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  3/11/2014

3Nov

El miércoles de la semana pasada, la (todavía) primera economía mundial se despertó sin la metadona que desde 2008 ha evitado su recaída en la Gran Depresión. En concreto, la Reserva Federal ha dado por terminado el ciclo de estímulo monetario conocido como Quantitative Easying, en el que ha desembolsado 3,5 billones [trillions] de dólares. La presidenta de la entidad, Janet Yellen, ha amagado con volver próximamente a los tipos de interés positivos, por considerar que se están dando en Estados Unidos las condiciones para volver a la normalidad: crecimiento del 3,5% en el PIB en el tercer trimestre, inflación del 1,7%, desempleo del 6% y déficit público en proporciones manejables. Son macroindicadores, habrá que ver cómo funcionan a partir de ahora.

Sólo 48 horas después, el Banco de Japón tomaba la dirección contraria: ponía en marcha un programa de compra de bonos [similar al abandonado por la Fed pero desde luego muy inferior] con la finalidad de recortar sus rendimientos, provocar una devaluación del yen y, por este medio, promover las exportaciones, componente vital para las empresas japonesas, que han vuelto a subir en la bolsa de Tokio, y salvar el empleo.

Liquidez. Es la palabra clave en las dos noticias de signo y timing opuesto. En EEUU, las tres rondas de QE han servido para reactivar la economía, pero también han facilitado ese desajuste que suele resumirse como ´financierización` de la economía real, con una secuela de desigualdad muy grave y que acabará pasando factura política, como podrá comprobar Barack Obama mañana en las elecciones de mitad de mandato.

La dicotomía entre bloques económicos se está manifestado en forma de perturbaciones de sus respectivas divisas: el dólar sube, el yen baja y el euro se deprecia correlativamente. Por ahora, es lo normal, pero esconde el peligro de que países con estructuras económicas dispares se lancen a la emulación con el mismo truco al mismo tiempo, como avisa el agudo John Authers.

Queda así demostrado que los bancos centrales tienen, entre otras cualidades, el poder de crear y gestionar expectativas. Una lección que sin duda conoce Mario Draghi, presidente del Banco Central Europeo. Esta semana – por otro lado, la primera de funcionamiento de la nueva Comisión Europea – puede ser crucial, si Draghi consigue sacudirse la retórica, desafiar a sus críticos y dar un golpe de timón monetario. El programa de compra de activos LTRO [que nuestros ingenios autóctonos bautizaron como ´litrona`] ha sido tímido, y ha tropezado con los prejuicios ideológicos de quienes siguen diciendo que la austeridad habrá sido buena sólo si se continúan las llamadas reformas estructurales [el Wall Street Journal, impertérrito, editorializaba el otro día sobre la necesidad de que España liberalize aún más el mercado laboral].

La faena que tienen por delante Draghi y el BCE es delicada: evitar que el estancamiento cíclico en el que Europa se ha instalado se convierta en estancamiento secular, como se advierte desde el otro lado del Atlántico, y evitar una réplica de la década perdida japonesa, que por lo visto es el camino que llevamos. Ningún economista podría sostener seriamente que en Europa la inflación es un riesgo; sin embargo, esta es la doctrina que subyace en algunas opiniones recientes.

La gran pregunta es ¿hasta dónde puede llegar Draghi?, ¿cuántos activos debería incorporar el BCE a su balance? Se ha sugerido que sería necesario hasta el 1% del PIB conjunto de la eurozona durante un par de años [entre 500.000 y 750.000 millones de euros] y concentrar el esfuerzo en los países meridionales desfasados con los septentrionales; quizás podría empezar a desmontar la bomba de relojería de la deuda soberana, ahora que parece tener encauzada la solvencia de los bancos de la eurozona, alicatados de nuevas. Me temo que el zorruno presidente del BCE tendrá que vencer la resistencia de los partidarios de seguir con el escarmiento.

Mientras tanto, en este mundillo en que me muevo, seguimos hablando de eficiencia, de ´hacer más con menos`, de ´innovación disruptiva`, empredimiento, marketing online y aplicaciones mágicas [lean mi crónica de hoy]. Hay quien disimula su escepticismo con la supuesta recuperación, etcétera, etcétera.

No quiero ni puedo extenderme, sólo decir que la economía no es en absoluto off topic para este blog. Un lector y buen amigo, alto directivo de una multinacional en España, me incitaba estos días a perseverar, con – cito casi literalmente – esta frase de sobremesa: “Leo con mucho interés tu newsletter cuando escribes sobre mi empresa y mis competidores; lo aprecio, pero echo en falta tus comentarios económicos de antes del verano”. Gracias, amigo NN [nomen nescio], me da mucho gusto retomar la costumbre hoy, en este otoño tan raro que nos ha tocado.


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