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  8/01/2010

O tempora, o mores

Según las cifras oficiales de los organizadores, el Consumer Electronics Show 2010 ha arrendado menos metros cuadrados a un número superior de expositores, lo que de entrada es un síntoma soportable de cómo va la crisis en Estados Unidos. El número de visitantes registrados, unos 112.000, no es distinto al del año pasado, y por unos días Las Vegas ha vuelto a ser la capital mundial del gadget. Pero bajo este ambiente de optimismo impostado, subyace una convicción: las grandes marcas del sector viven bajo presión, obligadas a luchar contra una legión de intrusos de distinto origen y naturaleza. Nada es igual al pasado, ni será igual dentro de un año.

CES2010f

Ya es suficiente motivo de reflexión el hecho de que los dos productos de los que más se habla en Las Vegas no estén presentes en el CES: el Nexux One presentado por Google 48 horas antes, y el tablet, famoso antes de nacer, que Apple anunciará el próximo día 27. Pero, ¿son los gadgets lo que realmente importa? ¿Puede esta industria sobrevivir al deterioro de sus márgenes lanzando nuevos productos a tambor batiente?

Una primera conclusión asalta la atención del observador: la misión de revitalizar la demanda de los consumidores no reposa en los gadgets sino en las aplicaciones, que son precisamente el punto flaco de unos fabricantes que desde siempre han dado importancia secundaria al software (algo especialmente agudo entre los japoneses). Claro que lo anterior no significa que el hardware haya perdido su protagonismo, ni que la calidad, la potencia o el diseño dejen de ser atributos de valor; sólo quiere decir que su utilidad – y por lo tanto, el acicate de la demanda – depende cada vez más de las aplicaciones que sean capaces de ofrecer al usuario, y esto plantea incógnitas sociológicas y, sobre todo, una económica: si ningún fabricante puede ser autosuficiente, todos necesitan tejer una trama de partners (un ´ecosistema´, palabra comodín de la temporada) que los haga diferentes. Es la hora de los desarrolladores.

Los compartimentos del mercado son demasiado estrechos y la amplitud de catálogo es demasiado costosa. Y, sin embargo, cada uno trata de pisar el espacio adyacente, que ya está ocupado por alguien que creía merecerlo por méritos propios. Los liderazgos son efímeros y la competición está muy abierta. El primer requisito de todo nuevo artefacto electrónico es la conectividad; el segundo, la capacidad de producirlo a bajo coste para entrar al mercado rápidamente antes de que, inexorablemente, los precios se derrumben. Ningún ejemplo podría ser mejor ni más actual que el libro electrónico: decenas de modelos de eBook, escasamente diferenciados – todos se fabrican parcial o totalmente en Taiwan – han llovido sobre el CES, y esto mismo los ha reducido a la irrelevancia. No sorprende que el más vendido de las navidades fuera el Kindle, cuya virtud no está en el dispositivo – es industrialmente replicable y ha sido inmediatamente replicado – sino su vinculación con el poderío online de Amazon.

La gama de productos conectados o conectables a Internet es abundante en el CES 2010, y esto conlleva que en la electrónica de consumo resulte imperioso redefinir la segmentación. Una afirmación tan rotunda como esta, hay que demostrarla: véase el caso de los reproductores MP3. Desde el advenimiento del iPod, decenas de marcas respetables han caído en la marginalidad; sólo Samsung, Sony y alguna más, soportan mal que bien la batalla contra Apple, que a su vez asiste al gradual declive del invento – aun así, ha vendido 70 millones en 2009 – y todos necesitan lanzar “otra cosa”. Que no será, desde luego, otro dispositivo de audio, sino que ha de incorporar vídeo, permitir la descarga de contenidos bajo demanda, y combinarse con un sinfín de prestaciones afines. Otro ejemplo posible es la televisión en 3D, que ha pasado en pocos meses del escepticismo a un auténtico ruido mediático: ¿alguien puede afirmar que esta es la fórmula idónea para restaurar el decadente mercado del home cinema? ¿O se trata de una promesa tecnológica – sin lugar a dudas, impresionante – cuya función es compensar la caída de márgenes en otras categorías?

Una segunda conclusión provisional, pone de manifiesto la importancia relativa de los mercados, en su acepción geográfica. Durante décadas, los productos de electrónica de consumo se han diseñado pensando en el dinamismo de los mercados centrales, dejando para los periféricos – ahora llamados emergentes – la menor sofisticación, cuando no la baja calidad. Han cambiado las tornas, señores, y hoy los mercados centrales – ahora llamados maduros – no aportan suficiente dinamismo para sostener una industria cuyos accionistas están ansiosos por el crecimiento. Sociológicamente, el razonamiento se completa así: en los mercados emergentes, la electrónica de consumo aporta una apariencia de riqueza, mientras en los mercados maduros se acerca el día en que los usuarios dedicarán más dinero a rodearse de aplicaciones y servicios que a renovar sus gadgets.


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