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  16/05/2011

Android o Chrome OS. ¿Por qué no los dos?

Cuando no ha completado todavía la transición de Android de los smartphones a las tabletas, Google aprovechó su conferencia anual de desarrolladores, sucintamente llamada I/O 2011, para proclamar que su intención es llevar el sistema operativo más allá de esas dos categorías, hasta abarcar todo dispositivo conectable. Al mismo tiempo, Andy Rubin, creador de Android y máximo responsable de esta rama de la compañía, no dio importancia  a la sugerencia de que la dualidad con el otro sistema operativo, Chrome, es potencialmente conflictiva. La tesis más extendida sostiene que Android ha probado ser un arma eficaz contra Apple, y Chrome será la punta de lanza del asalto contra Windows. 

Andy Rubin

Andy Rubin

Google optó por dar a la conferencia un perfil técnico, acorde con la audiencia de desarrolladores, en el Moscone Center de San Francisco. Eso sí, sin la impronta glamurosa de los eventos de Apple en el mismo recinto, y en la que nadie parecía echar en falta a Larry Page ni, por supuesto, a Eric Schmidt, elevado a la condición de chairman sin proyección pública. No faltaron ingredientes para entusiasmar a un público entregado a priori. Hasta ahora, se dijo, han sido activados 100 millones de dispositivos Android, hay 310 modelos en venta y más de 200.000 aplicaciones disponibles, de las que se han contabilizado 4.500 millones de descargas.

En la sesión dedicada a Android, Rubin confirmó que la próxima versión, la cuarta, se llamará Ice Cream Sandwich, y estará disponible antes de finales de año. Como es lógico, traerá novedades a la familia, pero su papel fundamental será iniciar el esfuerzo de unificación de las plataformas de smartphones y tabletas. El plan – según informó –  es ofrecer un sistema operativo que funcione en dispositivos con diferentes “factores de forma” y tamaños de pantalla. Los desarrolladores dispondrán de nuevas API que facilitarán el escalado de sus aplicaciones a diferentes opciones.

Porque uno de los problemas que más señalan los desarrolladores, y también los fabricantes, aunque a los usuarios no parece importarles demasiado, es la opacidad en la gestión de las actualizaciones del sistema operativo, que agrava el fenómeno de fragmentación de la plataforma. Sólo un pequeño porcentaje de los smartphones Android funciona con la versión más reciente, la 2.3.4, pero Google dice estar trabajando con los fabricantes para definir un calendario que permita homogenizar la base instalada en 18 meses, “siempre que el hardware lo permita”.

También se objeta que – a diferencia de la unificación que predica Apple para iOS, cuya nueva versión se anunciará el mes próximo – el Android para tabletas, Honeycomb, tiene un parentesco difuso con el Android para smartphones. En San Francisco, se anunció la versión 3.2, que añade nuevas opciones de interfaz, y soporta un nuevo servicio de alquiler de películas basado en Android Market. Pero, de momento, la única tableta con Honeycomb es Xoom, de Motorola, que ha tenido unas ventas sólo discretas en abril.

En las mismas fechas, se publicaba una entrevista en la que el CEO de Nvidia, Jen-Hsun Huang – cuyo procesador Tegra 2 equipa las tableta de Motorola y Samsung, entre otras – expresaba su frustración por el hecho de que las ventas de sus clientes se ven afectadas por un volumen de aplicaciones muy inferior al que existe para los smartphones pese a que, en teoría, pertenecen a la misma familia. El CEO de Motorola, Sanjay Jha, es (ahora) de la misma opinión: “los consumidores tienen derecho a esperar más aplicaciones”. Se ha dado a entender que, cuando Honeycomb se transmute en Ice Cream Sandwich, se podrán escribir aplicaciones Android que funcionen en ambas categorías, pero los directivos de Google han sido parcos en detalles acerca de cómo será posible. 

Apareció, fugazmente durante la sesión, el debate acerca del ejercicio de control de Google sobre una plataforma que, en principio, es open source. En el coloquio con la prensa, Rubin hizo una interesante precisión: “Android es open source, pero esto no significa que sea un proyecto comunitario”. La razón por la que Google maneja los tiempos al liberar el código a los desarrolladores, es la necesidad de reglar los interfaces [en un contexto de múltiples fabricantes, por lo que es incomparable con Apple, algo que no dijo pero todos entendieron perfectamente] que subyacen en las aplicaciones que han de ser aprobadas para su distribución a través de Android Market. “Las API se desarrollan mejor en un marco privado (no comunitario) y estarán disponibles cuando consideraemos que está asegurada su compatibilidad”.

Según Rubin, que no se haya abierto (todavía) el código de Honeycomb, obedece a una circunstancia excepcional, la necesidad de poner en el mercado un sistema operativo para tabletas lo antes posible. Esta circunstancia ha dado origen a otra circunstancia: coexisten dos ramas de Android, y esto despista a mucha gente.

No es que lo anterior carezca de importancia, pero lo más interesante ha sido la confirmación de que Google no quiere que Android se limite a ser un sistema operativo sólo para móviles. Dos iniciativas ilustran esta ambición: 1) el anuncio de Android Accessory Mode, para que terceras partes puedan crear un hardware que pueda conectar con un dispositivo Android vía USB (se mostró la demo de un controlador de juegos y otro para conectar un robot); y 2) con Android@Home se busca la conexión de una diversidad de aparatos y objetos domésticos, a condición de que tengan “alguna forma” de sistema operativo e interfaz.

Para alentar a los desarrolladores, Google ya ha distribuído cientos de kits de Accesory Mode. La combinación implica que un dispositivo Android detectará automáticamente los accesorios conectados mediante USB o una red, y les abrirá la posibilidad de usar las capacidades del dispositivo anfitrión. Con el tiempo, esto cambiará la naturaleza hoy restringida de Android, gracias a los nuevos modelos de interacción.

El cúmulo de novedades conocidas en la conferencia I/O 2011 sugieren que Google se acerca a un momento de divisoria de aguas en el papel respectivo de sus plataformas, y tendrá que definir (y hacer comprensible) el papel de cada una. En la graciosa frase de un analista, “Google OS everywhere, Android anywhere”.


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