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  2/02/2015

2Feb

Para última hora de hoy, VMware ha convocado el primero de una cadena de anuncios que mañana replicará en Europa y el miércoles en Asia. Los protagonistas serán Pat Gelsinger y Ben Fathi, CEO y CTO respectivamente de la compañía. En principio, la convocatoria parecía motivada por el lanzamiento de vSphere 6, que desde junio vienen probando en beta un grupo de clientes comprometidos a guardar estricto silencio. No se excluye que haya más noticias que comunicar, pero sólo con esta bastaría para subrayar la importancia de la convocatoria.

Mucho ha cambiado en el universo de VMware y el de sus clientes desde el anuncio en 2011 de la anterior versión de vSphere, núcleo central de la oferta de la compañía. Y ese cambio es consecuencia de la generalización del cloud computing. Aunque este fenómeno ya estaba en el ambiente por entonces, vSphere era esencialmente un sistema operativo para mejorar el rendimiento de las máquinas virtuales e introducir un nuevo modelo de licencia que, tras las protestas de los usuarios, tuvo que revocar Gelsinger al poco de ser nombrado CEO.

Pese a ser el líder del mercado de virtualización, tecnología sobre la que se basa ´la nube`, VMware ha pecado de lentitud en su adaptación al nuevo ´paradigma`. Tuvo que llegar vCloud Air, su plataforma de servicios cloud, y la consiguiente decisión de replantear el papel de sus partners, para que VMware iniciara la remodelación de su producto estrella. La conspiración de silencio sobre vSphere 6 ha funcionado, pero no hay misterio en que su finalidad es apuntalar la reconversión de la compañía, y de sus clientes.

Se trataría de permitir que estos combinen infraestructuras privadas y públicas para formar clusters de servidores basados en vSphere, tanto on premise como en la nube. El movimiento tiene mucho de defensivo. Si no tuvieran alternativa, los clientes que son fieles a VMware en sus datacenter, podrían acabar cediendo a las tentaciones de los proveedores de servicios cloud. Por otra parte, necesita aprovechar el margen de retraso de Microsoft, que no anunciará el nuevo Windows Server hasta 2016, en lugar de este año, como estaba previsto.

Hay otras circunstancias en juego. VMware ha cerrado un año fiscal con resultados espectaculares: por primera vez, cruzó la línea de los 6.000 millones de dólares de ingresos 16% de crecimiento, pero su margen operativo flaquea, y la previsión para 2015 apunta a una desaceleración. Por si fuera poco, es el centro de una disputa entre EMC y un inversor que pretende sacar tajada de una eventual disolución del vínculo entre ambas empresas.

Con este telón de fondo, la semana pasada Gelsinger descubrió una carta que vale mucho. VMware no tiene capacidad financiera para enfrentarse sola a los grandes actores de cloud computing. Sus partners están siendo cortejados por rivales de la talla de Cisco, HP y Oracle, que esgrimen como zanahoria sus respectivas estrategias de ´multicloud`. Ante la disyuntiva, Pat Gelsinger ha encontrado el socio idóneo, Google, con el que ha firmado un acuerdo por el cual los usuarios de vCloud Air tendrán acceso a ciertos servicios de la plataforma Google Cloud como extensión de su contrato con vCloud Air. Logísticamente, significa que los clientes de los dos socios dispondrán de servicios cruzados en un mismo entorno híbrido.

Las necesidades de los dos socios se complementan. Google ha tenido más éxito atrayendo a desarrolladores hacia su plataforma cloud, pero no así entre las empresas que desean mantener una cuota importante de sus cargas on premise o están siendo influidas por Microsoft (Azure) o Amazon (AWS). A su vez, VMware confía en que el soporte de Google le será útil para retener incólume su clientela tradicional y aislarla de idéntica (mala) influencia.

Queda mucho por entender en estos movimientos de fichas, pero sólo faltan unas horas para que la propia compañía desvele su jugada.


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