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  25/03/2021

El plan de Gelsinger para Intel mira a 2024

De la primera aparición pública de Pat Gelsinger como CEO, la prensa ha destacado el anuncio de una inversión de 20.000 millones de dólares para ampliar y actualizar su capacidad de producción en Chandler (Arizona). Sí, se piensa bien, el anuncio es importante pero no por la cuantía, que será desembolsada a lo largo de los próximos tres o cuatro años. Su verdadera importancia reside en que ratifica el modelo industrial que la compañía ha seguido históricamente, y que fuera cuestionado por accionistas impaciente. A la vez, Intel no haría ascos a una eventual externalización parcial, pero la deja en segundo plano.  O incluso se postula para prestar servicios de fabricación.

Si Intel estuviera interesada en una estrategia fabless, no habría recurrido a Gelsinger, un veterano convencido de que no hay mejor garantía de éxito que retener en propia casa el control estricto de la fabricación. En lugar de externalizar procesos – como recomendaba el fondo de inversión ThirdPoint – en favor de TSMC, Samsung o GlobalFoundries [no hay más alternativas viables y las tres están saturadas], Gelsinger se ha decantado por lo contrario: crear una unidad de negocio, Intel Foundry Services, que nace dispuesta a fabricar para terceros.

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El anuncio de los 20.000 millones tiene un manifiesto contenido político. Ante la gravísima escasez de suministro de semiconductores, Joe Biden ha pedido a la industria que le haga llegar propuestas para resolverla porque es una vulnerabilidad estratégica de Estados Unidos. Gelsinger ha recordado este martes el “desequlibiro geográfico” de esta industria [modo elegante de describir la situación], cuyo eje de gravedad pasa hoy por Asia debido en parte a la desidia de sucesivos gobiernos.

Sólo el 12% de la capacidad instalada de producción reside en Estados Unidos, mientras que en 1990 la proporción era del 37%. Aunque la mayor parte de los chips se fabrican fuera del país, muchas compañías del sector son norteamericanas, pero subcontratan la producción a países asiáticos. No es el caso de Intel, cuyas plantas están en Estados Unidos, Irlanda e Israel.

Al frente de Intel Foundry Service, estará Randhir Thakur, ejecutivo que desde 2017 ha sido responsable de la cadena de suministros de Intel. Su misión será encontrar clientes que confían a Intel la fabricación de sus chips en vez de encargarlos – típicamente – a la taiwanesa TSMC, que el año pasado arrebató a Intel la primacía del ranking mundial. Algunos analistas recuerdan que no es la primera vez que la compañía se propone fabricar para terceros, pero que en la actual situación del mercado lo tendría aún más difícil. Descartando que AMD deserte de su relación contractual con TSMC y excluyendo también que Apple vuelva al redil, sólo es posible imaginar un cliente de grandes volúmenes, Qualcomm, cuyos suministradores actuales son TSMC y Samsung según las líneas de producto.

Por supuesto, los anuncios cubren otros aspectos. Han sido recibidos por los inversores con una subida del 6%, pero si la cotización de ayer se compara con la primera del año, el ascenso ha sido del 22% y su escalada coincide con el nombramiento de Gelsinger como CEO.

La próxima prueba de fuego será el 6 de abril, cuando la compañía anuncie sus procesadores Ice Lake, momento en que probablemente se conocerán más detalles de la hoja de ruta que tiene por delante. En cualquier caso, ya está trazada hasta 2023 – como Gelsinger ha recordado – por lo que sólo podrá restablecer la disciplina de la cadencia modelo tick-tock, consistente en que si un año se avanza en la microarquitectura, al siguiente toca mejorar los procesos para preparar la fase siguiente. A este paso, aunque  pueda acelerar el paso, el horizonte del nuevo CEO queda fijado en 2024, año en el que espera recuperar el liderazgo de la última generación de procesadores .


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