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  16/09/2019

El envite de Google que Huawei no esperaba

Al regresar de un viaje a China, Thomas Friedman, veterano columnista del New York Times, escribe que Huawei tiene un plan para que Donald Trump ponga fin al veto que le impide comerciar con empresas estadounidenses. Si lo dice Friedman – que tuvo el privilegio de entrevistar a solas a Ren Zhengfei, fundador de la compañía –  por algo será. Entretanto, este jueves está previsto un acontecimiento insólito: Huawei presentará su nuevo smartphone Mate 30 en el que no podrá integrar los servicios de Google asociados al sistema operativo Android. Por esto, salvo sorpresas, los analistas auguran que las ventas de este dispositivo en los mercados occidentales estarán condenadas al fracaso.

Richard Yu

Y aun así, Huawei sigue adelante. La noticia resume el callejón en que se encuentra un conflicto que perjudica a todas las partes involucradas. A la  empresa proscrita como a sus proveedores estadounidenses, vinculados por una cadena de suministro que tardarían años en reconstruir. Si algo demuestra el episodio es el poder dominante – oligopólico – de Google sobre el mercado de smartphones pese a no estar entre las diez primeras marcas del mercado. Un poder que ejerce gracias a Android y a sus aplicaciones.

Está fuera de duda que Huawei tiene fuerzas para soportar un largo invierno de limitación de suministros, con capacidad para sustituirlos por otros de factura propia. Lo que se pone de manifiesto no es esa fortaleza sino dónde flaquea, en su dependencia de Google, de Android y de sus aplicaciones. La primera prueba de fuerza se verá con el Mate 30, modelo de alta gama destinado al mercado empresarial.

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Huawei ha ratificado la firmeza de su adhesión a Android, pero al mismo tiempo dejando trascender que podría recurrir a su propio sistema operativo, Harmony OS, si se viera obligada a ese extremo. El nombre será muy poético, pero el enredo es mayúsculo. Se trata de un desarrollo interno que data de por lo menos 2017, una plataforma que ya ha mostrado en gadgets de segundo rango. La idea de Huawei sería hacer el camino inverso al recorrido por Android: empezar por dispositivos IoT para más adelante saltar a los smartphones. ¿Cuánto más adelante? Seguramente le hubiera gustado tener más tiempo para explorar esa transición, pero la lista negra del departamento de Comercio no ha dejado opción a Google.

No cabe el truco legal de considerar el nuevo producto como una variante del anterior. Los modelos del P30, con acabados distintos, pueden seguir usando Android sin problemas por ser derivados de contratos anteriores, no así el Mate 30, que es un desarrollo completamente nuevo.

Habría más opciones: en la feria IFA de hace pocos días, se insistía en que Huawei podría tener acceso indirecto a la Play Store y a las aplicaciones centrales de Google. Según dijo Richard Yu, CEO de la división de dispositivos de Huawei, los usuarios que deseen esos servicios podrán instalarlos a partir de la tienda de aplicaciones. Si bien el proceso no es complicado, implica descargar un archivo APK, lo que puede echar atrás a cualquier usuario corriente, a menos que sea guiado por el software del terminal (lo que, dicho sea de paso, eximiría a Google de responsabilidad ante las autoridades de su país).

Otra alternativa con la que se ha especulado, la implantación de un Android “puro”, no sería viable. Sobre el papel, este sistema operativo es abierto, pero en la práctica Google se las ha arreglado para que todo fabricante pase por ventanilla. En teoría, negociar una licencia sobre esos servicios pudo haber sido una opción para Harmony. De hecho, cada vez que alguien ha descrito Harmony OS como una alternativa a Android, Huawei negaba ese extremo: prometía que estaría en televisores, relojes, coches y otros dispositivos; incluso en portátiles, en los que usa Windows, … pero no en smartphones. Hasta que cambiaron las tornas

De lo poco sabido sobre Harmony OS se sabe que su arquitectura de microkernel es muy ligera y está libre de herencias del kernel de Linux en el que se basa Android. La compañía asegura que su sistema operativo puede priorizar los recursos mejor que Android cuando dos aplicaciones o funciones compiten por ellos. Pero la verdad es que sin un ecosistema de aplicaciones, poco tiene que ofrecer. Por esta razón, el plan era optar por IoT como forma de educar a los desarrolladores y luego se vería. Desde un punto de vista formal, el calendario se mantiene: Harmony OS estará en una primera tanda de productos IoT durante 2020, llegaría en 2021 a los altavoces ´inteligentes` y en 2022 a las gafas de realidad virtual. No estaba previsto oficialmente que fuera a equipar smartphones .

El problema de ese esquema es que a Android le ha costado una década conseguir una integración fiable con GMS (Google Mobile Services) y lograr que su tienda de aplicaciones sea segura y abundante. El año pasado, Huawei gastó unos 70 millones de dólares para animar a los desarrolladores pioneros con su sistema operativo; ya ha anunciado que estos se quedarán con el 90% de los ingresos que generen (mientras que en Android Google les cede el 70%).

La idea de desarrollar un sistema operativo made in China no es nueva, en realidad. En 2012, el gigante del comercio electrónico Alibaba trabajó con el fabricante taiwanés Acer en el desarrollo de un smartphone que debería llevar un sistema operativo llamado Aliyun OS, pero no llegó a fructificar, entre otras cosas porque Google saboteó cualquier atisbo de compatibilidad. Al año siguiente, Huawei exploró la idea de usar Windows Phone en algunos modelos, pero pronto desistió ante la evidencia de que ni Microsoft estaba dispuesta a defender su continuidad.

La relación con Google se hizo más íntima a partir de 2015, cuando Huawei colaboró en el desarrollo del smartphone Nexus 6P, llegando a enviar temporalmente un centenar de ingenieros a Mountain View. Fue entonces cuando, como contrapartida, ambas compañías estudiaron la posibilidad de montar una versión china de Google Play preinstalada en los móviles de Huawei destinados a ese mercado y con servidores radicados en el país.

Más recientemente, las dos compañías colaboraron en el desarrollo de un altavoz ´inteligente` que bajo la marca Huawei sería una versión de Google Assistant – y que debería haberse presentado este mes en Berlín – pero ante las nuevas circunstancias políticas, el proyecto fue cancelado en mayo.

Tal como están las cosas, con cualquier nuevo sistema operativo, las apps  tardarán en llegar. Según ha sugerido la compañía, las aplicaciones existentes escritas para Android podrían exportarse a Harmony OS, con una condición, pasar por un entorno de desarrollo integrado (IDE) que Huawei todavía no ha presentado.

No a todos los desarrolladores les valdrá la pena pasar por ese proceso, al menos mientras no haya un parque de dispositivos que lo justifique. Cada aplicación de Android está programada con las APIs del sistema, así que cualquier código que aluda a la cámara, al micrófono, los sensores de huella o de proximidad tendrá que modificarse. Por no mencionar los  tamaños de pantalla, si Huawei abriera su OS – como parece ser su intención – a una variedad de dispositivos.

Donde no tendrá problemas para atraer desarrolladores es en China. Que las ventas de Huawei crecieron un 37% en su propio país durante el segundo trimestre, es en principio auspicioso. De todos modos, servicios como Gmail o YouTube están prohibidos en China, lo que no impide que globalmente Android equipe más del 90% de los smartphones que se venden en el país. En los mercados occidentales, los usuarios son reacios a cambiar de sistema operativo y, además, sobran móviles Android – la mayoría de marcas chinas –  entre los cuales elegir si les faltara Huawei.

Sin aplicaciones, nadie compra los dispositivos y si no hay quienes usen los dispositivos, los desarrolladores no se molestan en crearlas en el vacío. Richard Yu ha subrayado días atrás que, de no haber sido por el ataque de Trump, la marca pudo estar en condiciones de superar a Samsung este año; en la práctica Huawei está mentalizada para dejar de vender 60 millones de unidades, que no es poco.

Después de meses de acoso y cualquiera sea el supuesto plan que mencionaba Friedman, es impensable que Huawei se resigne en el futuro a seguir siendo tributaria de Android y volver a sufrir un descalabro comercial. Según informa Nikkei Asian Review, tiene más de 4.000 empleados desarrollando Harmony OS y un software propio que haría posible su compatibilidad con Android sin pedir permiso a Google. Asimismo, se espera la presentación en octubre de un servicio de mapas producido internamente.

Es tentador conjeturar qué harán los otros fabricantes chinos a la vista del  sistema operativo de Huawei. ¿Lo ignorarán para sacar provecho de su debilidad? ¿O buscarán un acuerdo para sumarse a la iniciativa? La perspectiva de ruptura con Huawei no es plato de gusto para Google. Cualquier síntoma de fragmentación del mercado iría en perjuicio de su negocio. Nótese que los próximos 1.000 millones de usuarios de Internet, que es como decir usuarios de móviles, viven en África, continente donde la hegemonía de las marcas chinas ya es casi completa.


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