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  2/02/2021

Una desinversión muy calculada de Telefónica

A finales de 2018, la acción de Cellnex Telecom cotizaba a 18 euros, ayer rozaba los 50 euros. Se debe al éxito de un modelo de negocio que entronca con la tendencia que de tiempo atrás define muchas operaciones en el sector de las telecomunicaciones: la enajenación de infraestructuras físicas a compañías especializadas para seguir usándolas en régimen de alquiler a largo plazo. La alquimia de convertir capex en opex.  Hace dos meses, Tobías Martínez, consejero delegado de la compañía hacía pública su disposición a adquirir torres que eran propiedad de Telefónica a través de Telxius. La frase dio motivo a pensar que trataba de cambiar in extremis una intención distinta de la otra parte.

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Si esto era lo que pretendía, no salió como Martínez esperaba. Además de esa opción, que muchos consideraban “natural” entre dos compañías que son jurídicamente españolas (otra cosa es qué capitales mandan), había otra oferta que coloquialmente se atribuía a un “tapado”: American Tower es un coloso en este negocio peculiar, con 180.000 torres dispersas por los cinco continentes.

Con sólo 4.700 emplazamientos en Europa, American Tower no podía dejar pasar la ocasión y apostó fuerte: 7.700 millones de euros en efectivo para comprar 31.000 torres propiedad de Telxius, sociedad que Telefónica comparte con el fondo KKR y Pontegadea, conocida como vehículo de inversión de Amancio Ortega.

Es interesante indicar dónde están esos emplazamientos: España, Alemania, Brasil, Chile, Perú y Argentina. O sea, en tres mercados que Telefónica ha definido como pilares de su estrategia y otros tres en los que ha anunciado su intención de desinvertir. Deliberadamente, la lista omite el Reino Unido, lo que indica una voluntad de extraer más valor de su participación en Cornerstone, sociedad que Telxius comparte con Vodafone y que cuenta con 14.200 sitios en las islas británicas.

Con esta operación, el presidente de Telefónica, José María Álvarez-Pallete, sigue adelante con el plan estratégico que presentó en noviembre de 2019 en el que contempla la venta de activos poco estratégicos (o no rentables, en otros casos). En resumidas cuentas, esta es la desinversión más cuantiosa de su mandato.

Por cierto, el precio pactado no tiene parangón, lo que se pude comprobar indirectamente. Cuando Amancio Ortega acordó acompañar a Telefónica en el negocio de infraestructura, invirtió 378 millones de euros a cambio de controlar el 10% de Telxius. La operación con American Tower le procura unos ingresos estimados en 700 millones y todavía quedan otros activos por explotar o vender.

Además de la razón dineraria, que sin duda ayuda a menguar la deuda, hay otra por la que Álvarez-Pallete y su consejero delegado, Ángel Vilà, pueden estar satisfechos. Evitan que Cellnex coja más poder de mercado. Habría alcanzado un total 140.000 emplazamientos [actualmente tiene 107.000]. Con su pirueta, Telefónica ha tendido una mano a American Tower para que gane presencia en Europa. ¿Por qué? Porque la competencia presionará a la baja el alquiler de la infraestructura, que pronto será renegociado para dar cabida a más estaciones base de 5G.

En cualquier caso, Cellnex seguirá siendo una potencia de cuidado en Europa – apúntese que su valor en bolsa iguala al del operador y en ciertos días lo supera – a la vez que asiste al eclipse de Telxius, una competencia creada por Telefónica en 2016 para internalizar plusvalías de unos activos que son imprescindibles pero no necesariamente tienen que estar en el balance de la compañía usuaria. Y que, ya en ese momento, no quería que cayeran en manos de Cellnex.

El negocio de Cellnex es emblemático de una estrategia de largo plazo. Los operadores deben alquilarle las mismas antenas que le han vendido, con lo que tiene garantizados ingresos durante muchos años. Este es uno de los motivos de su hasta ahora exitosa travesía en bolsa. A sus accionistas les encanta saber que es un negocio seguro. Y creciente, por no decir vertiginoso. En 2015, cuando adoptó su nombre actual, sus ingresos [que incluyen los servicios heredados de la antigua Retevisión] eran de 611 millones de euros; cuando cierre el año fiscal 2020 los habrá duplicado (de enero a septiembre ingresó 1.149 millones).

La última – o penúltima, ya es difícil seguirlas – de sus operaciones ha sido la compra de 24.600 antenas del grupo Hutchinson en Europa. Pero queda mucho por comprar, ya que la tendencia de los operadores a vender sus torres es la regla. No hay que perder de vista que Orange seguirá desinvirtiendo: su última venta, de sólo 1.500 antenas, le reportó 260 millones y fueron a parar, cómo no, a Cellnex, En aquel momento – finales de 2019 –  el grupo francés anunció la separación de sus infraestructuras para facilitar una desinversión cuando fuera oportuna.

Con un comprador tan evidente y decenas de miles de antenas por vender en Europa, el deseo de cualquier operador es engordar el valor de estos activos todo lo posible. El acuerdo de Cellnex con Hutchinson manda un recado a American Tower, que hasta ahora no era un competidor real: Cellnex defenderá su perímetro europeo.

Pocos días antes de anunciarse el acuerdo entre Telefónica y la compañía estadounidense, se hacía pública otra operación relevante, por la que Cellnex adquiría a Deutsche Telekom un lote de 3.150 torres de T-Mobile en Holanda, país en el que pasa a tener 4.300 emplazamientos. La compañía italo-española de gestión de infraestructuras ha firmado, además, un contrato para dar servicio al vendedor durante 15 años y con renovación automática cada 10 años. A la vez, lo que es menos habitual, invierte 200 millones en un fondo abanderado por el operador alemán que tiene como objeto social la inversión no sólo en torres sino sobre todo en fibra y centros de datos. Aparentemente, una proposición a Telefónica sobre este molde no llegó a cuajar

El tapete europeo del sector no da tregua. Telefónica (O2 UK) y Vodafone han dado otro giro a sus estrategias de infraestructuras en Reino Unido, integrándolas en una filial común, Cornestone: son 14.200 emplazamientos. El grupo británico ha decidido mover su 50% a una compañía propia, Vantage Towers. Es su intención  sacarla a bolsa en Frankfurt este año, dotada de patrimonio de 82.000 emplazamientos en los países europeos donde está presente.

Con la salida a bolsa, Vodafone busca, de nuevo, incrementar el precio por si sonaran tambores de compra. No es descartable, ni mucho menos, que Cellnex y American Tower estén echando cuentas sobre sus posibilidades. Ahora mismo, el valor de Vantage Towers se estima en 20.000 millones de euros, según los analistas. Sería harina de otro costal el precio que pudiera alcanzar en una puja entre estos potenciales compradores.

Entretanto, Telefónica ha dado luz verde a su socio ocasional en Reino Unido para elevar el valor de las torres que ambos comparten. El hecho de que Vodafone haya transferido su 50% de Cornestone, le confiere libertad para 1) integrar su parte en lo que queda de Telxius, que no es poco o 2) venderla directamente a un tercero porque el pacto original ha cambiado Por otra parte, no olvidar que Telefónica tiene otros 20.000 emplazamientos en su cartera.

Último elemento a considerar: Telxius tiene otro activo de valor, su negocio de cables submarinos. El grupo ha encargado a Société Générale el análisis de una eventual desinversión. El momento es interesante: la pandemia ha incrementado un 30% el tráfico cursado sobre estas redes y no parece que este indicador vaya a decrecer.

Hace unos meses, el consejero delegado de Telefónica, Ángel Vilà, anunció  que se renegociarían contratos de cable submarino cuya expiración estaba próxima. Hasta donde ha podido saber este blog, su vigencia se ha ampliado en cinco años a cambio de una rebaja de precio, lo que en algún momento tendría impacto negativo en los ingresos de Telxius pero a la vez incrementará su valor en libros. Esta hipótesis indicará si se concreta la venta de los 100.000 km de cable en posesión de esta filial de Telefónica: un eventual comprador tendría el aliciente de no necesitar nuevos acuerdos con terceros para asegurarse un lustro de ingresos estables.


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