidad del reemplazante. En lugar de apostar por David Wadhwani, quien lideraba el área que más aporta a las arcas de la compañía, el elegido ha sido Anil Chakravarthy, responsable de Customer Experience (CX). Detrás de la decisión tomada por el consejo de administración se encuentra una crítica implícita a Wadhwami por no haber sido del todo consecuente en la adaptación de la estrategia de productos creativos a la irrupción de la inteligencia artificial generativa. La consecuencia fulminante ha sido la dimisión del fallido candidato.
Con la nueva fórmula de Copilot, Microsoft da un giro de su oferta en inteligencia artificial desde el chatbot hacia los agentes. Era inevitable y cuanto antes lo hiciera, tanto mejor. De paso, aprovecha la oportunidad para una reorganización que llevaba meses en el horno. Lamayoria de los comentarios han puesto el acento en lo primero, pero lo trascendente es la remodelación de su distribución comercial, coherente con un cambio en la filosofía del producto. El nuevo Copilot emerge como una aplicación fortificada, que unifica funciones que el asistente desplegaba en distintos servicios. El golpe de timón apunta a las empresas, alejándose de un saturado (y poco rentable) mercado de consumo.
Que la inteligencia artificial va a impactar profundamente en las operaciones de las compañías de telecomunicaciones es una convicción generalizada. Otra menos corriente: los modelos de IA actuales no son adecuados para las necesidades del sector. Cada operador aborda el problema a su manera. Es notorio el caso de Deutsche Telekom, que ha convocado un AI Investor Day para exponer sus planes para que – una dosis de jactancia es aceptable – “la mejor red de una teleco se transforme en un modelo de red inteligente para el resto de las telecos”. Cuantificado, el objetivo es lograr un ahorro de 1.100 millones de euros en 2027 y de 2.500 millones en 2030, gracias a la integración acelerada de la IA.
En la danza de nuevos modelos que irrumpen sin pausa en el mercado de la inteligencia artificial, se busca demasiado la espectacularidad; la mayoría busca colarse en un espacio que ha sido desbrozado y ocupado por otros. Las noticias se centran en la agitación cotidiana de OpenAI y Anthropic, mientras Google parece tomarse tiempo para responder al asalto. Aunque, a diferencia del dúo de rivales, cuenta con una presencia y una clientela masivas, además de un catálogo de aplicaciones, tanto para consumo como para empresas, en las que va inyectando visión de la IA. La presentación de Gemini 4 Argon no ha sido una más, porque confirma su filiación entre los llamados modelos de frontera.
El esccenario era hiperbólico, coherente con el alcance del mensaje de George Kurian, CEO de NetApp y protagonista de la conferencia Insights 2026. Estas fueron sus palabras: “estamos a años luz por delante de cualquier otro [de los competidores] que hacen lo que nosotros hacíamos diez años atrás”. O sea: la compañía no quiere limitarse a aprovechar el viento de cola de la inteligencia artificial ; su ambición es poner el almacenamiento en sintonía con el rendimiento que ofrecen la computación y el networking a los proyectos de IA, partiendo de la premisa de que la preparación y acceso a los datos deje de ser un cuello de botella. Los anuncios de este año apuntan a esta muy oportuna finalidad.
No hay día en el que no salgan a relucir los nombres de Open AI y Anthropic o los de Sam Altman y Dario Amodei. Los enterados saben qué vende cada uno: modelos – llamados fundacionales o de frontera – para el entrenamiento de algoritmos de inteligencia artificial. Hay muchos modelos en danza. El miércoles pasado, Google presentaba Gemini 4, apodado Argon, en respuesta a las últimas versiones de GPT 6 Astra (OpenAI) y Claude Opus 5.5. (Anthropic). Los tres, explícitamente destinados a optimizar y automatizar las aplicaciones empresariales existentes. Se enfrentan a no menos de media docena de modelos chinos (DeepSeek, Z.ai, Qwen y Kimi K3 son los más notorios) que les van comiendo la golosina.
Nadie se llama a engaño: la industria está advertida de que el precio de las memorias seguirá aumentando y el mercado global crecerá casi cuatro veces en 2027. La demanda es insaciable, por lo que quienes necesiten suministro tendrán que ponerse a la cola y pagar lo que exijan los fabricantes. Y no se espera que la oferta y la demanda se normalicen (por así decir) hasta bien entrado 2028: el mercado global de memorias de estado sólido – más de la mitad del total – las que ahora petan, pasarán de 220.100 millones de dólares en 2025 a 837.300 millones [según cifras de Gartner]. Algo inaudito para quien recuerde el estancamiento de finales del siglo pasado con todas sus consecuencias.
En la carrera por el mercado de la inteligencia artificial, hace tiempo ha quedado claro que lo más apetitoso está en el segmento empresarial. Y en este contexto, Google ha sabido adoptar una estrategia metódica para cubrir todos los nichos profesionales a su alcance. El lanzamiento esta semana de su modelo Gemini 4 Argon no hace sino reforzar este empuje. Todavía está en la fase de distribución controlada pero el nuevo modelo se instala de entrada en la vanguardia de su especie, aunque a precio reducido. Justo lo aconsejable en un momento en que las empresas han empezado a vigilar los presupuestos que dedican a la IA, al tiempo que miran hacia alternativas más económicas, en partícular las originadas en China.
Vaya uno a saber cuándo Ren Zhengfei, fundador de Huawei, comprendió que un día tendría que competir con Nvidia, aquella empresa de raíces taiwanesas que vendía tarjetas gráficas para videojuegos. De lo que no hay duda es de que esa será la primera tarea de su sucesor, sea quien sea, cuando toque. Cooperar con Estados Unidos está excluido, sólo queda dar batalla, es una lectura posible de lo dicho por Guo Ping, presidente del consejo de supervisión de la compañía, en la conferencia Connect 2026 . Recursos no le faltan: dilatada experiencia en el mercado de equipos de telecomunicaciones y en el diseño y fabricación de semiconductores avanzados y cuenta con el apoyo incondicional de su gobierno.