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La inversión en infraestructuras para inteligencia artificial ha pasado de ser cíclica a ser duradera; esta es la forma elegante de IDC para sugerir que el 30,4% de crecimiento global en las ventas de servidores, con el que se cerró el primer trimestre del año, podría repetirse durante bastante tiempo. Así lo apunta IDC en su Quarterly Server Tracker y lo confirman fuentes de la industria, según las cuales esa partida de gasto ya no se guía por la regularidad de muchos años. Aunque nada material indica, hay que aclararlo, que vaya a volver a su cauce… salvo alguna calamidad que nadie contempla. Al menos mientras hyperscalers y otros proveedores de servicios cloud sigan soportando la demanda.
La cronferencia ISC (International Supercomputing Conference) reunida en junio en Hamburgo, fue rica en anuncios. El más comentado de todos, sin duda, el retorno de China, interesada en arrebatar la corona de los computadores de alto rendimiento, que Estados Unidos ha portado desde 2017. La opacidad de Pekín impide dilucidar si su superordenador LineShine es un exponente aislado o forma parte de una corriente que va a enrrabietar aún más a Donald Trump en espera la visita de Xi Jinping en setiembre. Ni esto ni el hecho de que los hyperscalers o las grandes petroleras nunca someten sus equipos al benchmark Linpack HPL, podrían opacar lo esencial: el ranking TOP500 ofrece una versión completa y fidedigna de la situación.
Hay muchas piezas que combinar, no sólo las coyunturales. La más obvia por habitual es que las ventas mundiales de smartphones han sufrido la peor caída de los últimos trece años, 68 millones de unidades en el segundo trimestre. A simple vista, ha sido consecuencia del aumento de precios de las memorias, que ha afectado proporcionalmente más a los modelos de móviles que se venden a menos de 400 dólares. No puede hablarse, por ello, de una crisis de demanda ni de supuesto desinterés de los usuarios, pero el retraso en la renovación de la base instalada se da por descontado por los fabricantes, entre los que Samsung y Apple están saliendo mejor paradas que las marcas chinas.
A este paso vertiginoso, la fiebre por la inteligencia artificial habrá que rebautizarla como fiebre por los agentes. Aunque a priori puedan parecer un mismo síntoma, lo cierto es que conllevan un salto de escala relevante. Un informe publicado por Cisco y que lleva por título The Race to Agentic AI: Why Infrastructure Will Make or Break Workforce Transformation , describe con detalle el impacto que pueden tener estos programas autónomos en el seno de las empresas y en sus plantillas. Se ha hablado mucho en los últimos años de la posible pérdida de empleo y de su transformación; por lo general buscando ángulos optimistas. Este informe elude juicios y prejuicios para adoptar un tono técnico.
Era completamente previsible que la infraestructura de la inteligencia artificial fuera protagonista absoluta en la conferencia Discover, de HPE, en Las Vegas. La compañía presumió de su oferta diversificada y destacó como argumento de marketing la firmeza de la alianza con Nvidia. Además, claro, de la conectividad como una baza en la ola de adopción de la IA en las empresas . El CEO Antonio Neri no se conformó con la ritual presentación de productos: el guion entraría en grandes cuestiones conceptuales como el decisivo avance de la inferencia y los debates en torno al consumo de energía y agua en el equipamiento de los centros de datos.
Durante años, las extorsiones por ransomware se han extendido hasta convertirse en una amenaza recurrente para las empresas. Mucho se ha predicado sobre ellas y sus (relativos) remedios. Pero esta plaga que no cesa tiende a adaptarse con otros formatos delictivos, que se analizan en un documento respaldado por Palo Alto Networks – Out of the Crypt: The Evolving Cyberextorsion Economy – entre ellos la exfiltración de datos, eufemismo para decir que se roba la información saltándose el cifrado que precede a la exigencia de rescate. Es significativo que el uso de ransomware haya caído al 78% en los casos de extorsión en 2025, frente a las tasas superiores al 90% de los cuatro años precedentes.
La conferencia Red Hat Summit 2026, celebrada en Atlanta, ha evidenciado las pretensiones de la filial de IBM de convertirse en una plataforma que conjugue Linux – crucial en el despegue del modelo cloud – y los contenedores Kubernetes, que hoy soportan cargas de trabajo de inteligencia artificial. Con este guión – que el CEO de la compañía, Matt Hicks -lo que se intenta es consecuente: exprimir a fondo la posición que ha adquirido en los entornos híbridos – multicloud, virtualizados y contenerizados – y presentarse como un punto de inflexión tecnológica. Se vale para ello de tres referencias a su propia historia que la inducen a mirarse en el espejo y, por descontado, verse guapa.
En junio, durante la conferencia Discover en Las Vegas, el CEO de HPE, Antonio Neri abrió la primera jornada con una advertencia sobre los factores de riesgo que introduce el auge de la inteligencia artificial, enfatizando dos: la computación ha alcanzado una dimensión crítica y la energía ensombrece su expansión. Añadió – secundado a su turno por Rami Rahim, presidente de la división HPE Networking – que la conectividad puede convertirse en un cuello de botella. No se trataba de alarmar sino de concienciar a la audiencia – y a los inversores – del efecto multiplicador de las redes . Con este aviso a navegantes: “la innovación en IA solo puede avanzar tan rápido como lo permita la red”.
Para toparse con la inmensa egolatría de Elon Musk no hace falta alunizar – bastaría con alucinar – ni buscar vida en Marte. La red de satélites Starlink, auténtica fuente de ingresos y beneficios de su compañía SpaceX, tiene mucha más proyección de la que generalmente se le atribuye. Y no sólo por la abundancia de zonas rurales y poco pobladas, sin conectividad, en este planeta Tierra. Los servicios del operador satelital apuntan a una futura conexión global ininterrumpida, de valor para numerosas empresas. Esto, unido a sus bajos costes debidos a la renta monopólica de la matriz en el lanzamiento de cargas espaciales, crea un riesgo tangible para los operadores de comunicaciones terrestres.
El CEO de SAP, Christian Klein, ha de ser consciente de que la migración de la base instalada a las versiones cloud de sus productos no marcha al ritmo que la compañía alemana espera. Y lo necesita: seis años han pasado desde que Klein fuera aupado a su puesto: al cabo de ese tiempo, el valor bursátil es prácticamente el mismo, unos 156.000 millones de euros. La cotización ha bajado un 33,6% desde enero y un 46,7% en los últimos doce meses, es de libro que el consejo y los accionistas se impacienten. Entretanto, el primer trimestre del año fiscal se cerraba con un modesto crecimiento (+6%) y un aumento presentable (+17%) de los beneficios. Los del segundo trimestre se conocerán el 23 de julio.