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  7/06/2016

Apagón en la industria japonesa de televisión

Panasonic acaba de anunciar que dentro de tres meses, a finales de septiembre, dejará de fabricar pantallas de televisión. Tras la compra por Foxconn de las dos inmensas plantas de pantallas de Sharp y del abandono de Toshiba, que siguió al anterior de Pioneer y Sony, todas las compañías japonesas se han retirado de una producción que durante años fue emblemática de la electrónica japonesa y núcleo de la innovación, así como de cuantiosas inversiones en el sector. A partir de ahora, todas las pantallas de los televisores que luzcan marcas niponas serán fabricadas por compañías de Corea del Sur, China o Taiwan. Es el final de una era, como lo fue antes en Europa y en Estados Unidos.

El anuncio afecta a la factoría de Himeji, al suroeste de Japón, que nunca ha sido rentable desde su inauguración en 2010. No ha cogido a nadie por sorpresa: el canto del cisne de esta otrora poderosa industria del país tuvo lugar a principios de año, cuando el gobierno y varias corporaciones no llegaron a un acuerdo para reflotar con capital público y privado la planta de paneles TFT de Sharp en Kameyama (Osaka), un prodigio tecnológico lastrado por la enorme deuda bancaria contraída para construirlo. Por fin, tras meses de negociaciones y presiones, fue adquirida por la compañía taiwanesa Foxconn (Hon Hai Precision Industries, como se la conoce en su país de origen) por un precio sustancialmente rebajado sobre la oferta inicial.

Al contrario que Sharp, Panasonic nunca apostó en serio por la tecnología de pantallas TFT, sino que fue abanderada de la de plasma. La compañía era consciente de que los televisores de plasma tenían fecha de caducidad y nunca lo ocultó, pero planificó e invirtió en ella durante dos décadas, entre 1990 y 2010, operación que resultó rentable hasta que abandonó del todo esa tecnología en 2014.

Se veía venir pero Panasonic no tenía más salida que resistir: abrió la planta de TFT con poca convicción, forzada por las circunstancia, ya que: el plasma no daba más de sí y la siguiente ola tecnológica, OLED, exigía demasiadas inversiones con un porvenir incierto entonces y no del todo claro ahora. Sólo la coreana LG ha hecho su apuesta firme por las pantallas OLED y le va bien porque es la única en el mercado. Samsung, su gran rival y líder del mercado, tiene en casa la misma tecnología, pero sólo la usa de momento en tamaños pequeños, en sus smartphones, e insiste en que no está madura para la televisión. Se ha hablado de OLED durante veinte años, y esto es lo que hay.

La planta de Himeji será reconvertida para fabricar pantallas más pequeñas, también TFT, destinadas sobre todo al interior de automóviles y a equipos de electromedicina. Panasonic prevé seguir fabricando y vendiendo televisores, comprando su componente principal, la pantalla, a terceros – sobre todo a LG – como ya venía haciendo. Desde el año pasado comercializa un televisor OLED de 65 pulgadas, con la pantalla que compra a LG.

Por supuesto, el problema tiene una base económica, relacionada con la historia del impacto cambiario sobre toda la industria japonesa. Pero, en este caso, para tener una idea precisa de la dimensión de la derrota, hay que añadir que en Himeji se han invertido 2.100 millones de dólares para dotarse de una capacidad anual de 810.000 pantallas de televisión. No hace falta recordar que Panasonic es una marca histórica: empezó a fabricar televisores en 1952 y estuvo entre los líderes del mercado mundial, primero con los de tubo y luego los de plasma. No se inició con la tecnología TFT hasta 2006 en una planta que cerró para sustituirla por la de Himeji.

El fracaso no ha sido tecnológico, sino que debe atribuirse a la dificultad de competir con Samsung y LG, así como al aumento de capacidad de las fábricas chinas: la consultora especializada IHS informa que a comienzos de este año había 11 activas, 10 en construcción y 8 en proyecto, la mayoría para producir grandes formatos. La caída de los precios de los televisores es consecuencia directa del exceso de capacidad instalada .

El año pasado se vendieron en todo el mundo, según GfK, 231 millones de televisores, casi todos TFT-LED, frente a los 234 millones en 2014; el corriente repetirá el descenso, y sólo en 2018 las ventas podrían volver al nivel de 2014. Una estacada mortal para los fabricantes debilitados pese a que 2016 tocan olimpiadas y Eurocopa, dos estímulos tradicionales de la demanda que este año no funcionarán.

Lo peor ha sido la caída de los ingresos. El año pasado, la industria mundial de televisores facturó 93.000 millones de dólares, frente a los 100.000 millones de 2014, una caída del 7%. En números redondos, significa que el precio medio de un televisor ha bajado en un año de 425 a 411 dólares, y en 2016 con suerte se quedaría en 400 dólares. Esto a pesar del aumento del tamaño medio y de la mayor resolución, que deberían sostener los precios. Según las estadísticas publicadas, tradicionalmente el mercado mundial tenía un suelo de 250 millones de unidades, con costes de producción más bajos y una facturación más alta.

El problema, para Panasonic como para los demás fabricantes japoneses, es que la pantalla resulta ser un componente altamente estratégico. Sony, Hitachi y Toshiba, forzados a cerrar sus fábricas, crearon en 2012 con ayudas públicas el consorcio Japan Display, que se dedica a fabricar pantallas TFT pequeñas para Apple. Se negoció que Japan Display se quedara con la fábrica de Sharp para crear una industria nacional capaz de resistir la competencia, pero el fuerte endeudamiento de Sharp y la negativa de los bancos a asumir las pérdidas acumuladas, hizo que cayera en manos de Foxconn a precio de derribo. Japan Display tiene otro grave dilema: si Apple decidiera adoptar la tecnología OLED, abandonando las pantallas TFT en el iPhone y el iPad, el consorcio se quedaría sin ese cliente.

Con voluntad de endulzar la decisión, Panasonic ha argumentado que tiene una tecnología propia para iluminar las pantallas TFT con LED y de tratamiento digital de la imagen, por lo que podría comprar las pantallas en Corea o en China y mejorarlas. También Sony lleva años sosteniendo que sus televisores son mejores gracias a su tecnología aunque ha dejado hace lustros de fabricar pantallas. La realidad es que la actividad de Sony en televisión se mueve en el filo de la navaja, lo que cuestiona el futuro de su división de electrónica de consumo. Como probablemente le pasará ahora a Panasonic.

El objetivo de facturar 10 billones de yenes en 2018, año del centenario, parece abandonado aunque no se diga. Panasonic se contentaría con que sus fuertes inversiones en tecnologías de futuro, ligadas sobre todo a la eficiencia energética y a las TI compensen el eclipse de la televisión. Aunque lo que le ocurrió en energía fotovoltaica tras la compra de los activos de Sanyo no invita al optimismo. Corea del Sur y China han demostrado que tienen la capacidad productiva y financiera para liderar los nuevos mercados masivos en los que Panasonic tiene puestos sus ojos.

[informe de Lluís Alonso]


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