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  11/03/2020

Intel se apunta a las infraestructuras 5G

Cae por su propio peso que Intel quiera ser un actor reconocible en el acceso a las redes 5G. Entendido aquí como la plataforma de intermediación entre los dispositivos de usuario y las redes de transporte de los operadores. Se necesitará una gran cantidad de chips para resolver las necesidades críticas de ancho de banda y velocidad de las estaciones base. Su propósito es que gran parte de las estaciones base ´propietarias`, las de  Ericsson, Nokia y ZTE, así como los que trabajan con estándares abiertos Open RAN, respalden sus chips como componente fundamental de sus equipos de acceso 5G. La competencia se presenta dura, pero Intel no suele conformarse con poco: aspira al 40% del mercado.

Naveen Shenoy

Naveen Shenoy, vicepresidente y director general del grupo de plataforma de datos de Intel, por tanto primer responsable de los productos de infraestructura de red de la compañía, asegura en un comunicado que el chip anunciado, Atom P5900, junto con la oferta que lo acompaña “abre una oportunidad de negocio de 25.000 millones de dólares”. Una cifra tan genérica produce perplejidad mientras no se expliquen sus alcances.

La meta es ciertamente ambiciosa: “ser líderes en el suministro de chips para estaciones base en 2021”. Este anuncio debía haber sido el plato fuerte de la presencia de Intel en el MWC, pero la cancelación forzosa del evento ha hecho aconsejable limitarlo a un comunicado.

En el texto, bastante escueto y que la prensa no ha tenido ocasión de contrastar, se afirma que Intel ya cuenta como futuros clientes a Ericsson, Nokia y ZTE para incorporar el Atom P5900 en una cantidad imprecisa de estaciones base 5G. El principal suministrador mundial de estaciones base, Huawei, no entra en la lista de potenciales clientes por una razón que no tiene que ver con las sanciones estadounidenses: fabrica sus propios chips a través de la filial Hi-Silicon. Pero tampoco aparece Samsung, que es autosuficiente en la fabricación de semiconductores y últimamente pugna por hacerse hueco en el mercado de redes 5G.

O sea que, dado que la cuota de Huawei se acerca al 40% y la de Samsung va creciendo, Intel tendría teóricamente disponible una oportunidad de negocio como máximo del 60%.

Para conseguirla tendrá que competir con los suministradores actuales de chips a esos grandes fabricantes: Marvell, Broadcom, así como Qualcomm, que no querrán perderse la fiesta. Precisamente, la estadounidense Marvell ha anunciado su familia de procesadores Octeon TX2 destinada a resolver los requerimientos de altas prestaciones de la infraestructura 5G. La clientela a la que se dirige son proveedores de servicios y productos de red y seguridad, incluyendo switches, routers, controladores inteligentes de red, firewall y… estaciones base. También este anuncio debía haber sido la estrella de Marvell en el MWC.

Pero es que Marvell acaba de firmar un contrato con Nokia para ayudar a esta con los problemas de competitividad de sus productos de acceso radio Airscale y a potenciar los chipsets que la compañía finlandesa vende con su marca ReefShark. No es Marvell un gigante comparable a Intel, pero tampoco es desdeñable: facturó casi 3.000 millones de dólares el año pasado y un acuerdo estratégico con Nokia le asegura credibilidad. Por consiguiente, no es aventurado pensar que no será un paseo para Intel su intención de dominar el mercado RAN en 5G.

La RAN (Radio Access Network) representa un segmento de negocio apetecible, hasta ahora controlado por un puñado de fabricantes de equipos, con protocolos cerrados [o ´propietarios`, adjetivo perezoso pero corriente]. Son, con más motivo en este momento, el núcleo fundamental de las comunicaciones móviles. La señal del emisor va del Smartphone a la antena más próxima y, por la red de transporte, a la estación de base más próxima al receptor, siguiendo luego la ruta inversa hasta llegar por onda de radio al emisor original.

Esta descripción elemental se antoja necesaria como entremés: las redes móviles 5G pueden trabajar con distintas bandas de frecuencia (bajas, medias y altas) y en un futuro también por capas (mediante la técnica de slicing) aparte de plantear unos requisitos de velocidad y respuesta mucho más estrictos que las redes de generaciones anteriores. Esto, por fuerza, eleva el grado de complejidad de una estación base. Además, se tiende a que una de estas agrupe varias antenas e incluso se virtualice alojándose en una nube más o menos cercana. Por si fuera poco, muchos protocolos de comunicación de las redes de acceso serán abiertos a medida que se generalicen las llamadas Open RAN.

Por todo lo anterior, las estaciones base 5G van a jugar un papel esencial en las redes de acceso y en su comunicación con las redes de transporte y el resto de la infraestructura que los operadores están desplegando. Intel tiene una ventaja: el núcleo de proceso del Atom P590o se basa en la arquitectura x86, la misma con la que funcionan la gran mayoría de los ordenadores y servidores (así como los equipados por AMD). Por lo tanto, está muy introducida en las capas superiores de la infraestructura de telecomunicaciones con sus servidores Xeon, que crecientemente integran tareas de inteligencia artificial, así como en la de la infraestructura cloud, llamada a jugar un papel fundamental en la evolución de estas redes.

Si Intel consigue, como pretende, destacar en este mercado floreciente, x86 es una buena baza para la comunicación ´aguas arriba` con los servidores de la infraestructura de los operadores: redes de acceso y de transporte, troncales y centros de datos ´cloudificados`.

Desde luego, no es una recién llegada. Lleva muchos años invirtiendo recursos en el desarrollo de productos de telecomunicaciones y prestando atención a la progresión de la quinta generación. Por lo que no hay duda de que sus intenciones son serias. A mediados del año pasado, cuando vendió a Apple su división de módems, renunciando definitivamente así a fabricar chipsets para smartphones, retuvo los activos para desarrollar productos de red, que hacen posible el anuncio de Naveen Shenoy.

El momento elegido no podría ser más oportuno. El mercado de redes de acceso 5G y, en general, el de infraestructuras de telecomunicaciones, está agitado ante las nuevas perspectivas que ofrecen la inteligencia artificial, el procesamiento en la nube y la virtualización de las redes para responder a una explosión de demanda de tráfico de datos.

Por si fuera poco, los suministradores clásicos de software están ansiosos por explotar ese yacimiento, mientras los operadores tienen problemas para financiar sus despliegues mientras no encuentren un modelo de negocio que les asegure incrementar los precios y los ingresos.

La plataforma Atom P5900, ya anunciada en el CES de Las Vegas en enero con el nombre en código de Snow Ridge, está fabricada con reglas de 10 nanómetros y será el primer chipset específico de la marca para procesos de datos en las estaciones base 5G, además de gestionar y conducir los paquetes de datos a su destino. Aparte, Intel también ha anunciado su segunda generación del procesador Xeon Scalable – indicado para las redes troncales virtualizadas – y varios procesadores a medida para la aceleración de estas redes. De estos, que la compañía denomina eASIC, puede decirse que están a medio camino entre las redes lógicas programables (FPGA) y los procesadores semicustom conocidos por la sigla ASIC.

Con todo ello, Intel pretende estar en la cresta de la ola, acompañando el crecimiento del mercado de telecomunicaciones. Desde las estaciones base y el edge computing hasta las capas superiores de las redes troncales y de las plataformas en la nube. El 40% de cuota que declara como objetivo en 2021 es sólo una mínima parte de sus ambiciones, por otro lado necesarias para seguir creciendo en facturación. El estancamiento de sus líneas de negocio tradicionales, los precios a la baja y la fuerte caída de su acción desde el anuncio de resultados el 23 de enero – agravada luego por la crisis sanitaria – obligan a Intel a abandonar la así llamada ´zona de confort`.

[informe de Lluís Alonso]


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