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  13/05/2021

Cinco años después, despegan las eSIM

Físicamente, una tarjeta SIM [subscriber identity module] ha evolucionado poco: sólo ha reducido su tamaño, pero sigue cumpliendo la misma función: asegurar que el portador es quien dice ser y tiene derecho a usar un servicio móvil. Así ha sido desde su invención en 1991, pero cuando ya no podían seguir achicándola, la industria y los operadores se conjuraron para encontrar una solución. Cuando la encontraron, en 2016, la llamaron eSIM. La idea era buena: embeber sus funciones en la placa del dispositivo para que no fuera preciso retirarla y reinstalarla, pero su concreción despertó desconfianza: ¿no sería otra treta de Apple para encerrar a los usuarios en su perverso jardín vallado?

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Han pasado cinco años y la suspicacia ha desaparecido, entre otras cosas porque Apple tiene recursos más sutiles para evitar fugas entre sus usuarios. Además, las ventajas de la eSIM ya no se circunscriben a los smartphones y tabletas, sino que será un elemento fundamental para el futuro de IoT: relojes, vehículos conectados, contadores inteligentes, pulseras de actividad, entre otros dispositivos, van a poder liberarse de su atadura a un smartphone. De hecho, la eSIM facilitará asociar un mismo número a varios dispositivos o llevar más de un número en un dispositivo único.

Las compañías operadoras son las primeras interesadas en este desarrollo, ya que el uso masivo por parte de sus clientes debería atraer nuevos suscriptores a su red sin complicaciones. Porque con la eSIM el proceso de suscripción es fácil y rápido: su gestión permite completar el registro en un par de minutos digitalmente y en el propio dispositivo. Tampoco hará falta desplazarse a un punto de venta ni esperar la llegada de la tarjeta física.

Dado que todas son ventajas, ¿por qué no imaginar un avance rápido a corto plazo? Los dos últimos años se han pasado en alcanzar velocidad de crucero antes de que sea adoptada masivamente. Algunas cifras parecen corroborar que el despegue está a punto de llegar. Un estudio promovido por la compañía alemana G+D indica que en este lapso se ha duplicado el número de dispositivos disponibles en el mercado: a finales de 2020 había 110 modelos de smartphones, relojes y pulseras ´inteligentes`, ordenadores portátiles y tabletas equipados con esta tecnología. Han empezado a aparecer los smartphones de gama media con eSIM y, con el crecimiento previsible de 5G, se espera que entre 2021 y 2022 esta tecnología dará el salto definitivo.

Los fabricantes se han puesto a la faena, entre otros motivos por la presión que ejercen los operadores, que han decidido reincorporarse activamente a la comercialización de dispositivos – tras despreciarla durante un tiempo – y, como señala el informe de G+D, han dicho a los fabricantes de móviles que acoplen la tecnología SIM embebida en sus terminales 5G.

Tiene lógica. Ya que los clientes van a renovar masivamente el parque de smartphones, es el momento de la transición hacia eSIM. Parece que la invitación ha surtido efecto, ya que Apple, Samsung, Huawei, Motorola y Oppo, además de Google, apuestan por ella. De las marcas principales, tan solo Xiaomi se resiste, por razones no explicadas.

Los datos del estudio elaborado por Juniper Research con el patrocinio de G+D, apuntan que el 40% de los operadores – todos los relevantes – creen que la transición en su base instalada se producirá el año próximo y que para 2023 las tarjetas embebidas estarán incorporadas en (casi) la totalidad de nuevos modelos.

El número de eSIM activadas pasará de 1.200 millones este año a 3.400 millones en 2025, lo que supone un crecimiento del 180%. De ese total, los dispositivos de consumo acapararán el 94% de las eSIM activada en 2025. Juniper Research destaca que desde el año pasado ya hay unos 760 millones instaladas en dispositivos y sensores conectados.

El interés de los operadores en la implantación masiva de las eSIM es fácil de explicar: les ofrece oportunidades muy lucrativas, sobre todo en la itinerancia móvil. Con una de estas tarjetas, los abonados sólo tienen que adquirir un plan de datos que cubra el país al que van a viajar, sin ningún compromiso por adelantado, lo que equivale a un modelo de pago por uso como los que ahora hacen furor en las TI. Se pueden almacenar varias eSIM en un teléfono pero sólo se puede utilizar una en cada momento, lo que hace posible optimizar el plan de datos más favorable en cada país.

Pero no sólo los operadores tienen interés manifiesto. También muchos proveedores de servicios de valor añadido están atentos a la jugada. El problema es que la mayoría de los consumidores no saben qué es una eSIM ni en qué consisten los servicios potenciales. G+D señala que sólo un 20% de los usuarios conocen las ventajas que conllevan. En contraposición, el 85% sabe de 5G y reconoce tener ansiedad por experimentarla. Está claro, pues, que la quinta generación puede ser un acelerador de la adopción de las tarjetas embebidas. Para ello, los operadores tendrán que hace un trabajo de persuasión. En opinión de Carsten Ahrens, CEO de G+D Security, deberían poner el acento en la facilidad de uso, su ubicuidad y la facilidad de gestión de los planes de datos.

Con estas premisas, fabricantes y operadores van a “obligar” a los usuarios a asumir de una buena vez las bondades de eSIM que no han podido apreciar durante los últimos cinco años y esto coincidirá con el momento en el que los smartphones 5G bajen de precio.

¿Es una tecnología libre de problemas? De ninguna manera. La inquietud por la seguridad es el principal. Pero al basarse en una tecnología que ha ido evolucionando durante 30 años, la seguridad ha alcanzado muy altas cotas. Una eSIM cuenta con protección en tres capas. La primera en el hardware: al ir incrustada en una placa de circuito impreso, es muy superior a la que encuentra en las SIM convencionales.

La segunda capa es la gestión del perfil del usuario instalado en la tarjeta, que ya existe en las SIM actuales. Pero donde más ha avanzado el capítulo de la seguridad es en el cifrado. G+D ha desarrollado unas técnicas de encriptación que permiten reconfigurarla y cambiar de sistema operativo; si apareciese un problema, la modificación se puede hacer para toda la flota de dispositivos que hubieran sido afectados.

He ahí un cambio trascendental. La eSIM destaca frente a sus antecesoras cuando se produce un robo del dispositivo. Con una SIM convencional, el ladrón puede cambiarla y utilizarlo sin problemas. Situación que con la eSIM no puede darse, ya que al ir embebida en el terminal es imposible borrar el perfil sin conocer la contraseña, pero tampoco se puede añadir un nuevo perfil.

En definitiva, todo parece indicar que a la eSIM le ha llegado la hora de imponerse en  el mercado e implantarse en un número asombroso de dispositivos, mucho más allá incluso de los smartphones en circulación. Sea bienvenida.


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