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  17/02/2014

Dropbox vs.Box, Soonr vs. Dropbox (y hay más)

Dropbox, uno de los sistemas de almacenamiento en la nube más populares, reconocidos y – aparentemente – más utilizados, ha recibido una inyección de 250 millones de dólares. Box, su adversario en el mismo segmento de mercado, prepara sigilosamente su salida a bolsa en abril tras cerrar una última ronda de financiación por 100 millones de dólares. En ambos casos, las valoraciones implícitas son astronómicas. A los inversores de riesgo – y a los bancos que las llevarán de la mano hasta Wall Street – parece haberles entrado una fiebre por estas dos empresas cuyas perspectivas en el mercado no están del todo despejada. Poco importa allá donde abunda la liquidez.

La millonada recogida por Dropbox equivale a una valoración de 10.000 millones de dólares. Desmesurada, hasta prueba de lo contrario. De hecho la cifra se ha multiplicado dos veces y media desde que en 2011 una ronda anterior determinó que la empresa valía 4.000 millones. En aquel momento, Goldman Sachs y varios fondos ya apoquinaron 250 millones para respaldar la continuidad de la empresa fundada cuatro años antes por el joven Drew Houston. Imposible calcular a qué múltiplo sobre ingresos y/o beneficios corresponde el supuesto valor de Dropbox.

Su rival más notorio, Box – un par de años menos joven – no quiere dejar pasar esa ola de entusiasmo. En diciembre, completó una financiación de 100 millones adicionales a los 300 milliones que ha recaudado desde 2005. Al parecer, ha encomendado a Morgan Stanley preparar su próxima OPV, posiblemente en abril. La documentación se mantiene en el plano confidencial, aprovechando una legislación que exime a las startups de ciertas formalidades previas a su salida a bolsa; se ha filtrado que la valoración provisional estaría por debajo de los 2.000 millones de dólares.

Según los informes de Dropbox – públicos pero no contrastados – más de 200 millones de personas utilizan su servicio, pero no queda claro cuántos están sólo registrados y cuántos lo utilizan realmente. Lo que sí se sabe es que la mayoría son usuarios particulares y que, con alta probabilidad, una gran parte de ellos han optado por la versión libre y gratuita para guardar sus documentos y datos. Parece lógico que si quiere ganar dinero en lugar de seguir viviendo de la financiación, Dropbox tiene que buscar clientes entre las empresas, mejor dispuestas a pagar por algo que los individuos prefieren recibir gratis. Es sabido que en el entorno corporativo hay preocupación y altas dosis de sensibilidad sobre la necesidad de tener a buen recaudo la información, no así entre los usuarios, mucho menos cuidadosos, como está de sobra demostrado.

Box, por su parte, apuesta casi desde el principio por la clientela corporativa, que según su CEO, Aaron Levin, es más rentable y más fácil de proteger contra la entrada de nuevos competidores . Cuenta con el respaldo de ese potente foco de inversión que es Andreessen & Horowitz. Entre los inversores que entraron en la última ronda se encuentra Telefónica Digital. Hace un par de semanas, Levin ha cerrado un fichaje sorprendente, al contratar a Dennis Woodside como jefe de operaciones. Woodside, con años de experiencia en Google, fue el responsable de mantener el timón de Motorola Mobility hasta su venta a Lenovo. En lugar de darle otra misión, Google le ha dejado salir de filas.

El mercado crece, pero no necesariamente en la dirección que conviene a Box y Dropbox. El problema al que se enfrentan es que existen muchas ofertas de almacenamiento en la nube (con más o menos los mismos gigas de capacidad, esto es lo de menos) de grandes compañías que se valen del señuelo para retener a los usuarios en sus respectivos rediles. Esas compañías y sus servicios respectivos se llaman Google (Drive), Microsoft (SkyDrive, ahora OneDrive por razones legales), Apple (iCloud) y Amazon (WorkSpaces). Cada una tiene su fuerte implantación, y desde luego el almacenamiento online no es su negocio principal. También hay que contar como competidores en este segmento a un nombre tradicional del almacenamiento, EMC (Syncplicity).

Martin Frid-Nielsen

Martin Frid-Nielsen

También hay competidores de menos renombre. Uno de ellos es Soonr, cuyo servicio de compartición de ficheros se ofrece a través de partners: el 95% de sus ingresos procede del canal. Su CEO, Martin Frid-Nielsen, tiene una larga carrera que empezó en Borland: su especialidad es la sincronización de datos entre dispositivos móviles. Con este antecedente, Frid-Nielsen habla de lo que diferencia a Soonr de Dropbox, y que denomina «el problema de Dropbox».

«Como ustedes saben – explicó a un grupo de periodistas visitantes al presentarles su producto Soonr Workplace – Dropbox es una solución de sincronización y compartición de ficheros muy popular, cuyas raíces son universitarias y que ha sido adoptada por muchos usuarios individuales, pero que se ha convertido en una pesadilla para los departamentos de TI por razones de seguridad. El problema es que una solución concebida para usuarios individuales no vale para los usuarios corporativos».

Entre los inversores que han confiado en Soonr ayudando a su desarrollo, aparecen nombres como Intel Capital y Cisco. Según dijo Frid-Nielden, ya son 150.000 los usuarios de Soonr Workplace para empresas.

La batalla tiene varios frentes. ¿Sobrevivirá la propuesta de Dropbox, que aún no ha creado una fuente de ingresos creíble? ¿Sobrevivirá Box, sobre la base de una oferta para empresas que tienen otras alternativas? La financiación que las dos han recibido recientemente será empleada, probablemente, para hacer frente a esas carencias. Dropbox parece ser consciente de sus flaquezas, y en los últimos tiempos ha contratado a comerciales de Salesforce, VMware y Google para liderar un giro al mercado corporativo. También ha dado impulso a su propuesta de almacenamiento para grupos de trabajo, Dropbox Teams, y a Dropbox for Business, con más opciones de personalización y control. Quizás esté en juego la búsqueda de candidatos a una adquisición. No sería la primera vez que ocurra.

[post basado en un informe de Arantxa Herranz]


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