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  12/06/2020

12 de junio, 2020

Con muy calculada antelación ha empezado a calentarse el ambiente previo al WWDC, evento anual de Apple para desarrolladores que este año tendrá que celebrarse online a partir del lunes 22. La gran novedad será el anuncio formal de que la próxima generación de Mac, en 2021, será equipada con un procesador de diseño propio basado en la arquitectura ARM, lo que implica renunciar a la x86 que la compañía viene usando desde 2006. Que el rumor de divorcio haya circulado durante años no obsta para que cuando llega el momento tenga consecuencias. Empezando por Intel, que se verá privada de entre el 2% y el 4% de sus ingresos además de sufrir daños en su reputación ante la industria y los usuarios.

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Vayamos por partes. El primer interés de Apple al diseñar su procesador es reducir la dependencia de suministradores externos. No se trata sólo de dependencia industrial sino de no quedar cautiva de  estrategias ajenas. Con más razón, si cabe, desde que Intel le dejara en la estacada cuando pretendió apoyarse en ella para prescindir de Qualcomm. Esta y otras circunstancias hacen que la hoja de ruta de Intel no inspire confianza en la industria, de lo que pueden dar fe los fabricantes de PC.

Mark Gurman, de la agencia Bloomberg, recurre a la consabida mención de “fuentes familiarizadas con los planes de Apple” para revelar que los ingenieros de la compañía trabajan intensamente sobre tres variantes de SoC (system-on-a-chip) que forman parte del proyecto conocido internamente como Kalamata [qué pinta en esto el Peloponeso, no se ha dicho, pero de algún modo había que llamarlo]. El punto de amarre es la estructura del procesador A14 diseñado en principio para los modelos de iPhone que aparecerán en el cuarto trimestre del año.

Como es costumbre, lo ha diseñado el equipo que en Apple dirige Johny Srouji. La producción ha sido encomendada a la compañía taiwanesa TSMC que aplicará en el A14 su tecnología de fabricación con densidad de 5 nanómetros, en la que lleva años de ventaja sobre Intel.

Los enterados añaden que las pruebas demuestran “mejoras apreciables” tanto en el rendimiento de gráficos como en la integración de inteligencia artificial, que su consumo de energía es más eficiente y que permitirán aligerar los modelos portátiles a la vez que dotarlos de más autonomía. A simple vista, con menos que estas razones sería suficiente para justificar el giro.

Un efecto irremediable de la transición será paralizar de hecho la venta de la actual generación de Mac: los usuarios preferirán espera a la siguiente, que no estará en el mercado antes de 2021. Reemplazará toda la línea de modelos, desde MacBooks hasta Mac Pro, pero no todos a la vez, se dice. ¿A qué se debe el desfase? La situación actual del mercado hace más digerible una transición larga, pero el argumento más importante es dar tiempo a los desarrolladores para optimizar su software a la nueva arquitectura.

Este es el punto. El cambio de x86 a ARM dará más problemas que los que provocó hace quince años el paso de Power PC a x86, en vida de Steve Jobs. Porque la familia Mac tiene una historia de 36 años a la que no puede renunciar de la noche a la mañana sin perjudicar el funcionamiento de su ´ecosistema`. De ahí que los futuros Mac preserven (¿por cuánto tiempo?) el sistema operativo MacOS, en vez de adoptar el iOS que llevan los iPhone e iPad. Según Gurman, Apple explora herramientas – que podrían o no anunciarse en la WWDC – para que las aplicaciones de un Mac antiguo puedan correr en las nuevas máquinas.

No hay que olvidar que la WWDC, como su sigla indica, es una conferencia de desarrolladores. Las CPU basadas en ARM son capaces de funcionar en “modo emulación” evitando tener que recompilar o desarrollar nuevamente el software. Este principio facilitaría que los desarrolladores puedan lanzar nuevas versiones de sus programas que saquen partido de la nueva arquitectura, actualicen sus licencias ¡y sus precios! Para recuperar los costes de la transición. Dicho esto, Apple tiene el máximo interés en que la interinidad dure lo menos posible, para acabar unificando sus distintas plataformas.

Este sería, presuntamente, el objetivo final de Apple: las sinergias entre sus distintas gamas de producto. La proliferación de dispositivos móviles ha alterado las reglas del mercado y las barreras entre ´factores de forma` se diluyen: un mismo software acabará corriendo en distintas plataformas [en principio, Apple estaría más cerca de conseguirlo que Microsoft o Google].

La marca de la manzana ya ha empezado a borrar los límites entre iPadOS y MacOS al introducir su framework Catalyst para la portabilidad de apps de su tableta a sus portátiles. Pero muchos desarrolladores no acaban de fiarse porque ese movimiento sería un paso hacia el plan supuestamente definitivo, SwiftUI, que permitiría crear una aplicación simultáneamente para las distintas plataformas.

Desde mi ignorancia técnica, me pregunto qué planes tendrá Apple en materia de conectividad celular en el advenimiento de 5G. Actualmente, usa módems de Qualcomm en sus iPhones e iPads para conectar a las redes celulares, pero su adquisición a Intel de ciertos activos 5G indica que se propone desarrollar su propio módem. Si no he entendido mal, el control absoluto de su procesador y su módem le permitiría dar a los Mac una capacidad de conectividad que en la era 5G se antoja indispensable.

Sería prematuro especular sobre los efectos de este movimiento en el mercado. Apple es un partícipe menor – pero más rentable que otros – del mercado de PC, con algo menos del 6% de las unidades despachadas. Es lógico que aspire a aumentar su cuota aprovechando que los fabricantes no acaban de ver claro que les convenga sumarse a la estrategia Surface que promueve Microsoft. Pero, además de prematura, es otra historia. Buen fin de semana

Norberto Gallego


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