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  3/12/2012

ARM contra Intel, una batalla diferente

La estadística de ventas de servidores, conocida estos días y que este blog analizará muy pronto, presenta un rasgo interesante más allá de las subidas o bajadas en el ranking. Y es que los cambios en el mercado están determinados por una distinta naturaleza de los servidores, impulsada por la generalización del cloud computing y por el peso comprador de los grandes proveedores de servicios, llámense Google, Facebook, Amazon, etc. Estos, en sus centros de datos, adoptan nuevos diseños en los que el bajo consumo de energía y la optimización son más importantes que la potencia del procesador. En consecuencia, la supremacía que Intel ha ejercido durante décadas, ya no está garantizada.

Warren East
Warren East

Durante años se ha etiquetado a ARM – equívocamente, para quien conozca sus orígenes relacionados con la tecnología RISC- como compañía especializada en el diseño de procesadores para smartphones. Así es, por un calculado modelo de negocio, gracias al cual los fabricantes que han licenciado su arquitectura han dominado ese mercado en una medida que incluso es superior a la que Intel disfruta en el de los PC y los servidores. Esta división del mundo ya no se sostiene, porque las dos compañías aspiran a meterse en el corral de la otra. Conviene no dejarse llevar por la aparente simetría de la batalla.

A finales de octubre, ARM anunció una nueva serie – por ahora dos – de procesadores para instrucciones de 64 bits, que no estarán disponibles hasta 2014 pero que ya cuentan con media docena de candidatos a licenciar sus diseños y/o instrucciones. El llamado Cortex-A57, de alto rendimiento, no disimula su pretensión de equipar servidores; el segundo, Cortex-A53, tiene las mismas capacidades que el anterior pero con más eficiencia energética; lo peculiar es que ambos podrían combinarse en función de los requisitos de la carga de trabajo. ARM ha encontrado un nombre original para esta fórmula: big.LITTLE.

Según las presentaciones conocidas, la serie A-50 puede aportar el triple de performance que sus procesadores actuales manteniendo su promesa de eficiencia energética. Este criterio, que parecía centrado en los smartphones, ha pasado a ser un requisito de los centros de datos modernos.

Uno de los primeros en apuntarse a la lista de espera de licenciatarios de la serie A50 ha sido AMD, que prevé lanzar un procesador Opteron basado en la arquitectura ARM, en lugar de la x86 que ha seguido históricamente. Una empresa pionera, Calxeda – que tiene un acuerdo con HP y empezó con una inyección de capital de la propia ARM – está en la carrera, además de otros socios habituales de la británica: Broadcom, Samsung y STMicro.

Warren East, CEO de ARM, está convencido de que, desde el punto de vista del diseño arquitectónico, su empresa se ha puesto por delante de Intel, pero reconoce que no podría alcanzar una cuota del 20% de ese mercado, incógnito para ella, antes del 2020 por lo menos. El razonamiento de East es inteligible: ese porcentaje podría provenir de los grandes proveedores de servicios cloud, grandes compradores de servidores y muy sensibles al argumento energético. A lo largo de su vida útil, el 50% del coste de un centro de datos corresponde a la factura de electricidad; por tanto, bajar el consumo de los servidores es una prioridad para ellos, que tienen recursos para configurar los servidores a su medida, pero no para encomendar la fabricación de los chips que llevan dentro. ARM tiene una propuesta para que ese segmento de mercado se deje seducir por su planteamiento.

Desde luego, Intel no ignora nada de lo anterior. Sigue una orientación similar, sólo que no por ello va a renunciar a su propia arquitectura x86. Un ejemplo es el desarrollo de Haswell, que consume 8w de potencia, en un terreno que parecía más propio de ARM. Se fabricará con tecnología de 22nm, que hoy por hoy nadie puede igualar, y se espera que salga al mercado bastante antes que los futuros chips de ARM. Parece obvio que nadie espera que Intel reincida, en los rentables mercados que controla, en las torpezas cometidas durante el mandato de Paul Otellini en lo que respecta a los smartphones.

Intel cuenta con una ventaja: los gestores de centros de datos no son en absoluto proclives a saltar en el vacío, y esto les hace preferir servidores HP, IBM, Dell, etc, que combinan procesadores de Intel con unos servicios y soporte rodados, en lugar de prestar oídos al canto de sirena de una tecnología que todavía tiene que dar pruebas de solvencia. Esta es la razón por la que la estrategia de ARM – y de los fabricantes afines – apunta a los proveedores de servicios cloud, a los que les basta una arquitectura simplificada siempre y cuando les aporte un menor consumo de energía. Piénsese en los miles y miles de servidores que añaden estas compañías, y se entenderá por qué el viento está cambiando en el mercado.


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