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  31/05/2017

31May

Me han preguntado por qué este blog, centrado en el sector de las TI, dedica con frecuencia espacio a escribir de coches conectados y/ autónomos. La respuesta está cantada: la cantidad de silicio y de líneas de código que incorpora un coche actual sería suficiente motivo, si no concurriera el hecho de que muchas de las empresas sobre las que habitualmente escribo están implicadas directamente en esas tecnologías.

Pero es que, además, el mismo día en que me hacían la pregunta, se publicaba una noticia muy oportuna: la destitución de Mark Fields, quien ha sido CEO de Ford los tres últimos años. Sus malos resultados bastarían para explicar su caída en desgracia, pero la noticia nos trae otro elemento: su puesto será ocupado por Jim Hacket, quien a diferencia de Fields no es un veterano de Ford pero venía ocupándose de una división creada a su hechura, Smart Mobility.

Es curioso, porque Fields se ha prodigado públicamente propugnando el programa dirigido por Hackett, pero a la hora de la verdad su labor ha sido juzgada por los parámetros más convencionales, a saber: la cuenta de resultados y la cotización, ambas en descenso constante. Estos son los problemas de Ford: 1) no vende suficientes coches – los de toda la vida, se entiende – como para mantener el lustre de la marca  y dar a sus accionistas los beneficios que esperan, y  2) no ha acelerado lo suficiente su inmersión en las nuevas tendencias del mercado. Por lo que se ve, Hackett tendrá ahora que ocuparse a la vez de las dos cosas.

Ford comparte con su viejo rival General Motors una inquietud común: viniendo de una industria clásica [y en el caso de GM de una quiebra y un rescate] están muy lejos del Olimpo actual del capitalismo, dominado por las empresas tecnológicas. Recientemente han sido superadas en valor bursátil por Tesla.

La comparación entre Ford y General Motors es pertinente porque lleva rezago con respecto a la segunda en la adopción de las tres tecnologías ´disruptivas` que amenazan la supervivencia de los grandes de Detroit: el coche eléctrico, la conducción autónoma y los futuros servicios de transporte. Tesla, Alphabet y Uber son los competidores en los que tienen que pensar.

Toda la industria de automoción está embarcada, con mayor o menor audacia, en esa corriente. Mientras tanto, el Bolt, coche eléctrico de GM, lleva tiempo en el mercado; el de Ford no espera hasta dentro de un par de años. Por otro lado, este año GM planea testear una flota de coches autónomos, mientras su rival sólo promete un coche sin pedales y volante… en 2021.

Las dos han dado pasos en esa dirección: GM comprando la empresa Cruise Automation, y Ford optando por la compañía de inteligencia artificial Argo. Se puede colegir que la promoción de Hackett implicará un flujo de inversiones en nuevas tecnologías, pero deberá andarse con tacto – y con el respaldo de Bill Ford, actual cabeza de la dinastía – para convencer a unos accionistas ´tradicionalistas` recelosos de las aventuras.

Tal como están las cosas, una de las decisiones que deberá tomar Hackett es con qué empresa tecnológica aliarse para desarrollar su concepción de la smart mobility. La industria de automoción, en todos sus segmentos, observa con inquietud cómo las de la electrónica y el software le van arrebatando una cuota creciente del valor que contienen sus productos. Esta es la tercera razón por la que este blog se ocupa de ellos: ambas partes tienen que encontrar otro modelo de relación. La cooperación entre la industria de automoción y los gigantes del Silicon Valley marcará los próximos años.

 


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