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  4/09/2009

Con el espectro hemos topado

El espinoso asunto que atiende por el nombre de refarming, y consiste en un nuevo reparto de las frecuencias del espectro radioeléctrico asignadas a la prestación de servicios de telefonía móvil, saltó en Santander. Lo trajo Guillermo Ansaldo, presidente de Telefónica España, el operador más perjudicado en principio por la operación que ha puesto en marcha Francisco Ros, secretario de Estado en la materia. Tres de los cuatro operadores titulares de licencia tienen como interés común que sus frecuencias en la banda de 900 MHz – restringidas hasta ahora a la prestación de servicios de voz – sean recalificadas para datos móviles.

La segunda circunstancia es que Industria promueve un nuevo reparto, que  permita aumentar la dotación de Orange, y dar capacidad propia en 3G al cuarto operador, Yoigo, empresa que no existía cuando se hizo la asignación. Y tercera: en febrero llegará a su caducidad la concesión de 12,5 MHz de los 16 MHz que tiene  Movistar, y Ros ha de decidir qué hacer con ellos.

En este asunto, la física marca un límite inamovible: en la banda de 900 hay sólo 35 MHz disponibles, y de su distribución depende la capacidad competitiva de cada operador. Un principio de acuerdo de los tres grandes, por la que Movistar rebajaba sus pretensiones a cambio de ceder frecuencias a Orange, fue rechazado por Industria, al entender que dejaba fuera de juego a Yoigo y exponía al gobierno a un casi seguro problema con Bruselas.

El secretario de Estado ha fijado un plazo de quince días para recibir una segunda propuesta, pero sería ilusorio esperar que las piezas encajen ahora por la simple voluntad de armonizar intereses que son contradictorios. Tarde o temprano, Ros tendrá que resolver el puzle del refarming y, de paso, decidir si lo hace por concurso (como dicen querer todas las partes) o mediante subasta. No es este un dilema menor: el criterio que se siga ahora podría servir de precedente cuando toque distribuir el “dividendo digital”, en 2015 según la fecha anunciada. ¿Por qué esperar cinco años después del apagón analógico?  Es otro frente abierto: los operadores sostienen que no hay razón alguna que justifique el plazo.

El espinoso asunto que atiende por el nombre de refarming, y consiste en un nuevo reparto de las frecuencias del espectro radioeléctrico asignadas a la prestación de servicios de telefonía móvil, saltó en Santander. Lo trajo Guillermo Ansaldo, presidente de Telefónica España, el operador más perjudicado en principio por la operación que ha puesto en marcha Francisco Ros, secretario de Estado en la materia. Tres de los cuatro operadores titulares de licencia tienen como interés común que sus frecuencias en la banda de 900 MHz – restringidas hasta ahora a la prestación de servicios de voz – sean recalificadas para datos móviles.
La segunda circunstancia es que Industria promueve un nuevo reparto, que  permita aumentar la dotación de Orange, y dar capacidad propia en 3G al cuarto operador, Yoigo, empresa que no existía cuando se hizo la asignación. Y tercera: en febrero llegará a su caducidad la concesión de 12,5 MHz de los 16 MHz que tiene  Movistar, y Ros ha de decidir qué hacer con ellos.
En este asunto, la física marca un límite inamovible: en la banda de 900 hay sólo 35 MHz disponibles, y de su distribución depende la capacidad competitiva de cada operador. Un principio de acuerdo de los tres grandes, por la que Movistar rebajaba sus pretensiones a cambio de ceder frecuencias a Orange, fue rechazado por Industria, al entender que dejaba fuera de juego a Yoigo y exponía al gobierno a un casi seguro problema con Bruselas.
El secretario de Estado ha fijado un plazo de quince días para recibir una segunda propuesta, pero sería ilusorio esperar que las piezas encajen ahora por la simple voluntad de armonizar intereses que son contradictorios. Tarde o temprano, Ros tendrá que resolver el puzle del refarming y, de paso, decidir si lo hace por concurso (como dicen querer todas las partes) o mediante subasta. No es este un dilema menor: el criterio que se siga ahora podría servir de precedente cuando toque distribuir el “dividendo digital”, en 2015 según la fecha anunciada. ¿Por qué esperar cinco años después del apagón analógico?  Es otro frente abierto: los operadores sostienen que no hay razón alguna que justifique el plazo.


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